Andy Muschietti siempre entendió el terror como una cuestión de punto de vista. En sus películas, los monstruos se insinúan, se mueven por el margen del encuadre, observan antes de atacar. Por eso no sorprende que en It: Welcome to Derry, el director argentino decida observar desde adentro. Su cameo en el episodio 3 –una aparición fugaz– es algo más que un gesto para fanáticos: es una declaración estética.
La escena ocurre en 1908, durante el flashback ambientado en la feria que precede al incendio de la Herrería Kitchener. Un niño se asoma a una carpa con el cartel “Human Freaks”. Dentro, el aire está cubierto de polvo y el sonido del piano se mezcla con las risas de fondo. En un rincón, un hombre fuma y toca las teclas con desdén. Cuando el chico se detiene a mirar, el pianista gira la cabeza, lo dice con un “muévete” y suelta una carcajada seca. El hombre es Andy Muschietti.

El hombre del piano: El cameo de Andy Muschietti en It: Welcome to Derry
El cameo de Andy Muschietti en Welcome to Derry dura apenas unos segundos, pero la secuencia forma parte de la exploración inicial del miedo: un niño que entra en un laberinto de espejos, un músico que representa la autoridad del adulto, un gesto de burla que anticipa la risa del payaso.
La feria, con su atmósfera entre lo festivo y lo cruel, es el primer escenario donde Derry muestra su doble cara. Y el pianista, interpretado por el propio director, es quien marca el tono: el sonido de las teclas se convierte en una pista auditiva que conecta el presente con el pasado. Los acordes reaparecen en la banda sonora cada vez que Pennywise se aproxima. Muschietti, al ocupar el rol del pianista, encarna el papel del narrador que da ritmo al miedo.
Autorretrato en clave de terror
El cartel de la carpa –Human Freaks– resume toda la tradición del horror como espectáculo. Desde Freaks (1932) de Tod Browning hasta las ferias victorianas donde se exhibían cuerpos deformes, el miedo siempre tuvo algo de voyeur.
Muschietti inserta su cameo en ese linaje, ubicándose dentro del dispositivo que explora: el artista que manipula la mirada del público.
El niño que observa al pianista es, en cierto modo, el espectador de Welcome to Derry. Entra curioso, sin saber qué encontrará, y el director lo invita –o lo obliga– a seguir avanzando.
Como hizo Alfred Hitchcock en Los Pájaros o M. Night Shyamalan en Señales, Muschietti usa el cameo como autorretrato. Pero, a diferencia de ellos, no aparece como figura externa a la historia, sino como parte del mecanismo del miedo.
Su personaje no tiene nombre ni función narrativa, pero su breve interacción con el niño lo sitúa en la cadena causal que llevará al incendio de 1908, el primer despertar moderno de Pennywise, el ciclo que desarrollará la temporada 3 de Welcome to Derry.
En ese sentido, el director se inscribe dentro del origen del mal: se reconoce como testigo y, al mismo tiempo, como creador. La escena parece decir que cada historia de Derry empieza con un acto de mirada –alguien que observa y sonríe.
El cameo de Welcome to Derry no es el primero del director en el universo It. En Capítulo Dos (2019), Muschietti aparece brevemente como cliente de la farmacia Keene, durante una secuencia con Eddie Kaspbrak.
A diferencia de aquel, este nuevo cameo tiene una intención más simbólica. No está escondido entre los extras ni sirve como simple guiño para fans: está en el corazón del mito. La feria de 1908 es el momento fundacional del mal en Derry, y Muschietti elige ubicarse justo allí, como si quisiera reclamar su lugar en la genealogía del miedo. Porque el terror, más que un fenómeno sobrenatural, es una construcción cultural. Y Muschietti aparece como quien lo fabrica, el artesano detrás de la ilusión.

Cameo, firma y continuidad
La aparición del director también dialoga con la construcción de un universo interconectado. Así como Dick Hallorann enlaza Welcome to Derry con El Resplandor, Hank Grogan con The Shawshank Redemption y Juniper Hill con La Tienda (Needful Things), el cameo de Muschietti une las películas con la serie en un plano metanarrativo.
Es la mirada del creador que atraviesa su propia historia. Una forma de recordar al espectador que, detrás de los monstruos, siempre hay un narrador que decide cuándo mirar y cuándo apartar la cámara.
La serie de HBO no solo amplía el canon de King: también amplía el de sus propios intérpretes. Andy Muschietti, como Hitchcock en su tiempo, entiende que el autor de terror no puede permanecer invisible. Porque el pianista desaparece, pero su música seguirá sonando: la melodía del miedo que, en Derry, nunca deja de tocar.
DISPONIBLE EN HBO MAX.




