Nuremberg: Douglas Kelley y la historia real detrás de la película

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La película Nuremberg, protagonizada por Russell Crowe y Rami Malek, reconstruye el trabajo del doctor Douglas Kelley, quien entrevistó a 22 jerarcas nazis antes de los juicios de 1946.

Entre noviembre de 1945 y abril de 1946, el psiquiatra del ejército estadounidense Douglas Kelley pasó cientos de horas encerrado con los líderes del Tercer Reich. Su tarea: determinar si estaban en condiciones de ser juzgados y evitar que se quitaran la vida antes del proceso. Nuremberg, la nueva película dirigida por James Vanderbilt y protagonizada por Rami Malek y Russell Crowe, reconstruye ese período y plantea una pregunta que sigue vigente: ¿el mal tiene origen psiquiátrico o es una construcción moral?

Kelley llegó a Europa como médico militar especializado en tratar lo que décadas después se llamaría estrés postraumático. Atendía soldados en hospitales de campaña y los preparaba para volver al frente. Cuando los Aliados capturaron a los principales responsables del régimen nazi, el ejército le asignó una misión distinta: evaluar psicológicamente a 22 detenidos que serían juzgados por el Tribunal Militar Internacional. Adolf Hitler ya se había suicidado el 30 de abril de 1945, así que la figura central era Hermann Göring, el segundo hombre más poderoso del nazismo.

El psiquiatra trabajó junto a Howard Triest, un soldado judío estadounidense que actuaba como traductor. Triest había crecido en Alemania nazi; cuando sus padres consiguieron una sola visa para Estados Unidos, lo enviaron a él. Sus padres murieron en el Holocausto. Esa dinámica –un médico estadounidense y un sobreviviente indirecto del genocidio interrogando a sus responsables– está en el centro de Nuremberg, aunque la película toma libertades narrativas que conviene separar de los hechos.

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Rami Malek como Douglas Kelley en Núremberg (2025)

Nuremberg: Douglas Kelley y la historia real del psiquiatra que evaluó a los nazis

Kelley aplicó tres técnicas principales durante sus entrevistas. Primero, utilizó el test de Rorschach, presentando manchas de tinta a los acusados y registrando sus interpretaciones. Nuremberg recrea este momento con crudeza: un jerarca nazi dice ver “una vagina judía”; Göring ve sangre. También empleó el Test de Apercepción Temática, en el que mostraba fotografías o ilustraciones y pedía a los detenidos que construyeran una historia a partir de la imagen. Finalmente, les administró pruebas de coeficiente intelectual.

Además de estos protocolos, Kelley realizaba trucos de magia con los prisioneros. Según Jack El-Hai, autor del libro que inspiró la película –The Nazi and the Psychiatrist: Hermann Göring, Dr. Douglas M. Kelley, and a Fatal Meeting of Minds at the End of WWII–, el psiquiatra creía que estos trucos generaban confianza y facilitaban las conversaciones. El objetivo declarado por Kelley, tal como lo expresa el personaje de Malek en la película, era definir psicológicamente el mal para evitar que algo similar volviera a ocurrir.

Otro psiquiatra trabajaba simultáneamente en el mismo proyecto: Gustav Gilbert, interpretado por Colin Hanks en Nuremberg. Gilbert utilizaba las mismas técnicas pero llegó a conclusiones opuestas. Propuso a Kelley escribir un libro conjunto, pero la colaboración fracasó porque sus diagnósticos eran incompatibles. La película añade una pelea física entre ambos que nunca ocurrió.

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Russell Crowe como Hermann Göring en Nuremberg

Las conclusiones de Kelley sobre los líderes nazis

Los resultados de las evaluaciones fueron claros en términos cognitivos: los acusados tenían coeficientes intelectuales promedio o superiores al promedio. Kelley los describió como trabajadores obsesivos y oportunistas dispuestos a pasar por encima de la mitad del país para someter a la otra mitad, según la paráfrasis de El-Hai. No encontró trastornos psiquiátricos graves. Göring resultó ser una persona altamente inteligente, imaginativa y extremadamente narcisista, centrado constantemente en sí mismo. En la película, el personaje de Russell Crowe dice: “Ningún hombre me ha vencido jamás”. Kelley no le diagnosticó ninguna enfermedad mental seria.

Esta conclusión tenía implicaciones éticas fundamentales. Si los líderes nazis hubieran sido diagnosticados como enfermos mentales o monstruos, habrían quedado eximidos de responsabilidad moral por sus actos. Un monstruo no elige, simplemente actúa según su naturaleza. Kelley sostenía que estos hombres habían tomado decisiones conscientes y debían responder por ellas. “Me gusta la idea de responsabilizarlos por sus actos”, dice El-Hai al explicar la posición del psiquiatra.

La película Nuremberg se toma libertades significativas con la cronología. Muestra a Kelley siendo despedido por filtrar información a una periodista ficticia sobre la supuesta debilidad de la fiscalía frente a Göring. En realidad, Kelley fue ascendido y regresó a Estados Unidos antes de que Göring testificara, por lo que no estuvo presente en la sala durante el juicio ni se reunió con él después, como sugiere el filme. Sin embargo, su evaluación psicológica sí ayudó a la fiscalía a preparar interrogatorios más precisos. Para el final del proceso quedó demostrado que Göring conocía perfectamente el Holocausto, las atrocidades en los campos de exterminio y los crímenes de guerra contra civiles.

Göring fue sentenciado a muerte pero se suicidó con cianuro el 15 de octubre de 1946, horas antes de su ejecución. Nunca quedó claro cómo obtuvo las píldoras, aunque una teoría señala que un guardia se las proporcionó.

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Douglas Kelley, el psiquiatra de Nuremberg (2025)

Dougls Kelley y el legado de una tesis rechazada

Kelley escribió un libro sobre su experiencia, Twenty-Two Cells in Nuremberg, y comenzó a dar conferencias en Estados Unidos. Advertía sobre la presencia de personas con características similares a los nazis en la sociedad estadounidense, pensando principalmente en los segregacionistas del sur. Llegó a proponer que cualquier candidato a un cargo político se sometiera a exámenes psiquiátricos obligatorios.

El libro de Gilbert, en cambio, tuvo mucho más éxito comercial. Como muestra el final de Nuremberg, su tesis ofrecía consuelo: Gilbert concluía que los nazis eran un grupo psiquiátricamente enfermo. Después de años de guerra y de un juicio prolongado, el público quería creer que ese tipo de comportamiento había quedado atrás. La conclusión de Gilbert permitía pensar que el problema estaba resuelto, que los monstruos habían sido identificados y castigados.

La tesis de Kelley era más perturbadora: estas personas siempre han estado entre nosotros y siempre lo estarán. Ni la guerra ni los juicios eliminarían a individuos con personalidades dentro del rango normal pero capaces de cometer atrocidades masivas. La pregunta que dejaba su trabajo era práctica y sin respuesta fácil: ¿qué haremos al respecto?

En 1958, atravesando problemas matrimoniales y alcoholismo, Douglas Kelley se suicidó ingiriendo polvo de cianuro. El mismo método que había usado Hermann Göring doce años antes.

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