Muerte Por Un Rayo: La historia real detrás de la serie de Netflix

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Basada en hechos reales, Muerte Por Un Rayo revive el asesinato del presidente James Garfield y revela cómo un crimen político del siglo XIX anticipó la violencia del presente.

La historia real detrás de Muerte Por Un Rayo comienza con un presidente que nunca quiso serlo y un hombre que creyó merecerlo todo. En 1880, el Congreso Republicano de Chicago se encontraba dividido entre tres candidatos: John Sherman, James Blaine y el presidente Ulysses S. Grant, que buscaba un tercer mandato. En medio de ese empate, un orador llamado James Garfield –entonces un congresista y granjero de Ohio– fue invitado a hablar en nombre de Sherman. Su discurso fue tan convincente que, tras 36 votaciones, los delegados terminaron eligiéndolo a él. Sin proponérselo, Garfield se convirtió en el vigésimo presidente de los Estados Unidos.

Esa improvisada candidatura, que parecía un episodio anecdótico, marcaría uno de los capítulos más extraños y trágicos de la historia política norteamericana. Cuatro meses después de asumir el cargo, Garfield sería asesinado por Charles Guiteau, un personaje que la historia oficial relegó al pie de página pero cuya locura condensaba muchas de las tensiones del país. Esta es la historia real de Muerte Por Un Rayo, la miniserie de Netflix que revive el asesinato del líder progresista y explora la mente desequilibrada del hombre que creyó salvar a la nación con una bala.

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Michael Shannon como James Garfield en Muerte Por Un Rayo de Netflix

Muerte Por Un Rayo: La historia real de James Garfield

La vida de James Garfield (interpretado por Michael Shannon en Muerte Por Un Rayo) parecía una parábola sobre la posibilidad del mérito. Nacido en 1831 en una granja cerca de Cleveland, quedó huérfano de padre a los dos años y fue criado por una madre pobre que insistía en la educación como salvación. Mientras estudiaba en el Western Reserve Eclectic Institute –hoy Hiram College–trabajó como conserje para poder pagar sus clases, y más tarde se trasladó a Williams College, donde se graduó con honores.

A los 27 años ya era presidente del instituto donde había trabajado como empleado, además de pastor y senador estatal. Durante la Guerra Civil, se unió al Ejército de la Unión y alcanzó el rango de general más joven en el frente. Su carrera política fue igual de vertiginosa: fue elegido para el Congreso en 1863 y permaneció allí durante ocho mandatos consecutivos.

Garfield era un republicano progresista, defensor de la educación pública y de los derechos civiles de los afroamericanos. Impulsó la creación del Departamento Federal de Educación, apoyó las enmiendas constitucionales que abolieron la esclavitud y garantizaban el voto negro, y llegó a presentar ante el Congreso una prueba original del teorema de Pitágoras. Creía que la función del Estado era moral, no económica, y que el mérito debía reemplazar al clientelismo. Su carrera encarnaba, como pocas, el ideal de la república meritocrática que Estados Unidos proclamaba ser.

Muerte Por Un Rayo: La historia real de Charles Guiteau

Charles Guiteau (interpretado por Matthew Macfadyen en Muerte Por Un Rayo) era el reverso exacto de ese ideal. Nacido en 1841 en Illinois, fue un autodidacta delirante, abogado sin clientes, predicador sin fieles y escritor sin lectores. Su biografía parece una secuencia de fracasos personales justificados por una autopercepción mesiánica. Intentó integrarse en una comuna espiritual llamada Oneida, donde predicaban el amor libre, pero fue expulsado por negarse a trabajar. Cambiaba de ciudad cada vez que las deudas o las estafas lo alcanzaban.

Cuando escuchó el discurso de Garfield en la convención de 1880, creyó encontrar un nuevo destino. Se convenció de que su apoyo había sido decisivo para la victoria y comenzó una campaña obsesiva para obtener un puesto en la administración. Su delirio más persistente fue que, por su apellido francés, debía ser embajador en Francia, un país con el que no tenía ninguna relación.

Como muestra Muerte Por Un Rayo, durante meses acosó a políticos y secretarios, enviando cartas y solicitando audiencias. Llegó incluso a visitar la Casa Blanca durante los “calling hours”, los encuentros abiertos del presidente con los ciudadanos. Nadie lo tomaba en serio. Finalmente, cuando todos sus pedidos fueron rechazados, algo se quebró. Guiteau convenció a su mente de que el país necesitaba un cambio de liderazgo y que asesinar a Garfield sería un acto patriótico: creía que Chester Arthur (Nick Offerman), el vicepresidente, le daría un cargo como recompensa.

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Matthew Macfadyen como Charles Guiteau en Muerte Por Un Rayo de Netflix

Muerte Por Un Rayo y el asesinato en la estación

El episodio final de Muerte por un Rayo se centra en el 2 de julio de 1881, apenas cuatro meses después de asumir la presidencia, cuando Garfield se dirigía con sus hijos a la estación Baltimore and Potomac, en Washington, para viajar a Massachusetts. Iba acompañado por su secretario de Estado, James Blaine. Guiteau lo esperó en el andén, armado con un revólver British Bulldog de mango de marfil que había elegido por su “belleza de museo”. Cuando Garfield pasó a su lado, le disparó por la espalda dos veces.

El presidente cayó herido, pero no murió en el acto. Las balas no habían afectado órganos vitales, y su muerte, en realidad, fue el resultado de los tratamientos médicos que siguieron. En una época en la que la asepsia no era una práctica extendida, los médicos introdujeron sus dedos y sondas sin esterilizar para buscar la bala, provocando una infección generalizada. Garfield agonizó durante 79 días. Murió el 19 de septiembre de 1881, a los 49 años.

Guiteau no intentó huir. Fue arrestado en el acto, proclamando: “Lo hice. Chester Arthur será presidente. ¡La República está salvada!”. Estaba convencido de que había cumplido un mandato divino y de que el nuevo gobierno lo absolvería. En su juicio, su comportamiento fue un espectáculo grotesco: interrumpía a los abogados, cantaba himnos religiosos y dictaba poemas sobre su grandeza. El jurado lo declaró culpable y fue ahorcado el 30 de junio de 1882.

La presidencia de Garfield

La presidencia de Garfield fue demasiado breve para dejar una marca legislativa profunda, pero su asesinato desencadenó una transformación crucial en la administración pública. Durante décadas, el sistema político estadounidense se había sostenido sobre la llamada “spoils system”: los puestos públicos se otorgaban como recompensa a los aliados del partido ganador. Garfield había comenzado a promover una reforma que reemplazara ese mecanismo por un sistema de méritos.

Después de su muerte, su sucesor –el mismo Chester Arthur que Guiteau creía su aliado– se convirtió en el inesperado promotor de esa causa. En 1883 firmó la Pendleton Act, la ley de reforma del servicio civil que estableció exámenes para acceder a los cargos públicos. Fue el fin, al menos formal, del patronazgo político como estructura de poder.

Muerte Por Un Rayo: El asesinato que marcó la política de Estados Unidos

Candice Millard, autora del libro Destiny of the Republic, en el que se basa Muerte Por Un Rayo, describe a Guiteau como un hombre “consumido por la ilusión del mérito sin mérito alguno”. Esa frase resume el corazón simbólico de la historia. El asesino y su víctima representan dos versiones de un mismo mito: la fe en el éxito individual como prueba moral. Garfield encarna su versión virtuosa –la del esfuerzo, la educación y la inteligencia–; Guiteau, su degeneración, la del derecho sin esfuerzo, la ambición sin sustancia.

El creador de Muerte Por Un Rayo, Mike Makowsky, lo sintetizó con claridad: “Guiteau sentía una alienación profunda, una sensación de desplazamiento social que lo llevó a cometer el acto más atroz imaginable. La serie busca entender las raíces de esa violencia política”. En esa lectura, el crimen de 1881 no es solo un hecho del pasado, sino un espejo de las frustraciones contemporáneas: el resentimiento de quienes se sienten excluidos del sueño que la nación promete pero no cumple.

La historia de Garfield y Guiteau es, al mismo tiempo, una tragedia personal y una parábola sobre el país. La muerte del presidente, más que una pérdida política, fue un trauma simbólico: el derrumbe del ideal meritocrático frente a la irracionalidad. Y sin embargo, su legado sobrevivió en forma de reforma, en la decisión de institucionalizar la competencia justa que él había defendido.

Guiteau, por su parte, quedó como una figura marginal, un loco útil que permitió a la sociedad sentirse cuerda. Pero su perfil –el hombre mediocre convencido de ser un genio incomprendido– sigue siendo reconocible en la cultura estadounidense, desde los conspiracionistas hasta los fanáticos políticos. Su crimen inauguró una forma moderna de violencia: la del individuo que exige ser escuchado a cualquier precio.

En Muerte Por Un Rayo, Makowsky elige mostrar ese vínculo entre el delirio y el sistema. No filma solo un asesinato, sino la estructura que lo hizo posible: una nación construida sobre la fe en el individuo y condenada, por esa misma fe, a producir sus propios verdugos.

James Garfield vivió solo seis meses como presidente, pero su biografía resume el tránsito de una nación joven que aún creía en la virtud como motor político. Su muerte fue una advertencia temprana de lo que vendría: el ascenso de la demagogia, la fragilidad institucional, el choque entre mérito y resentimiento. Charles Guiteau, el hombre que lo mató, fue su opuesto y su consecuencia.

Un siglo y medio después, el disparo de Guiteau sigue resonando no por su brutalidad, sino por lo que reveló: la grieta entre la ilusión del sueño americano y la realidad de quienes quedan fuera de él. Muerte Por Un Rayo reconstruye ese momento con fidelidad y sentido histórico, pero también como lo que fue desde el principio: una historia de fe, locura y poder en un país que nunca dejó de creer en sí mismo, incluso cuando empezaba a destruirse.

DISPONIBLE EN NETFLIX.

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