Euphoria: Un réquiem por Nate Jacobs

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La muerte de Nate Jacobs en Euphoria marca el cierre definitivo del personaje más violento y magnético de la serie. Un final excesivo, cruel y coherente con el universo de Sam Levinson.

Había algo inevitable en el destino de Nate Jacobs. Durante años, Euphoria lo convirtió en algo más que un villano. Nate nunca fue solamente el quarterback psicópata de una secundaria californiana; era el heredero natural de una genealogía enferma. Un chico criado entre cintas pornográficas clandestinas, secretos paternos y un modelo de virilidad construido sobre la represión. Para Sam Levinson el trauma adolescente no era la droga, ni el sexo, ni siquiera la violencia explícita: era la masculinidad como sistema de control.

Nate Jacobs era muchas cosas –abusivo, violento, aterrador– pero sobre todo era energía narrativa pura. Rue (Zendaya) puede autodestruirse y encontrar a Dios; Cassie (Sydney Sweeney) puede llorar frente a un espejo durante veinte minutos; Jules (Hunter Schafer) puede desaparecer episodios enteros. Pero Nate era movimiento. Era Dionisio. Era un metro noventa y seis de entropía suburbana. Durante tres temporadas, Jacob Elordi lo interpretó como si fuese un arma emocional cargada. Y las armas, tarde o temprano, se disparan.

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La muerte de Nate Jacobs en el episodio 7 de la temporada 3 de Euphoria

Qué significa la muerte de Nate Jacobs en Euphoria

Por eso la muerte de Nate Jacobs en la temporada 3 de Euphoria tenía que ser excesiva. No podía terminar preso, llorando en rehabilitación o pronunciando un monólogo de redención. Debía morir como mueren los monstruos en las grandes historias: enterrado en el desierto, atrapado en un ataúd, mordido por una serpiente. Una muerte tan psicodélica que bordea lo operístico. Levinson evita el realismo y prefiere el western bíblico pasado de ketamina.

Euphoria convierte el final de Nate Jacobs en teatro de la crueldad. El chico que manipulaba a todos termina atrapado en una caja, golpeando madera como un animal desesperado. Hay un arco deliberado en cómo Levinson desmonta al personaje durante la temporada 3: primero le quita autoridad, después inteligencia, después misterio, hasta dejar apenas un cuerpo castigado.

Nate fue durante tres temporadas el agujero negro de Euphoria. Absorbía todo: el deseo de Maddy (Alexa Demie), la fragilidad de Cassie, la identidad de Jules, el miedo de su padre, Cal Jacobs (Eric Dane). Había episodios enteros donde los demás personajes solo mostraban las secuelas de la onda expansiva que Nate dejaba detrás suyo. Jacob Elordi interpretó a Nate como un cuerpo demasiado grande para el mundo que habitaba. Un depredador emocional incapaz de respirar sin destruir todo a su alrededor.

Por momentos, Euphoria pareció sugerir que Nate podría haber sido otra persona bajo otras circunstancias. Pero la serie nunca cayó en el discurso terapéutico contemporáneo donde todo monstruo es apenas un niño herido. El trauma explica, pero no absuelve.

La temporada 3 de Euphoria introdujo pequeñas grietas de vulnerabilidad. Le quitó poder. En lugar del abusador narcisista de los primeros años, apareció un Nate mutilado, golpeado, endeudado, reducido a un depredador acorralado. La serie comenzó a tratarlo menos como amenaza y más como residuo tóxico de una masculinidad obsoleta. Ahí aparece la diferencia entre el Nate del comienzo y el Nate final: antes controlaba el caos; ahora el caos lo devora a él.

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Jacob Elordi como Nate Jacobs en Euphoria

Euphoria: La serpiente en el ataúd y otras formas del absurdo norteamericano

Enterrarlo vivo –la pesadilla con la que Quentin Tarantino homenajeó la película holandesa Spoorloos en Kill Bill– funciona porque es literal y simbólica al mismo tiempo. Nate pasa sus últimos episodios atrapado dentro de estructuras masculinas que ya no puede sostener: la violencia económica, el crimen organizado, la humillación física, la imposibilidad de amar sin poseer. El ataúd es simplemente la forma visual definitiva de ese encierro. Un sarcófago construido con todas las decisiones que tomó desde el piloto.

Y entonces llega la serpiente.

La serpiente es un detalle que convierte su muerte en una especie de castigo mitológico. Levinson abandona cualquier lógica naturalista y entra de lleno en el territorio de la alegoría norteamericana. El desierto, la caja de madera, la respiración agónica, el reptil venenoso entrando por el agujero de aire. La escena tiene algo enfermo y hermoso. Nate no muere como héroe. Tampoco aprende nada. No hay revelación final. No hay perdón. Muere aterrorizado, hinchado por el veneno: el último residuo tóxico del sueño americano. El quarterback perfecto convertido en basura biológica.

Después de Nate Jacobs queda un vacío extraño. Como una fiesta horrible donde todos la pasan mal pero nadie quuierea irse primero. Euphoria elimina a su criatura más tóxica y quizás descubra, demasiado tarde, que también era la más viva.

DISPONIBLE EN HBO Y HBO MAX.

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