La reinvención de Euphoria: Sam Levinson y el western en 65mm de la temporada 3

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Sam Levinson redefine la estética de Euphoria en su temporada 3, apostando por el formato de 65mm y una narrativa visual inspirada en el western clásico.

El regreso de Euphoria con su temporada 3 no es solo un salto temporal en la vida de sus protagonistas; es una mutación radical en su ADN visual. Tras años de experimentación con el color y la textura de la memoria, Sam Levinson y su director de fotografía, Marcell Rév, han decidido que la complacencia es el enemigo. Bajo la premisa de “evolucionar o morir”, la producción ha dejado atrás el enfoque subjetivo de las primeras entregas para situar a sus personajes en un entorno más vasto, crudo y, paradójicamente, más objetivo.

Esta evolución responde a una necesidad narrativa. Si las dos primeras temporadas se sentían como el registro eléctrico y neón de una juventud en fuga, la temporada 3 de Euphoria busca una perspectiva más distante. Levinson lo explica así: “Queríamos dar un paso atrás para tener encuadres más amplios y sentir a nuestros personajes dentro del mundo exterior”. Ese “mundo exterior” ya no es la claustrofobia de los pasillos de la preparatoria, sino un escenario donde las decisiones tienen un peso definitivo y las consecuencias son imposibles de ignorar.

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Zendaya como Rue en la temporada 3 de Euphoria

El lenguaje del western en la temporada 3 de Euphoria

La gran sorpresa de la temporada 3 de Euphoria es su conexión estética con el western. No se trata de un cambio de género hacia los caballos y los duelos al sol, sino de adoptar la gramática visual de los forajidos y la frontera. Levinson encontró en este género la metáfora perfecta para el estado actual de sus personajes: “Se fusionó con el lugar donde estarían nuestros personajes en este momento. Están en el mundo grande y malo, y tienen total libertad. Pueden elegir quiénes quieren ser… pero al mismo tiempo, tienen que lidiar con las consecuencias”.

Esta atmósfera de “fuera de la ley” se manifiesta de forma explícita desde la primera secuencia de la temporada. En ella, Rue (Zendaya) aparece en su nueva realidad como mula de drogas en la frontera. La cámara abandona el primer plano asfixiante para capturarla contra la inmensidad del paisaje, utilizando composiciones que remiten a los grandes clásicos del cine fronterizo. Para los creadores, había algo “muy potente” en apoyarse en esta iconografía para narrar la pérdida de la inocencia y la búsqueda de redención en un mundo que ya no los protege.

La decisión de rodar en este estilo no fue solo una elección de encuadre, sino de técnica pura. La búsqueda de un enfoque más clásico llevó al equipo a alejarse del dinamismo digital para buscar composiciones más pacientes y el uso de luces de tungsteno, creando una atmósfera que se siente histórica y contemporánea al mismo tiempo.

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Sydney Sweeney en la temporada 3 de Euphoria

La temporada 3 de Euphoria y la revolución técnica de los 65mm

Si algo distingue a la temporada 3 de Euphoria de cualquier otra producción televisiva actual es la elección del soporte: los 65mm. Es la primera vez que una serie de televisión se filma íntegramente con este stock de película, un formato reservado habitualmente para las superproducciones de directores como Christopher Nolan o Quentin Tarantino. Lo que comenzó como un experimento para algunas tomas específicas terminó devorando toda la producción.

Originalmente, Levinson y Marcell Rév planeaban rodar en 35mm anamórfico, pero durante las pruebas de formato grande para una secuencia específica, los resultados fueron tan impactantes que no pudieron volver atrás. Según relata el creador: “Habíamos hablado con HBO sobre hacer solo las tomas amplias en 65mm… y después de los primeros días, dijimos: ‘Bueno, ¿por qué no rodamos este primer plano con los 65mm?’. Y simplemente empezamos a rodar más y más con los 65”.

El uso de este celuloide de gran formato aporta una profundidad y una claridad que el digital no puede replicar. Cada poro de la piel, cada partícula de polvo en el paisaje y cada sombra en la mirada de los actores adquiere una dimensión física. Para Rév, el cambio era necesario para no “aburrirse” y para seguir desafiando los límites de lo que se considera lenguaje televisivo. El resultado es una obra que exige ser vista en la pantalla más grande posible, transformando el drama juvenil en una epopeya visual que busca perdurar más allá de la tendencia inmediata.

El compromiso con el celuloide es total. Tras haber experimentado con el Ektachrome en la segunda temporada para evocar una sensación de recuerdo que se desvanece, esta vez la apuesta es por la permanencia. Al trabajar con Kodak en nuevos stocks de película, Euphoria se posiciona no solo como un éxito de audiencia, sino como un bastión de la cinematografía tradicional en la era del algoritmo. La serie nos invita a mirar a sus protagonistas menos como adolescentes en crisis que como figuras trágicas atrapadas en la inmensidad de un mundo que, finalmente, se ha vuelto demasiado grande para ellos.

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