Crítica La Odisea: Christopher Nolan y la invención de la culpa

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Entre el mito clásico y el drama psicológico, La Odisea convierte el regreso de Ulises en una exploración sobre la culpa, la memoria y el precio de la inteligencia.

La guerra nunca termina cuando cae la última ciudad: sigue ocurriendo en los hombres que vuelven. La Odisea (The Odissey), la nueva película de Christopher Nolan, adapta el poema fundacional de Homero desde una obsesión que atraviesa toda su filmografía: el regreso como una forma del fracaso. Después de conquistar Troya, Ulises inicia el viaje hacia Ítaca. En el camino encuentra monstruos, tempestades, hechiceras y dioses, pero también algo más difícil de atravesar: la conciencia de haber sobrevivido a una guerra que no debía ganarse.

La Odisea insiste sobre una pregunta que Nolan viene formulando desde hace veinte años: ¿qué ocurre cuando el hombre más brillante de una generación comprende que su talento produjo una devastación imposible de reparar? En Oppenheimer la respuesta llegaba con el nacimiento de la era nuclear. En La Odisea, con el caballo de Troya. El invento que debía terminar una guerra inaugura otra mucho más extensa, una guerra que ya no se libra entre ciudades sino dentro del protagonista.

Por eso el viaje tiene espesor psicológico. Cada isla funciona como una memoria deformada. Cada encuentro obliga a revisar lo que Ulises hizo en nombre de una causa colectiva. Es un náufrago de su propio ingenio, un estratega militar que sospecha que el caballo de madera con el que saqueó Troya rompió para siempre los cimientos éticos de la civilización. Ítaca deja de ser un lugar físico para convertirse en la imagen de una vida anterior que probablemente ya no exista.

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Matt Damon como Ulises en La Odisea de Christopher Nolan

La Odisea (2026): Ulises, o el fin del héroe

La trama de La Odisea es una crónica sobre la paciencia y la erosión del tiempo. En los confines de la isla de Ogigia, Calipso (Charlize Theron) cuida a un náufrago sin memoria: Ulises (Matt Damon). En Ítaca, su esposa Penélope (Anne Hathaway) sostiene un trono vacío frente a una manada de pretendientes liderada por Antínoo (Robert Pattinson). Ante la inminencia del desastre, el joven Telémaco (Tom Holland) emprende un viaje desesperado hacia Esparta en busca de respuestas sobre su padre desaparecido.

Nolan adapta con relativa fidelidad los grandes episodios de La Odisea, pero traduce lo divino en pura mecánica humana. Atenea (Zendaya) aparece como una sombra que puede ser una diosa o puede ser la culpa de Ulises disfrazada de compañía. Polifemo, Circe, las sirenas, Escila o el descenso al inframundo aparecen menos como pruebas heroicas que como estaciones de un hombre que intenta encontrar una explicación racional allí donde Homero proponía la intervención de los dioses. La mitología es el decorado; el drama pertenece a los hombres.

Ulises camina como alguien que todavía escucha los gritos de Troya detrás del ruido del mar. Ya no es el aventurero que atravesó siglos de literatura, sino un comandante exhausto que carga sobre el cuerpo el costo de cada decisión tomada durante la guerra. La inteligencia sigue siendo su arma, pero cada estrategia exitosa parece traer consecuencias irreversibles.

La estructura fragmentada de La Odisea vuelve a demostrar que Nolan sigue siendo el gran arquitecto narrativo del cine contemporáneo. Los tiempos se superponen, los recuerdos corrigen escenas anteriores y el relato avanza reconstruyendo la identidad de un hombre que ya no puede distinguir con claridad entre lo vivido, lo recordado y lo que preferiría olvidar.

Penélope vive atrapada entre la esperanza y el resentimiento. En veinte años de espera, la distancia dejó de ser una prueba de amor para convertirse en una forma lenta de abandono. Por eso La Odisea deja de preguntarse qué clase de hombre consigue volver a casa y empieza a preguntarse si todavía existe un hogar al que regresar. La guerra destruye ciudades, pero también destruye el lenguaje con el que esas ciudades podían reconocerse. Ulises descubre que ninguna victoria puede devolver el pasado, sino que es una oportunidad para vivir entre sus escombros.

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Tom Holland como Telémaco en La Odisea de Christopher Nolan

La Odisea: La guerra según Christopher Nolan

El destino es, en el fondo, una decisión tomada demasiado tarde para arrepentirse a tiempo. Ulises tardó veinte años en volver a Ítaca porque antes necesitaba terminar de inventar la razón por la que iba a valer la pena la espera. Puede que ese haya sido, desde siempre, el verdadero arte del narrador: convencer a los demás de que la demora también es una forma de llegar.

Después de dos décadas filmando hombres que intentan controlar el tiempo, alterar el destino o comprender las consecuencias de sus propios actos, Christopher Nolan construye una catedral épica para contar de nuevo la historia más vieja que Occidente sabe contarse a sí mismo. En un tiempo que ha olvidado la paciencia, contemplar este viaje exige aceptar que la única patria verdadera es aquella que se destruye al intentar alcanzarla.

Tráiler de la película:

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Sebastián Valle

Sebastián Valle es Licenciado en Periodismo (TEA y Universidad CAECE). Vive en Buenos Aires. Trabaja en el área cultural desde 2007. Publicó en medios nacionales como Página/12 y en medios independientes como Mutis x el Foro, Zona 11, Pulp Fiction Cine y Revista Hush. Es crítico de cine y televisión y director editorial de Plano Americano. Alumno de toda la vida de Tom Wolfe, Martín Caparrós y J. Hoberman. Tiene la sospechosa capacidad de citar a Borges aunque esté escribiendo un artículo sobre Emily en París. Contacto: sebastianvalle@planoamericano.com

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