Cuando comienza El Caballero de los Siete Reinos (A Knight of the Seven Kingdoms), Ser Arlan de Pennytree está muerto. Aun así, su figura organiza el comienzo del relato. Dunk avanza por Ashford Meadow hablando de él, repitiendo su nombre, defendiendo su memoria frente a señores que no lo reconocen. El episodio 2 de la serie confirma lo que el primero apenas sugería: Arlan no dejó victorias, títulos ni descendencia. Lo que dejó fue un escudero y una forma imperfecta de entender la caballería.
El Caballero de los Siete Reinos presenta a Arlan como un caballero errante sin prestigio. Sirvió a distintas casas, participó en torneos menores y envejeció sin acumular honores. Nadie lo recuerda cuando Dunk intenta que lo validen porque los códigos de la caballería borra el fracaso y tolera la mediocridad solo mientras permanece invisible.

Ser Arlan de Pennytree en los libros de George R.R. Martin
George R. R. Martin construyó a Ser Arlan (Danny Webb) desde ese lugar. En El Caballero Errante (The Hedge Knight), aparece en recuerdos fragmentarios, siempre filtrados por la mirada de Dunk. El texto evita ennoblecerlo. Era bebedor, frecuentaba burdeles y tenía dificultades para sostener vínculos duraderos. Resultaba amable en el trato cotidiano, pero carecía de la ambición y la disciplina necesarias para dejar marca.
El episodio 2 de El Caballero de los Siete Reinos profundiza esa lectura. Dunk (Peter Claffey) empieza a admitir que su maestro no fue el caballero que imaginaba. Cada rechazo, cada puerta cerrada, cada señor que frunce el ceño ante el nombre de Arlan obliga a Dunk a reformular su relato. El legado que intenta defender carece de pruebas externas. Solo existe en su memoria.
Ese vacío convierte a Ser Arlan en una figura excéntrica dentro del universo de la serie. La narrativa de Westeros privilegia linajes, hazañas y gestos públicos. Arlan no encaja en ninguna de esas categorías. Su fracaso no fue trágico ni heroico. Fue silencioso, prolongado, socialmente irrelevante.
La relación entre Arlan y Dunk funciona como transmisión defectuosa. Dunk aprendió a luchar, a montar y a sobrevivir. También aprendió hábitos poco edificantes. La caballería que encarna carece de pulido simbólico. Dunk no sabe hablar con nobles, no maneja códigos de corte y no entiende las reglas implícitas del torneo. Ese desajuste proviene de una formación incompleta, heredada de alguien que nunca terminó de pertenecer.
Baelor Targaryen (Bertie Carvel) recuerda a Arlan no por sus logros, sino por su conducta. Un caballero errante que participó en un torneo menor y que, aun derrotado, se comportó con corrección. El gesto no lo convierte en figura póstuma relevante. Permite que Dunk siga adelante. Arlan comenzará a funcionar más como antecedente que como modelo a seguir.

El papel de Ser Arlan en El Caballero de los Siete Reinos
El episodio 2 de El Caballero de los Siete Reinos introduce un matiz clave cuando Dunk recuerda que Arlan “nunca se deshonró”. Esa frase delimita el alcance del legado. No fue un gran caballero, pero tampoco un impostor. Cumplió con un mínimo ético en un sistema que suele confundir honor con éxito. La serie coloca esa vara baja menos como consuelo que como punto de partida.
En los libros, esa ambigüedad es central. Martin evita redimir a Arlan mediante revelaciones tardías. El personaje permanece pequeño, incluso después de muerto. Esa decisión narrativa desplaza el foco hacia Dunk. El fracaso de Arlan obliga a su escudero a construir algo propio. El legado no es un conjunto de instrucciones claras, sino una carga que debe reinterpretarse.
El episodio 2 de El Caballero de los Siete Reinos subraya esa carga cuando Dunk vende el caballo de Arlan para poder competir. La herencia material se sacrifica para obtener una oportunidad futura. Arlan queda reducido a materia prima, fundido para dar forma a otra cosa.

El Caballero de los Siete Reinos: Ser Arlan de Pennytree, Dunk y el peso del fracaso
La figura de Ser Arlan de Pennytree también permite leer el sistema desde abajo. Westeros está lleno de caballeros como él, hombres que cumplieron funciones menores sin ingresar al relato oficial. La historia del reino se escribe sin ellos. Dunk camina entre esos restos, intentando inscribirse en un orden que nunca tuvo lugar para su maestro.
El fracaso de Arlan adquiere así un valor estructural. Expone las condiciones de acceso al prestigio y los mecanismos de exclusión. La caballería aparece menos como ideal moral que como dispositivo de reconocimiento social. Quien no deja marca desaparece. La serie no discute esa lógica; la muestra en funcionamiento.
Dunk empieza a comprenderlo al final del episodio. La decepción respecto de Arlan no deriva menos en rechazo que en una decisión. El legado ya no puede sostenerse en la idealización sino que debe transformarse en proyecto propio. Dunk asume que representará a Arlan ante un mundo que lo olvidó, pero lo hará desde otro lugar.
Ser Arlan de Pennytree no funciona como ejemplo a seguir sino como origen defectuoso. Su vida marca el punto desde el cual Dunk necesita desviarse. El fracaso, en ese sentido, no clausura sino que transmite una tarea pendiente.
El Caballero de los Siete Reinos utiliza a Ser Arlan para desmontar la épica desde adentro. La serie no convierte su anonimato en tragedia ni en romanticismo. Lo presenta como parte constitutiva del mundo que narra. Westeros se sostiene sobre figuras como Arlan, aunque solo recuerde a quienes lograron imponerse. Dunk carga con ese resto. A partir de ahí, todo lo que haga será respuesta al legado del fracaso.
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