El final de El Caballero de los Siete Reinos (The Knight of the Seven Kingdoms) elige una escena mínima para abrir una discusión histórica. Dunk y Egg abandonan Ashford después del Juicio de Siete. Dunk piensa en rutas posibles: cualquier lugar dentro de los Siete Reinos. Egg lo corrige.
–Nueve –dice.
Dunk reacciona como cualquiera en Westeros: el reino tiene siete partes. Lo sabe un campesino del Dominio y lo sabe un maestre en Antigua. El propio título de la serie lo reafirma. Sin embargo, Egg enumera con precisión: las Tierras de la Corona, el Occidente, las Tierras de la Tormenta, las Tierras de los Ríos, las Islas del Hierro, el Norte, el Dominio, el Valle de Arryn y Dorne. Nueve.
El error no es de Dunk (Peter Claffey) ni de Egg (Dexter Sol Ansell). Es del lenguaje. “Siete Reinos” es una fórmula que sobrevivió a la Conquista. Cuando Dunk la pronuncia al final de El Caballero de los Siete Reinos, habla como habla el pueblo. Egg, en cambio, responde desde el archivo. No habla desde un lugar de superioridad sino desde rigor: el reino que heredó su casa ya no coincide con el número que lo nombra.
La escena funciona como broma y como lección. También como síntesis del tipo de educación que recibió Aegon Targaryen: rigurosa, histórica, atenta a los matices que la simplificación borra. Dunk conoce el mundo por experiencia; Egg lo conoce por genealogía y mapas. Entre ambos se traza una diferencia de formación que El Caballero de los Siete Reinos convierte en amistad.

De siete a nueve reinos: Cómo se reconfiguró el mapa de Westeros tras la Conquista
La fórmula “Siete Reinos” precede al dominio Targaryen. Cuando Aegon I Targaryen inició la Conquista, Westeros estaba dividido en siete entidades políticas independientes: el Reino del Norte, el Reino de la Montaña y el Valle, el Reino de las Islas y los Ríos, el Reino de la Roca, el Reino del Dominio, el Reino de las Tierras de la Tormenta y Dorne.
Esa estructura inicial explica el número tradicional. Sin embargo, el mapa cambió después de la unificación bajo el Trono de Hierro.
El antiguo Reino de las Islas y los Ríos se fragmentó. Las Islas del Hierro conservaron su identidad bajo los Greyjoy, mientras que las Tierras de los Ríos pasaron a constituirse como una región diferenciada. A su vez, el territorio que rodea Desembarco del Rey –la capital fundada por Aegon tras la Conquista– quedó bajo administración directa de la corona. Así nacieron las Tierras de la Corona, una unidad política inexistente antes del dominio Targaryen.
Otros nombres también se ajustaron con el tiempo. El Reino de la Roca pasó a ser conocido como el Occidente (Westerlands). El Reino de la Montaña y el Valle quedó reducido a la denominación de Valle de Arryn. El Dominio y las Tierras de la Tormenta mantuvieron su identidad territorial, aunque ya integrados en una estructura feudal más amplia.
Si se enumeran las divisiones administrativas vigentes en tiempos de Dunk y Egg, el resultado es el que menciona el joven príncipe: nueve.
El número siete, entonces, funciona como reliquia histórica y como marca simbólica. Remite a la tradición anterior a la Conquista y, en términos religiosos, dialoga con la Fe de los Siete. El número nueve describe el orden político real del reino unificado. La diferencia es social: Egg habla desde la lógica administrativa de la monarquía Targaryen; Dunk responde desde la costumbre.

El final de El Caballero de los Siete Reinos: Dunk, Egg y el mapa de Westeros
En el universo creado por George R. R. Martin, las palabras arrastran capas de historia. “Siete Reinos” persiste como expresión cultural incluso cuando el mapa la contradice. La serie recoge esa tensión en un intercambio ligero que, sin embargo, revela la educación del futuro Aegon V y su relación con el poder.
Hay también un matiz político. Dorne, por ejemplo, fue el último territorio en integrarse plenamente al reino bajo el reinado de Daeron II Targaryen, padre de Baelor y Maekar. La incorporación dorniense consolidó la estructura de nueve regiones bajo la autoridad del Trono de Hierro. Para un príncipe educado en ese contexto, el número siete resulta inexacto.
La escena final de El Caballero de los Siete Reinos añade un detalle irónico. Tras corregir a Dunk, Egg menciona que nunca ha cruzado las Montañas Rojas y que en Dorne hay buenos espectáculos de marionetas. La precisión histórica convive con la curiosidad infantil. El futuro rey combina erudición y deseo de experiencia. Ese equilibrio anticipa la figura de Aegon V: un monarca que conocerá el reino desde abajo antes de gobernarlo.
El Caballero de los Siete Reinos juega además con su propio título. Cuando la pantalla se funde en negro, el “Siete” es reemplazado por un “Nueve”. El efecto no corrige el nombre oficial de la serie sino que muestra la diferencia entre maestro y escudero, señala el trasfondo político de la Casa Targaryen y conecta la aventura íntima con el mapa entero de Westeros.
Dunk cabalga hacia el sur pensando en caminos posibles. Egg piensa en fronteras, en nombres, en la forma exacta del territorio que algún día podría gobernar. Entre ambos se dibuja una pedagogía mutua: uno aprende geografía histórica; el otro aprende el mundo real.
DISPONIBLE EN HBO Y HBO MAX.





