Desde su estreno, The Housemaid (La Empleada) se convirtió en una anomalía dentro del calendario comercial reciente. Sin campañas estridentes, la película avanzó semana a semana hasta ocupar un lugar central en la conversación sobre taquilla de 2025. Para Sydney Sweeney, el resultado tiene un peso concreto: no sólo supera sus registros previos como protagonista, sino que redefine su posición industrial después de una serie de estrenos fallidos.
El film dirigido por Paul Feig, basado en la novela de Freida McFadden, debutó sin liderar el ranking, pero encontró su fuerza en la constancia. A diferencia de otros títulos que dependen de un primer fin de semana fuerte, The Housemaid mostró descensos mínimos y una progresión sostenida, una dinámica cada vez menos frecuente en el cine comercial contemporáneo.
Ese recorrido silencioso explica por qué su desempeño terminó siendo leído como una corrección de rumbo más que como un golpe de suerte aislado. En un mercado dominado por franquicias y propiedades preexistentes, la película logró instalarse como un thriller adulto rentable, con impacto real en la carrera de su actriz principal.

La taquilla de The Housemaid dentro del recorrido comercial de Sydney Sweeney
A finales de su cuarto fin de semana en cartel, The Housemaid alcanzó los 192,5 millones de dólares a nivel mundial. De ese total, 94,15 millones corresponden al mercado doméstico y 98,35 millones a la recaudación internacional, todavía en proceso de expansión en varios territorios. Para un proyecto con un presupuesto estimado de 35 millones, la cifra representa algo más que un éxito: confirma una relación costo-beneficio poco habitual en el contexto actual.
Ese rendimiento adquiere un peso particular cuando se lo compara con el recorrido previo de Sydney Sweeney en salas. Hasta ahora, su mayor éxito comercial como protagonista había sido Anyone But You (2023), una comedia romántica que superó los 218 millones de dólares a nivel global, aunque con un perfil muy distinto: fuerte empuje inicial, alta dependencia del marketing y una fórmula de pareja diseñada para el consumo rápido. The Housemaid, en cambio, la ubica en otro registro, con un crecimiento progresivo y una permanencia más prolongada.
El contraste es todavía más marcado si se consideran sus estrenos inmediatamente anteriores. En 2025, Sweeney encabezó Americana, Eden y Christy, tres proyectos que no lograron sostenerse en taquilla pese a una presencia destacada en festivales o un recorrido posterior en plataformas. En esos casos, su nombre no alcanzó para compensar propuestas de alcance limitado o estrategias de distribución poco claras. The Housemaid interrumpe esa secuencia con un desempeño que no depende de un evento puntual, sino de la acumulación de semanas.
En su etapa previa, Sweeney había construido visibilidad principalmente desde roles secundarios en títulos de alto impacto cultural y comercial. Once Upon a Time… in Hollywood (2019) y Madame Web (2024) la expusieron a públicos amplios, aunque sin convertirla en un factor determinante para la taquilla. Algo similar ocurrió con Reality, donde el peso recaía más en el concepto o el dispositivo narrativo que en la figura de la actriz como ancla comercial.
Lo que The Housemaid introduce es una síntesis distinta: Sweeney ocupa el centro del relato, pero dentro de una estructura que no se apoya exclusivamente en su imagen pública. La comparación con sus trabajos previos muestra un desplazamiento gradual desde la actriz reconocible hacia una intérprete capaz de sostener un proyecto comercial durante varias semanas, incluso sin dominar el ranking en su estreno.
Ese recorrido comparativo permite leer la película no como un pico aislado, sino como un punto de reordenamiento dentro de una filmografía todavía en construcción. The Housemaid no borra los tropiezos recientes ni replica el modelo de la comedia romántica exitosa, pero establece una tercera vía: una película de presupuesto medio, con ambición comercial moderada y una actriz que empieza a medir su peso real en taquilla.
| Película | Año | Recaudación mundial |
|---|---|---|
| The Housemaid | 2025 | $192,600,851 |
| Anyone But You | 2023 | $220,332,985 |
| Madame Web | 2024 | $100,498,764 |
| Immaculate | 2024 | $34,853,031 |
| Christy | 2025 | $1,981,962 |
| Eden | 2025 | $2,811,540 |
| Americana | 2025 | No disponible / muy baja |
| Reality | 2023 | $1,417,622 M |
El contexto industrial detrás del éxito de The Housemaid
El desempeño de The Housemaid adquiere otra dimensión cuando se lo inscribe en el recorrido reciente de Sydney Sweeney. Durante 2025, la actriz estrenó Americana, Eden y Christy, títulos que no lograron sostenerse en salas pese a una recepción posterior más favorable en plataformas. Ese contraste había empezado a instalar la idea de un desajuste entre visibilidad mediática y rendimiento comercial.
La película de Paul Feig interrumpió esa lectura. No lo hizo a través de una reinvención autoral ni de un cambio radical de imagen, sino mediante una elección de material con estructura clara y expectativas bien calibradas. La novela original contaba con una base de lectores sólida y un relato diseñado para administrar giros sin depender de una sola revelación central.
Desde el punto de vista del estudio, Lionsgate jugó un papel decisivo. Su estrategia de preventas internacionales permitió reducir el umbral real de recuperación de inversión, haciendo que la película ingresara en terreno positivo mucho antes de alcanzar los grandes titulares de recaudación. Esa estructura financiera explica por qué el film empezó a generar beneficios cuando todavía no había alcanzado cifras de blockbuster.
También es relevante el posicionamiento de Paul Feig. Conocido principalmente por su trabajo en la comedia, el director ya había explorado el thriller con A Simple Favor, aunque sin llegar a estos números. The Housemaid no sólo supera aquel registro, sino que se convierte en su mayor éxito fuera del terreno estrictamente cómico, ampliando su perfil dentro de la industria.

The Housemaid: Proyección, secuela y lectura a futuro
El éxito comercial abrió la puerta a una continuación, algo que no estaba garantizado en las etapas iniciales del proyecto. La novela de McFadden cuenta con secuelas literarias, pero la adaptación cinematográfica dependía de un desempeño que justificara su expansión como franquicia. Con los números actuales, esa duda quedó despejada.
Más allá de la confirmación de una secuela, The Housemaid deja una enseñanza más amplia para el mercado. Su recorrido demuestra que el thriller adulto, sin apoyarse en universos compartidos ni en efectos de alto presupuesto, puede seguir encontrando público si la propuesta está bien calibrada y el lanzamiento acompaña.
Para Sydney Sweeney, el impacto no se mide sólo en cifras acumuladas. La película reconfigura su perfil industrial, alejándolo de la dependencia exclusiva de la comedia romántica y ampliando el rango de proyectos viables en términos comerciales. En un escenario donde la sobreexposición no siempre se traduce en taquilla, The Housemaid funciona como un caso de estudio sobre cómo un proyecto medido puede generar un efecto correctivo real dentro de una carrera en movimiento.




