Star Wars atraviesa un cambio estructural en Lucasfilm que pone fin a una de las gestiones más extensas y discutidas de su historia reciente. Kathleen Kennedy deja el cargo de presidenta tras casi catorce años al frente del estudio, aunque no se desvincula del todo: continuará como productora de los próximos dos largometrajes cinematográficos de la saga, The Mandalorian and Grogu y Star Wars: Starfighter. A partir de ahora, la conducción del estudio quedará en manos de un esquema compartido entre Dave Filoni, como presidente y jefe creativo, y Lynwen Brennan, como copresidenta a cargo del negocio.
El movimiento no toma por sorpresa a la industria. La transición venía gestándose desde hacía al menos dos años y responde a una lógica ya aplicada por Disney en otras divisiones, como Pixar o Walt Disney Animation, donde la dirección creativa y la gestión empresarial se reparten entre dos figuras con perfiles diferenciados. En el caso de Lucasfilm, la decisión busca ordenar un período marcado por avances desparejos, proyectos anunciados que no llegaron a concretarse y una franquicia que alternó éxitos contundentes con signos de desgaste.
Kennedy asumió el control de Lucasfilm en 2012, poco antes de que Disney cerrara la compra del estudio por más de 4.000 millones de dólares. Su llegada coincidió con la necesidad de reactivar una marca que llevaba casi una década sin estrenos cinematográficos. El lanzamiento de Star Wars: El Despertar de la Fuerza en 2015 cumplió ese objetivo con creces, tanto en términos de taquilla como de impacto cultural, y marcó el inicio de una etapa de expansión acelerada que incluyó nuevas trilogías, películas derivadas, series de acción real, animación, videojuegos y experiencias inmersivas en parques temáticos.

Star Wars y el fin de la era Kathleen Kennedy
Durante su presidencia, Star Wars volvió a ocupar el centro de la conversación global. Cinco películas estrenadas entre 2015 y 2019 recaudaron cerca de 6.000 millones de dólares en todo el mundo. A ese ciclo pertenecen El Despertar de la Fuerza, Los Últimos Jedi, El Ascenso de Skywalker y Rogue One, además del caso particular de Solo: Una Historia de Star Wars, la única producción que no logró recuperar su inversión en salas.
La etapa no estuvo exenta de conflictos internos. Kennedy tomó decisiones drásticas durante rodajes avanzados, como el reemplazo de Phil Lord y Christopher Miller por Ron Howard en Solo, o la intervención sobre Rogue One, que derivó en una reconfiguración sustancial del proyecto con Tony Gilroy a cargo de nuevas filmaciones. En retrospectiva, algunas de esas decisiones resultaron productivas y otras alimentaron una narrativa de inestabilidad que acompañó a Lucasfilm durante buena parte de la década.
Tras el cierre de la trilogía de los Skywalker, Disney optó por frenar la producción cinematográfica de Star Wars. El propio Bob Iger reconoció que el ritmo de estrenos había sido excesivo. A partir de entonces, el foco se desplazó hacia la televisión, con resultados desiguales pero estratégicamente relevantes para el lanzamiento y la consolidación de Disney+.
En paralelo, la figura de Kennedy se mantuvo como un punto de tensión constante con sectores del público más ruidosos, que le atribuyeron decisiones creativas impopulares o cambios de rumbo percibidos como erráticos. Más allá de esas lecturas, su gestión dejó una estructura ampliada, un catálogo diverso y una franquicia que aprendió a operar en múltiples formatos de manera simultánea.

Star Wars bajo el mando creativo de Dave Filoni
El nombramiento de Dave Filoni como presidente y jefe creativo formaliza un rol que, en la práctica, ya venía ejerciendo desde hace años. Formado bajo la tutela directa de George Lucas, Filoni fue clave en la expansión del universo animado de Star Wars con The Clone Wars y Rebels, series que redefinieron el canon y construyeron una base de personajes y conflictos que luego migraron al formato de acción real.
Su asociación con Jon Favreau en The Mandalorian resultó decisiva para el regreso de Star Wars al primer plano cultural tras el paréntesis cinematográfico. La serie no solo impulsó la suscripción a Disney+, sino que estableció un modelo narrativo centrado en arcos más contenidos, personajes nuevos y una relación menos dependiente de la mitología central de la saga.
Ese enfoque tuvo continuidad en proyectos como Ahsoka, donde Filoni profundizó líneas narrativas iniciadas en la animación, con un nivel de detalle que dividió aguas entre espectadores familiarizados con ese recorrido previo y audiencias más ocasionales. Esa tensión entre profundidad interna y accesibilidad será uno de los desafíos centrales de su nueva función.
En el plano cinematográfico, Filoni figura como productor y guionista de The Mandalorian and Grogu, el film que marcará el regreso de Star Wars a las salas en 2026. Su ascenso consolida una visión autoral del universo, pero también plantea interrogantes sobre el equilibrio entre cohesión creativa y apertura a miradas externas, una cuestión recurrente en las discusiones sobre el futuro de la franquicia.

La estructura de Star Wars con Lynwen Brennan al frente del negocio
La designación de Lynwen Brennan como copresidenta aporta continuidad en un área menos visible pero decisiva. Brennan desarrolla su carrera en Lucasfilm desde finales de los años noventa y estuvo al frente de Industrial Light & Magic durante uno de los períodos de mayor expansión tecnológica del estudio. Bajo su gestión, ILM amplió su presencia global y consolidó su liderazgo en efectos visuales y soluciones de producción virtual.
En los últimos años, Brennan supervisó la estrategia comercial de Lucasfilm, incluyendo franquicias, operaciones y planificación de producción. Su rol será garantizar que el crecimiento creativo de Star Wars se articule con una estructura sostenible, en un contexto donde el negocio del entretenimiento atraviesa cambios profundos en sus modelos de distribución y consumo.
La separación formal entre creatividad y gestión responde a una lógica corporativa clara. Mientras Filoni define el rumbo narrativo y estético, Brennan se encargará de traducir esa visión en decisiones operativas, presupuestarias y de calendario. En teoría, el esquema permite reducir fricciones internas y ofrecer mayor previsibilidad a un estudio que, en los últimos años, acumuló anuncios prematuros y proyectos inconclusos.

Star Wars ante un nuevo ciclo de producción
Con la sucesión resuelta, Lucasfilm retoma una agenda que había quedado parcialmente congelada. Además de The Mandalorian and Grogu y Star Wars: Starfighter, dirigida por Shawn Levy, el estudio trabaja en una segunda temporada de Ahsoka y en nuevas producciones animadas como Maul: Shadow Lord. La reactivación del frente cinematográfico busca recuperar presencia en salas sin repetir la saturación del pasado.
La etapa que se abre no implica una ruptura abrupta con la gestión anterior. Filoni y Brennan forman parte de la estructura que Kennedy consolidó, y muchas de las decisiones estratégicas recientes se gestaron bajo su supervisión. Sin embargo, el cambio de liderazgo ofrece la oportunidad de redefinir prioridades, ajustar escalas y revisar la relación entre ambición creativa y expectativas del público.
Star Wars sigue siendo una de las propiedades intelectuales más reconocibles del cine contemporáneo, pero su peso simbólico también amplifica cada movimiento interno. El desafío para Lucasfilm será sostener una producción constante sin perder foco, en un ecosistema donde la atención se fragmenta y la nostalgia ya no garantiza adhesión automática.
La salida de Kathleen Kennedy cierra una etapa marcada por expansión, controversias y redefiniciones permanentes. La llegada de Filoni y Brennan inaugura un ciclo que apuesta por la continuidad interna y por una reorganización más clara de responsabilidades. El resultado de esa apuesta empezará a medirse en los próximos estrenos, cuando Star Wars vuelva a poner a prueba su capacidad de adaptación dentro de una industria que ya no funciona como en 2015.




