Crítica Valor Sentimental: Después de la ausencia

critica valor sentimental
En Valor Sentimental, Stellan Skarsgård y Renate Reinsve protagonizan un duelo silencioso sobre el abandono, la herencia del daño y los límites del arte como forma de reparación.

Valor Sentimental empieza donde muchas familias terminan: en una casa que quedó en pie cuando todo lo demás se desarmó. Joachim Trier vuelve a Oslo para filmar la historia de un padre que eligió irse y sus hijas que aprendieron a vivir sin respuestas. Lo que está en juego no es la reconciliación sino quién controla el relato del pasado. Una película sobre la distancia que hay entre el recuerdo y lo que realmente pasó, sobre el peso que le damos a los objetos y a las palabras para construir historias que nos permitan sobrevivir.

Entre el silencio y la puesta en escena, Valor Sentimental observa cómo el afecto se administra, cómo el daño se hereda y cómo el arte aparece como último refugio para quienes no supieron estar.

critica sentimental value
Renate Reinsve como Nora en Valor Sentimental

Valor Sentimental: Skarsgård, Reinsve y el arte de heredar ruinas

Gustav Borg (Stellan Skarsgård) vuelve a la vida de sus hijas después de quince años de silencio. Vuelve para el funeral de su ex esposa, pero sobre todo vuelve porque escribió un guion y necesita una actriz: su hija. Gustav no pide perdón. Ofrece trabajo. Cree el cine le dio derecho a no tener responsabilidades familiares. Llega con la arrogancia del artista que pasó décadas siendo reconocido y ahora descubre que el talento no sirve cuando tu hija te mira y ve un extraño.

Nora (Renate Reinsve) encarna la resistencia. Actriz de teatro, hija herida, cuerpo siempre a punto de desbordar, su personaje se define menos por lo que hace que por lo que se niega a hacer. Nora no quiere hablar, no quiere actuar en la película de su padre, no quiere revisar el pasado. Reinsve tiene esa capacidad de hacer que sus ojos comuniquen años de dolor acumulado, que cada sonrisa sugiera el resentimiento que hierve debajo de la piel.

Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas), la hermana menor, no odia a su padre: simplemente aprendió a no necesitarlo. Historiadora, madre, figura más estable, funciona como contrapeso narrativo y emocional. Agnes investiga el pasado familiar con método, no con furia. Su relación con la historia —con los archivos, con la memoria documentada— introduce una pregunta lateral: qué se recuerda, qué se oculta, qué se transforma en relato aceptable. Mientras Gustav ficcionaliza y Nora resiste, Agnes clasifica.

Valor Sentimental: Joachim Trier y el cine dentro del cine

Valor Sentimental es también una película sobre el cine mismo. Gustav filma para entender, para procesar, para convertir el trauma en narrativa. Trier filma para preguntarse si eso alcanza, si el arte puede realmente reparar o si es solo otra forma de evasión. El guion de Gustav es sobre su madre, una mujer que sobrevivió un campo de concentración nazi y se suicidó quince años después. Él nunca la conoció de verdad. Está haciendo una película sobre una desconocida para conectar con alguien que no entiende. Un círculo vicioso de ausencias.

Y entonces aparece Rachel Kemp (Elle Fanning). Estrella de Hollywood, actriz disciplinada, curiosa profesional del dolor ajeno. Rachel llega fascinada por la densidad emocional de la obra de Gustav. Quiere darle cuerpo al guion que escribió para su hija. Es entusiasta hasta la invasión, sincera hasta lo exasperante. Su intensidad es metódica: para ella, actuar es un proceso de investigación. El problema es que hay zonas a las que no se accede por acumulación de datos.

Rachel se aproxima al trauma de los Borg como quien estudia un idioma extranjero. Pregunta demasiado, escucha con atención, cree que el personaje se construye por inmersión. Se tiñe el pelo para parecerse a Nora, pero el gesto es menos mimético que revelador: puede copiar la superficie, nunca la experiencia. Frente a ella, Nora es lo opuesto. Hay experiencias que no se actúan. Se llevan como una segunda piel.

valor sentimental pelicula
Elle Fanning como Rachel Kemp en Valor Sentimental

Valor Sentimental: Recuerdos que mienten un poco

Trier y su coguionista Eskil Vogt construyen Valor Sentimental como una serie de encuentros fallidos. Conversaciones donde todo queda sin decir, gestos que llegan tarde, intentos de conexión que se estrellan contra el orgullo o el miedo. Gustav cree que el cine puede reparar lo que rompió. Nora sabe que no. Agnes observa desde la distancia. Rachel intenta entrar en una historia que no le pertenece. La casa es el único testigo permanente, el que sabe que el valor sentimental es el arte de disimular la agonía.

Valor Sentimental tiene ecos de Ibsen, de Chejov, de Bergman, pero Trier usa esas referencias para construir algo propio: un retrato de familia que es también un ensayo sobre la imposibilidad de comprenderse, sobre los límites del arte, sobre lo que hicimos con lo que nuestros padres hicieron de nosotros.

Trier entiende que las familias son construcciones frágiles sostenidas por mentiras piadosas y silencios negociados, que el amor no siempre es suficiente, que el arte puede iluminar pero no reparar. Valor Sentimental observa esos objetos cargados de falso significado y las emociones que no necesitan objetos para ser reales.

El valor sentimental es eso: el peso arbitrario que le damos a las cosas para que nuestras vidas tengan narrativa. A veces ese valor es real, ganado con sangre y tiempo. A veces es un taburete de IKEA al que le inventamos una historia trágica porque necesitamos que nuestro dolor tenga origen, fecha, objeto. La diferencia no importa. Lo que importa es que seguimos intentando darle sentido al caos, construyendo relatos que conviertan el desastre en algo que podamos soportar. Porque en definitiva, se narra para no desintegrarse.

Tráiler de la película:

NOTAS RELACIONADAS