Crítica Supergirl: La sobreviviente del fin del mundo

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Craig Gillespie adapta el cómic de Tom King para explorar a una Supergirl distinta de Superman: una refugiada kryptoniana que atraviesa el espacio cargando los fantasmas de un mundo desaparecido.

Supergirl (Milly Alcock) llega borracha. Después de casi 70 años de existir a la sombra de Superman, Kara Zor-El se tambalea entre planetas sórdidos, buscando soles rojos para perder los poderes y bares donde perder la conciencia. Mientras su primo dedica la vida a salvar el mundo, ella atraviesa la galaxia como una turista del desastre.

Porque Supergirl, la nueva película de DC, está construida alrededor de una pregunta que el personaje arrastra desde 1959: qué hacer con una sobreviviente cuando el mito ya encontró a su héroe.

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Milly Alcock en Supergirl

Supergirl y Superman: dos formas de sobrevivir a Krypton

Durante décadas, la respuesta fue sencilla. Supergirl era una versión femenina de Superman. Mismo origen, poderes, valores. Distinto peinado. El problema es que Kara siempre tuvo una historia más oscura que Clark. Él llegó a la Tierra siendo un bebé. Para Superman, Krypton es un mito. Para Supergirl es un recuerdo. Él heredó una tragedia. Ella la vio ocurrir.

Para Craig Gillespie y la guionista Ana Nogueira, ahí está la película. No tanto en los poderes o en los villanos. Ni siquiera en la construcción del nuevo universo compartido de DC (DCU). La historia empieza cuando una adolescente contempla la muerte de su mundo y descubre que sobrevivir también puede ser una forma de condena.

Por eso Supergirl funciona mejor cuando mira hacia atrás. Los fragmentos ambientados en Argo City contienen una densidad que el resto de la película olvida. Kara recuerda una ciudad condenada, unos padres condenados y una cultura condenada. Recuerda haber pertenecido a algún lugar. El exilio suele contarse como una historia de llegada. Supergirl elige contarlo como un duelo cosido a la piel.

La misión que pone en marcha la trama parece salida de otro género. Una niña llamada Ruthye (Eve Ridley) busca al hombre que asesinó a su familia. Kara acepta acompañarla a través de una sucesión de planetas fronterizos, criminales itinerantes y traficantes espaciales. La galaxia imaginada por Gillespie es menos una utopía futurista que una frontera en permanente estado de descomposición.

En el cómic Mujer del Mañana (Woman of Tomorrow) de Tom King, Supergirl podía funcionar como una pistolera errante atravesando territorios salvajes. La adaptación conserva esa estructura. Ruthye ocupa el lugar de la aprendiz obstinada. Kara el de la veterana que acumula más cicatrices que respuestas. Su tristeza aparece mezclada con torpeza, impulsividad y una notable incapacidad para tomar decisiones razonables. Tiene poderes capaces de alterar el equilibrio de un planeta y la estabilidad emocional de alguien que acaba de cumplir veintitrés años.

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Jason Momoa como Lobo en Supergirl

Supergirl: Milly Alcock y un western en los confines de la galaxia

Milly Alcock encuentra el pulso de esa contradicción. Su Kara conserva algo adolescente incluso cuando atraviesa sistemas solares enteros. Hay rabia, ironía, cansancio y cierta vulnerabilidad en momentos inesperados. Cada vez que la película amenaza con convertirla en símbolo, Alcock la devuelve al terreno de las personas.

Quizás por eso Superman aparece tan poco. David Corenswet interpreta una versión de Clark Kent que ya encontró su lugar en el mundo. Kara todavía está intentando entender cuál es el suyo. Juntos forman una pareja interesante porque representan dos respuestas opuestas frente a una misma tragedia histórica. Clark es el inmigrante perfectamente integrado. Kara sigue siendo extranjera en un mundo que no eligió.

Ruthye y Kara pertenecen a generaciones distintas, pero comparten la misma experiencia fundacional: la violencia. Una perdió a sus padres. La otra perdió una civilización completa. Ambas avanzan impulsadas por una pregunta elemental: qué hacer después.

Jason Momoa entra en la película como entraban los pistoleros extravagantes en los viejos westerns: hace ruido, provoca problemas y desaparece antes de volverse indispensable. Su Lobo es un mercenario, un animal de carretera interestelar. Donde Superman representa el ideal y Supergirl la pérdida, Lobo representa el caos. Y toda mitología necesita un salvaje en la frontera.

El villano, Krem (Matthias Schoenaerts), funciona menos como personaje que como fuerza narrativa. Importa poco quién es. Importa aquello que pone en movimiento. Su presencia obliga a Ruthye a confrontar los límites de la venganza y a Kara a enfrentarse con algo todavía más difícil: la posibilidad de ejercer compasión cuando la violencia parece estar plenamente justificada y cada decisión obliga a elegir entre castigo y justicia, entre reparación y revancha.

Allí aparece otro de los grandes temas de la película: la violencia masculina como sistema. Los Brigands son una estructura construida alrededor de la apropiación y el comercio de mujeres. El dato permanece flotando sobre cada planeta que visitan Kara y Ruthye, recordando que incluso en los confines de la galaxia algunos mecanismos sobreviven intactos.

La verdadera batalla de Kara nunca ocurre contra Krem ni contra los Brigands. Ocurre contra la tentación de convertir el dolor en identidad.

Superman construyó su vida alrededor de aquello que podía salvar. Supergirl todavía está aprendiendo a convivir con aquello que no pudo hacer. Y entre esas dos experiencias cabe toda la distancia que separa a un héroe de una sobreviviente.

Tráiler de la película:

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Apolina Bangs

Apolina Bangs es Licenciada en Periodismo Cultural y crítica de cine con base en Barcelona. Con una trayectoria consolidada en el análisis de tendencias globales de cine y streaming, colabora habitualmente en diversas publicaciones de cultura y artes visuales en Europa y Latinoamérica. Cuando no está consumiendo cantidades excesivas de cultura pop, Apolina lee: desde Bukowski a Cortázar, pasando por su amado Lester Bangs. Es crítica residente de Plano Americano y una incansable defensora del cine independiente. Contacto: apolinabangs@planoamericano.com

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