Crítica No Other Choice: Manual de supervivencia para el desempleo homicida

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Park Chan-wook convierte el desempleo en thriller de supervivencia. No Other Choice es una comedia negra sobre la masculinidad herida, la desesperación económica y la fractura moral del sistema.

Park Chan-wook vuelve a hacer lo que mejor sabe: construir laberintos morales donde la salida es también el precipicio. No Other Choice (La Única Opción) –su adaptación de la novela The Ax de Donald Westlake– transcurre en territorio del cineasta surcoreano: el de las obsesiones que corrompen, los planes que fallan, la violencia como lógica inevitable.

Esta vez el escenario es más prosaico que la torre donde alguien permanece encerrado por quince años o el jardín donde dos mujeres planean la estafa perfecta. Hay una fábrica de papel, un hombre que pierde su trabajo después de veinticinco años y una familia que debe entregar hasta los perros. Park toma ese material –el desempleo, la desesperación económica, la masculinidad fracturada– y lo convierte en comedia negra, en thriller de supervivencia laboral, en sátira sobre cómo el capitalismo nos hace competidores dispuestos a todo por conseguir un puesto.

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Lee Byung-hun como Man-su en No Other Choice

No Other Choice: El asesino sin talento para matar

La premisa de No Other Choice: Man-su (Lee Byung-hun) lo tenía todo y ahora no tiene nada. O peor: tiene deudas, tiene pánico, tiene un orgullo herido que sangra por dentro. Su plan es lógico dentro de su propio delirio: si hay cinco candidatos para el mismo puesto y él es uno de ellos, solo necesita eliminar a los otros cuatro. El problema es que Man-su no es un asesino profesional: es un ingeniero desempleado que improvisa con torpeza, que queda al borde del desmayo cuando tiene que apretar el gatillo, que limpia la sangre mientras su esposa lo llama por videollamada para preguntarle qué quiere cenar.

Lee Byung-hun (El Juego del Calamar, Concrete Utopia) construye un personaje extraordinario: el hombre común empujado al abismo. No es Tony Soprano ni Walter White, antihéroes con carisma de televisión premium. Es un tipo que hace las cosas sin estilo, sin grandeza, casi con vergüenza. Su actuación se mueve entre el patetismo y el terror y encuentra humanidad en el monstruo y monstruosidad en el humano: la banalidad absoluta del mal.

Las víctimas de Man-su son trabajadores como él: un veterano de la industria papelera casado con una actriz teatral excéntrica, un vendedor de zapatos nostálgico que habla con ternura del pasado cuando todos hacían papel juntos. Park les da humanidad, historias, familias. Man-su no está matando a sus enemigos sino a la versión alternativa de sí mismo, al fantasma de lo que pudo ser si las cartas caían de otra forma.

Son Ye-jin como Mi-ri es el contrapeso perfecto: pragmática donde él es obsesivo, estable donde él se desmorona. No es la esposa naif que descubre la verdad en el tercer acto. Ella sabe que algo anda mal, intuye que su marido está haciendo cosas horribles, pero decide no saber del todo porque la supervivencia familiar depende de que Man-su consiga ese trabajo. La diferencia entre ella y Man-su no es ética sino de método: él mata con sus manos, ella mata con su silencio.

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Lee Byung-hun como You Man-su en No Other Choice de Park chan-wook

No Other Choice: Park Chan-wook filma el apocalipsis laboral

Park filma con su habitual maestría visual, pero No Other Choice no persigue la elegancia formal de Decision to Leave ni el barroquismo de The Handmaiden. Trabaja con una estética más terrenal, analógica: vinilos viejos en la banda sonora, papeles por todas partes, un revólver de guerra heredado del padre veterano. El mundo del papel es el cadáver de un mundo que ya no existe.

Durante la primera hora, No Other Choice funciona como comedia obrera con asesinatos, como si los hermanos Coen hubieran leído El Capital para filmar su versión del materialismo dialéctico. Man-su falla, improvisa, sobrevive por suerte más que por habilidad. Pero lentamente la risa se vuelve incómoda, luego forzada, finalmente imposible. El último tramo abandona la ironía y se hunde en algo más oscuro: la certeza de que Man-su ya no puede detenerse, que ha interiorizado la lógica del sistema que lo destruyó. Ha aprendido demasiado bien la lección: en el capitalismo salvaje, sos depredador o terminás como presa.

No Other Choice no es solo una sátira sobre el desempleo ni una comedia negra sobre un tipo que se vuelve asesino serial. Es un tratado sobre cómo la violencia del capitalismo permea cada nivel de la existencia, cómo las víctimas se convierten en victimarios, cómo la frase “no hay otra opción” se transforma en justificación universal para cualquier atrocidad.

No Other Choice puede parecer obra menor dentro de la filmografía de Park, pero es la película más rabiosa del director desde la trilogía de la venganza. La película pregunta cuánto cuesta un trabajo, cuánto vale una vida, qué estamos dispuestos a sacrificar para mantener la ilusión de estabilidad. Man-su es el resultado lógico de un sistema que nos dice que competir es natural, que ganar es lo único que importa, que los perdedores merecen su destino.

Esta es la historia de un hombre ordinario descubriendo que una vez que se cruzan ciertas líneas, el camino de vuelta se quemó hace rato. O quizás, nunca existió.

Tráiler de la película:

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