Simon Williams es el centro de gravedad de Wonder Man, la nueva serie de Marvel Television que propone una variación poco habitual dentro del MCU: un relato donde el conflicto no surge del heroísmo ni de la amenaza externa inmediata, sino de la fricción entre identidad, poder y exposición pública. Interpretado por Yahya Abdul-Mateen II, el personaje es un actor secundario, talentoso pero inestable, que intenta abrirse paso en una industria que combina prestigio artístico, lógica corporativa y una relación cada vez más ambigua con las figuras superpoderosas.
Wonder Man no presenta a Simon como un héroe en formación ni como un sujeto elegido por el destino, sino como alguien que llega a la adultez arrastrando una condición que no sabe cómo integrar a su vida profesional ni personal.
Simon Williams vive para actuar. Es una necesidad concreta, casi física. Ya pasó la edad de las promesas y todavía no alcanzó la del reconocimiento. Audiciona, espera, se frustra, insiste. Wonder Man comienza en ese punto intermedio donde el deseo sigue intacto pero las relaciones personales empiezan a cobrar peaje.

Simon Williams: Un actor en un mundo saturado de superhéroes
En el marco del MCU, Simon Williams vive en un mundo donde los superhéroes existen desde hace años, donde las batallas cósmicas ya ocurrieron y donde las consecuencias de ese pasado siguen administrándose a nivel político, legal y económico. En ese contexto, ser sobrehumano es menos una ventaja automática que un problema práctico: las aseguradoras no cubren rodajes protagonizados por individuos “mejorados”, los estudios evitan riesgos innecesarios y los organismos estatales monitorean cualquier anomalía con creciente atención.
Simon es un actor con aspiraciones concretas y una trayectoria menor, alguien que se mueve entre audiciones fallidas, representantes agotados y oportunidades que siempre parecen llegar tarde. La serie lo presenta en ese estado de desgaste previo al quiebre, cuando la vocación todavía existe pero empieza a volverse costosa. Wonder Man muestra una industria con reglas claras, jerarquías rígidas y una lógica de descarte permanente.
En Wonder Man, la actuación funciona como metáfora y como motor narrativo. Simon no solo interpreta personajes: también ensaya versiones de sí mismo, calibra gestos, administra expectativas y negocia permanentemente entre lo que es y lo que conviene mostrar. La posibilidad de protagonizar una remake de una vieja película de superhéroes titulada Wonder Man introduce un conflicto que no pasa por la contradicción entre ser un superhéroe y actuar como uno, sino por la exposición que ese papel implica. Convertirse en una figura visible supone poner en riesgo un secreto que ha sostenido toda su vida.
Los poderes de Simon Williams permanecen en gran medida fuera de campo durante buena parte de Wonder Man: la serie construye el misterio alrededor de lo que Simon puede hacer, no alrededor de cómo lo hace. Cuando se sugieren o se revelan aspectos de sus habilidades, Wonder Man las vincula a un concepto central del MCU: la energía iónica.
Según se establece hacia el tramo final, el cuerpo de Simon funciona como un conducto capaz de alterar el equilibrio electromagnético a su alrededor, generando pulsos de una intensidad difícil de medir. No se trata de un poder aprendido ni inducido por un accidente reciente, sino de una condición que parece acompañarlo desde su nacimiento.
Simon Williams en los cómics de Marvel
Esta caracterización lo diferencia de su contraparte en los cómics de Marvel. Simon Williams debutó en The Avengers #9 en 1964, creado por Stan Lee y Don Heck. En su versión original, era el hijo de un industrial cuya empresa había sido arruinada por Tony Stark. Movido por el resentimiento, Simon aceptaba someterse a un experimento que lo dotaba de poderes sobrehumanos a cambio de infiltrarse en los Avengers.
Aquella historia inicial incluía muerte, resurrección y una larga serie de redefiniciones del personaje, que pasó de villano circunstancial a héroe, de actor frustrado a figura central de los Avengers de la Costa Oeste. En los cómics, sus poderes derivaban de la exposición a rayos iónicos y lo convertían en uno de los seres más fuertes del universo Marvel, con niveles de resistencia comparables a los de Thor o Hulk.
Wonder Man toma algunos de esos elementos –el nombre, la condición energética, la relación indirecta con el mundo del espectáculo– pero descarta otros. No hay aquí una motivación basada en la venganza ni una transformación producto de un experimento concreto. Tampoco aparece la compleja relación con Vision que en los cómics definió buena parte de la identidad de Simon Williams, cuya mente fue utilizada como base para los patrones cerebrales del androide.
Wonder Man opta por una reescritura más contenida, centrada en el presente del personaje y en las consecuencias prácticas de existir con un poder que nadie sabe cómo clasificar.
El Departamento de Control de Daños (DODC) y la lógica del monitoreo
Uno de los aspectos más relevantes de esta versión de Simon Williams es su vínculo con las instituciones. A lo largo de la serie, el Departamento de Control de Daños (DODC) aparece como la entidad encargada de observar, medir y eventualmente intervenir frente a individuos con capacidades especiales.
El DODC funciona como una extensión lógica del Estado en un mundo post-Vengadores: recopila datos, construye prisiones especializadas, evalúa riesgos y contempla la posibilidad de convertir ciertas amenazas en activos. En ese marco, Simon no es visto exclusivamente como un peligro, pero tampoco como un héroe autónomo. Es, ante todo, un recurso potencial.
Esa ambigüedad se vuelve central hacia el final de la temporada, cuando la magnitud real de sus habilidades comienza a quedar en evidencia. El análisis de los restos de un incidente ocurrido en un set de filmación permite establecer que Simon Williams es capaz de generar una alteración iónica de alcance masivo.
Wonder Man traduce ese hallazgo en términos administrativos: informes, escaneos, evaluaciones técnicas. El lenguaje burocrático reemplaza al asombro. Simon Williams no descubre que es poderoso; descubre que otros empiezan a medir cuánto vale ese poder.

Trevor Slattery como figura de contraste
En términos personales, el personaje atraviesa la temporada sin una epifanía clásica. No hay un momento claro de aceptación heroica ni un discurso fundacional. Su evolución es más discreta y, por momentos, contradictoria.
El vínculo con Trevor Slattery (Ben Kingsley), actor veterano con un pasado controvertido dentro del MCU, funciona como un espejo deformado: Trevor representa tanto el fracaso público como la persistencia del oficio, alguien que ya pagó el costo de la exposición y sigue adelante. Para Simon, esa relación no ofrece una respuesta clara, pero sí un marco desde el cual observar su propia situación con mayor distancia.
El futuro de Wonder Man dentro del MCU
De cara al futuro del MCU, Simon Williams queda ubicado en una zona deliberadamente abierta. La serie sugiere que podría convertirse en un activo estratégico, en un héroe regulado o en una figura marginal que opere en los márgenes del sistema. También deja planteada la posibilidad de una conexión con otros personajes asentados en la Costa Oeste, como Ant-Man o She-Hulk.
En ese sentido, Wonder Man no funciona como prólogo de un gran evento, sino como una pieza autónoma que introduce a un personaje con suficiente densidad como para ser reutilizado en múltiples direcciones.
Simon Williams es un individuo que intenta sostener una carrera, una identidad y una vida privada en un mundo donde el poder dejó de ser excepcional y pasó a ser administrado. Wonder Man construye su recorrido sin urgencia, apostando a que la comprensión del personaje surja de la acumulación de situaciones y no de un gesto definitorio. En ese gesto contenido, el MCU ensaya una forma distinta de introducir a uno de sus personajes más singulares.
DISPONIBLE EN DISNEY+.




