La nueva serie de Netflix, Sra. Playmen, no es solo la biografía de Adelina Tattilo –una mujer que intentó inventarse un espacio propio en el negocio del erotismo– sino también la reconstrucción de un momento específico de la vida italiana: ese cruce entre moral católica, modernización social y una industria editorial que descubría que podía mover multitudes a fuerza de escándalo. La serie sigue a una mujer obligada a hacerse cargo de un proyecto que no eligió sola, pero que terminó definiéndola. La historia real de Sra. Playmen, como siempre, es más contradictoria, más estratégica y menos sentimental.
Tattilo fue presentada en 1971 como “la Hugh Hefner italiana”, una etiqueta que la serie recoge pero discute sin anunciarlo. Sra. Playmen la muestra como una madre católica de clase media, con un marido en fuga y un negocio que sobrevive en los márgenes de la legalidad. En la vida real, Tattilo fue menos rehén de las circunstancias y más editora con olfato: entendió que Italia necesitaba una revista como Playmen no solo porque Playboy estaba prohibida en el país, sino porque había un público dispuesto a pagar por ese cruce entre desnudos explícitos y artículos que simulaban una conversación sofisticada sobre sexo, política y costumbres.
Sra. Playmen: El nacimiento de un imperio erótico
Playmen apareció en 1967, en un país donde la moral católica todavía marcaba los límites de lo decible. La idea inicial fue simple y eficaz: fabricar un equivalente doméstico a Playboy, pero con una identidad italiana. Tattilo y su esposo, Saro Balsamo –editor, empresario intermitente y, según quienes trabajaron con él, especialista en aparecer y desaparecer según soplara el viento judicial– apuntaron a un nicho que no tenía competencia legal.
El resultado fue un fenómeno. En menos de cuatro años, Playmen llegó a 450.000 ejemplares mensuales. Para los estándares de la época era una cifra extraordinaria, sobre todo para una publicación perseguida por fiscales, policías municipales y asociaciones católicas que reclamaban su prohibición.
Sra. Playmen es precisa en ese punto: los ejemplares de la revista realmente desaparecían de los kioscos antes de que la policía pudiera incautarlos. Los diarios de la época describían así la situación: “Cada mes hay una carrera entre los lectores y los policías”. La industria del escándalo era, también, la industria del consumo urgente.

Adelina Tattilo: Editora, estratega y figura pública
Sra. Playmen muestra a Tattilo como una mujer arrastrada por la crisis familiar que se convierte, casi sin proponérselo, en la cara del proyecto. La historia es más compleja. Ella tenía una idea clara sobre el tipo de erotismo que quería publicar y sobre la forma en que Playmen debía diferenciarse de Playboy.
Si las chicas de Hefner reían y comían helado, el gusto de Tattilo se centra en mujeres que podían sonreír con un Campari en la mano. El erotismo de Playmen no apuntaba a la fantasía adolescente sino a una sensualidad dirigida a un lector urbano, adulto, con aspiraciones culturales. Una estrategia editorial tanto como estética.
Esa distancia también aparecía en su manera de responder a las críticas feministas, que comenzaban a tomar fuerza en Italia. Cuando se le preguntó si su revista dañaba al movimiento de liberación femenina, Tattilo respondió: “En nuestro concepto de erotismo, la mujer es sujeto tanto como el hombre”. Para ella, la discusión no pasaba por la representación del cuerpo sino por quién controlaba esa representación. Era una respuesta provocadora, pensada para incomodar al establishment italiano y al estadounidense por igual.
Sra. Playmen: Entre la ficción y la realidad
Sra. Playmen arranca con el desaparecido Balsamo empujando a su esposa a continuar con la revista. Esa parte tiene un correlato real –sus huidas por problemas judiciales eran frecuentes–, pero la trama que abre la serie, centrada en el fotógrafo Luigi y la mesera Elsa, pertenece al terreno de la ficción.
En pantalla, Elsa es una mujer común convertida en portada sin comprender del todo las consecuencias; después denuncia que, tras la publicación, un conocido la violó y que la obligan a casarse con su agresor. Tattilo interviene, le ofrece un trabajo y la salva de ese destino. La escena funciona como una defensa del rol de las mujeres dentro de la revista, pero no está documentada. Es un recurso narrativo que la serie utiliza para discutir lo que Playmen significó para las mujeres de la época: un espacio ambiguo, donde la visibilidad podía ser una herramienta o un riesgo.
Lo que sí ocurrió fue la insistencia de Playmen en publicar fotos que otras editoriales consideraban material radiactivo. La serie incluye tempranamente el caso de la marchesa retratada por su marido: fotos íntimas acompañadas por fragmentos de su diario. En la ficción, Tattilo decide publicarlos como denuncia. En la realidad, Playmen hizo de esa estrategia un sello: el desnudo como documento, como “verdad” incómoda para las clases altas. No era una cruzada moral, sino una apuesta comercial: cuanto más escandaloso, más rentable.
El caso Jackie Kennedy: La tapa que incendió Italia
En 1972, Tattilo dio el golpe editorial más fuerte de la revista: publicó 14 fotos de Jackie Kennedy desnuda en la isla de Skorpios, tomadas en 1971 desde una embarcación. Coincidió con el lanzamiento de la edición italiana de Playboy. Tattilo había guardado las imágenes para ese momento exacto, como forma de marcar territorio.
La portada se convirtió en un acontecimiento nacional. Fue denunciada, perseguida y comprada de inmediato. Tattilo no mostró arrepentimiento: “Si no quería ser fotografiada, no debería haberse exhibido”. Su respuesta hoy puede leerse como una declaración cínica; en su contexto, fue la consagración de su figura como editora sin miedo a enfrentarse al poder político, mediático o económico.
Ese episodio consolidó la identidad real de Playmen: una revista que explotaba la pulsión voyeurista de los italianos y que sabía que la frontera entre lo privado y lo público estaba cambiando. Tattilo entendió algo antes que muchos otros: la intimidad podía ser un espectáculo global.

Playmen y la censura en Italia
La historia real de Sra. Playmen es también la historia de la censura en Italia. Los ejemplares se secuestraban, los procesos judiciales se acumulaban, los fiscales reclamaban condenas y, sin embargo, el negocio seguía creciendo. Tattilo capitalizó esa relación tensa con el Estado. Ser prohibida la convertía en noticia; ser perseguida la volvía deseable.
La policía incautaba números que ya se habían vendido. Los kiosqueros escondían las revistas. Los lectores hacían reservas anticipadas. Playmen logró mantenerse a flote durante más de tres décadas con la misma fórmula: erotismo, provocación y timing.
El final del papel y el cierre de una época
En 2001, Playmen dejó de publicarse. La razón no fue un escándalo ni un juicio ni un nuevo avance censor. Fue Internet. El acceso ilimitado y gratuito al porno transformó de raíz la industria que Tattilo había dominado. El modelo de revista erótica –basado en la rareza del desnudo, en la espera mensual y en la compra física– dejó de tener sentido.
Tattilo murió en 2007, a los 78 años. Su figura quedó en un limbo histórico: demasiado controvertida para ser canonizada, demasiado influyente para ser ignorada. Lo que Sra. Playmen intenta es recuperar ese espacio intermedio: el de una mujer que construyó un imperio sin el aura libertina de Hefner pero con una inteligencia similar para leer los deseos –y los miedos– de su época.
La serie trabaja la tensión entre Tattilo como empresaria y Tattilo como mujer en un mundo de hombres. Aunque ficcionaliza personajes y conflictos, respeta una intuición central: Playmen fue un síntoma de modernización. Permitió entrever un país que comenzaba a discutir la sexualidad fuera del confesionario y fuera del matrimonio, aunque lo hiciera en una revista que convivía con artículos serios, entrevistas a intelectuales y fotos robadas.
Ese es el terreno donde la historia real y la ficción coinciden. Playmen fue un laboratorio de contradicciones: emancipador y conservador, sofisticado y vulgar, oportunista y visionario. Y Tattilo, su figura central, entendió que para sobrevivir en esa Italia había que aceptar el conflicto como parte del trabajo editorial.
Sra. Playmen cuenta una vida con el ritmo de la ficción. Pero la historia verdadera, la que ocurrió entre los kioscos, los tribunales, las portadas y las oficinas de redacción, fue todavía más dramática, más estratégica y, de algún modo, más moderna. Un recordatorio de que el escándalo también puede ser una forma de lectura del mundo.
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