Antes de que Love Story construya el relato alrededor de Carolyn Bessette, John F. Kennedy Jr. tuvo otra historia de amor que fue tapa de revista revista durante cinco años. Junto a Daryl Hannah formó una pareja visible, discutida, observada con una mezcla de fascinación y expectativa. Él era un estudiante de derecho que cargaba con el peso simbólico de su apellido, una celebridad heredada y aspiraciones todavía indefinidas. Hannah venía de triunfar en Hollywood después de Blade Runner y Splash. Él todavía era promesa. Ella, presente.
Love Story no esquiva ese capítulo previo. Al contrario, lo utiliza como espejo y contrapunto. El resultado es un retrato dual que invita a preguntarse qué separa una historia de amor intensa de una historia de amor definitiva.

Love Story: John F. Kennedy y Daryl Hannah, una relación bajo el microscopio
Se habían conocido años antes, en el Caribe, pero el vínculo tomó forma hacia 1988, cuando se reencontraron en el casamiento de la tía de Kennedy, Lee Radziwill, con el director de cine Herbert Ross, quien acababa de trabajar con Hannah en el rodaje de Magnolias de Acero.
Ese mismo año, Kennedy fue elegido por la revista People como el “hombre más atractivo del mundo”, un título que consolidó su condición de figura pública incluso de perfeccionar un perfil profesional. Lo que vino después fue una relación que nunca terminó de estabilizarse: eran pareja, se dejaban, volvían, y los tabloides documentaban cada fase con la obsesión que solo se reserva para personas que combinan fama, belleza y apellido presidencial.
Que John F. Kennedy y Daryl Hannah se atrajesen tenía tanto de lógico como de sorprendente. Desde fuera, la pareja parecía compuesta por dos mundos poco compatibles. No obstante, los puntos en común eran más profundos de lo que sugería la superficie. Ambos compartían una inclinación genuina por la vida al aire libre: el esquí, el senderismo y la acampada formaban parte del ADN de los dos.
Y Kennedy, lejos de ser ajeno al mundo del espectáculo, había pisado los escenarios con frecuencia durante su etapa universitaria en Brown. En 1985, llegó a protagonizar una producción off off Broadway de Winners, del dramaturgo irlandés Brian Friel, en el Irish Arts Center de Nueva York. La obra apenas llegó a las seis representaciones, y la leyenda –recogida en Love Story aunque sin documentación firme que la respalde–atribuye esa corta vida a la intervención de Jackie O, que habría impedido que los críticos asistieran a las funciones. Poco después, Kennedy se matriculaba en la Facultad de Derecho de la NYU.
En la era anterior a las redes sociales, el binomio Kennedy-Hannah cumplió la función que hoy desempeñan las parejas de celebrities en Instagram: un referente constante de deseo, glamur y aspiración romántica. Pero hacia comienzos de los 90s, la relación empezó a mostrar fisuras más visibles. En 1993 aparecieron en la tapa de People bajo un titular que sugería que el soltero más codiciado del país había encontrado pareja definitiva. La narrativa mediática insistía en la idea de destino. La historia real era menos lineal.
La pareja convivió durante un período en el Upper West Side de Nueva York. Eran fotografiados en eventos, en la calle, incluso en escenas domésticas que luego eran narradas como capítulos románticos o señales de inestabilidad. La relación oscilaba entre momentos de complicidad visible y rumores de crisis.
Amelia Barlow, hija del amigo de Kennedy John Perry Barlow, capturó bien la esencia de ese romance en el libro de memorias oral JFK Jr.: An Intimate Oral Biography de Liz McNeil y RoseMarie Terenzio: la relación tenía algo de “fantástico y aventurero”, pero en retrospectiva se antojaba “un poco ingenua o inmadura” en comparación con lo que Kennedy encontraría después con Bessette. “Había más fuego… y más pelea”, añadía Barlow.

Love Story: JFK Jr, Daryl Hannah y la sombra de Jackie O
La relación no estaba sola en su fragilidad: tenía dos enemigos estructurales que Love Story trabaja con atención. El primero era Jackie Kennedy Onassis, la madre de John, que desaprobaba activamente la influencia de Hannah sobre su hijo. En la vida real, las fricciones no quedaron registradas en declaraciones formales, pero sí en testimonios posteriores de amigos y colaboradores cercanos. Kennedy llegó a decir que la falta de sintonía entre su madre y Hannah complicaba la relación.
Love Story sugiere que la matriarca del clan Kennedy era una fuente de fricción en la pareja. La narrativa tiene cierto atractivo dramático, y hay testimonios que la sustentan: el propio Kennedy le confió a un amigo en 1993, según recoge An Intimate Oral Biography, que Hannah no se llevaba bien con su madre y que él había tenido que mudarse al sótano de la casa de un amigo a causa de esa tensión.
Sin embargo, la historia tiene más de una cara. Sue Wexler, madrastra de Hannah, contradijo esa versión y aseguró que Daryl aseguró que Onassis se había mostrado “muy cálida y afectuosa” con ella. La tensión real entre los dos mundos quizás fue más compleja que una simple incompatibilidad entre dos mujeres.

Love Story: La muerte del perro y la ruptura
Hacia 1991, cuando John F. Kennedy y Daryl Hannah todavía seguían juntos, el destino ya estaba preparando el próximo acto. En el local de Calvin Klein en Manhattan, Kennedy conoció a Carolyn Bessette, entonces empleada como vendedora. La impresión fue inmediata e irresistible. Su amigo Brian Steel, fiscal con él en la oficina del fiscal de distrito de Manhattan, recordaba que JFK Jr. se detuvo durante un trote matutino por el Upper West Side para confesarle que estaba “completamente encantado” con esa mujer que había conocido en Calvin Klein.
La artista neoyorquina Sasha Chermayeff, otra de las personas más cercanas a Kennedy, situó la cronología con crudeza: presenció cómo Kennedy miraba a Bessette desde el otro lado de una sala, cuando todavía estaba con Hannah.
RoseMarie Terenzio, que fue asistente ejecutiva de Kennedy y luego responsable de sus comunicaciones, ofrece sin embargo una cronología algo diferente. Según ella, aunque Kennedy y Bessette se conocieron en 1991, no reconectaron seriamente hasta 1994, cuando tuvieron una cena en el restaurante Provence, en el centro de Manhattan, y Kennedy le dio a entender que ya no estaba en una relación con Hannah. Otros allegados sugieren que la transición fue menos ordenada.
La verdad probablemente se sitúa en un territorio intermedio: una atracción que fue gestándose lentamente mientras el vínculo con Hannah se desmoronaba por sus propias tensiones internas.
El golpe final a la relación llegó de una manera que nadie habría podido inventar. En mayo de 1994, durante un paseo en Central Park, Kennedy perdió el control del perro de Hannah y el animal murió atropellado. El hecho, relatado en varias biografías y en el episodio 2 de Love Story, añadió una capa de tensión en un momento ya frágil. Hasta ahí podría haber sido una tragedia doméstica. Lo que pasó después es lo que convirtió el incidente en el punto de no retorno: Kennedy voló hasta la costa oeste con las cenizas del perro para asistir a su funeral por insistencia de Hannah.
Mientras Kennedy estaba en Los Ángeles, la salud de Jackie O, que llevaba tiempo luchando contra un linfoma no hodgkiniano, empeoró de forma precipitada. Murió el 19 de mayo de 1994. Carole Radziwill –periodista, futura estrella de The Real Housewives of New York City y esposa del primo de Kennedy, Anthony Radziwill– recordaba haber cenado con John esa semana en Nueva York. “John sentía que Daryl lo estaba castigando al insistir en que volara a Los Ángeles”, explicó Radziwill. “Fue un momento terrible, y nunca la perdonó haberle robado esos últimos momentos con su madre.”
Poco después, la ruptura definitiva coincidió con el inicio formal del vínculo entre Kennedy y Bessette, que se consolidaría ese mismo año.

Lo que Love Story revela y lo que simplifica
Love Story utiliza la relación con Hannah menos como un prólogo desechable que como una etapa necesaria en la formación sentimental de Kennedy. La dinámica entre los dos –representada en la ficción por Paul Anthony Kelly como Kennedy y Dree Hemingway como Hannah– funciona como un negativo fotográfico de lo que vendría después con Bessette (Sarah Pidgeon): donde con Hannah había aventura y pasión pero también inestabilidad, con Carolyn había una intensidad diferente, más obsesiva y más duradera.
La historia entre JFK Jr. y Daryl Hannah no quedó fijada como tragedia ni como mito romántico. Fue una relación larga, expuesta y atravesada por presiones externas que excedían a la pareja. Love Story la utiliza como antesala de otro relato, pero su peso específico en la vida de Kennedy fue real. Representó el intento de construir estabilidad bajo un apellido que nunca dejó de funcionar como escenario.
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