Hay finales que cierran una historia y finales que obligan a mirar hacia atrás para entender de qué se trataba realmente. La Bestia en Mí (The Beast In Me) de Netflix pertenece a esta segunda categoría. No porque reserve un giro que reescribe todo –desde el comienzo sospechamos que Nile Jarvis (Matthew Rhys) es un asesino–, sino porque su cierre desplaza la atención hacia otra cosa: la responsabilidad, el relato que cada personaje construye para poder seguir y el costo de asumir una verdad que todavía duele.
El final de La Bestia en Mí reorganiza todas las líneas que la serie desplegó desde su primer episodio: la culpa, la necesidad de encontrar un villano, y la dificultad de aceptar que la verdad rara vez se acomoda a lo que queremos creer. No es un cierre que busque sorprender, sino que completa el retrato de cada personaje a partir de lo que intenta ocultarse.
Howard Gordon, el showrunner, resume el núcleo temático de la historia así: “Nos encanta encontrar un villano. Nos encanta culpar a una sola persona o cosa. Miramos hacia afuera en lugar de mirar hacia adentro.” Esa idea ordena el final y explica por qué Aggie Wiggs (Claire Danes) llega al desenlace de la serie cercada, acusada y sin nadie en quien confiar.

El final de La Bestia En Mí: Aggie Wiggs enfrenta sus fantasmas
Hacia el final de La Bestia En Mí, Aggie descubre que Nile Jarvis asesinó efectivamente a su primera esposa, Madison (Leila George), después de comprobar que la nota suicida encontrada fue escrita dos años antes de su desaparición. Cuando intenta exponerlo, él se adelanta, controla el relato y la deja en posición de fugitiva, convirtiéndola en sospechosa por la desaparición, tortura y muerte de Teddy Fenig (Bubba Weiler).
El mecanismo es claro: Nile toma el control del relato, manipula evidencia y usa la mala reputación de Aggie –una escritora quebrada por la muerte de su hijo– para reforzar su versión. La serie muestra cómo ella queda aislada: Shelley (Zoe Kazan), su exesposa, ya no confía en ella; la agente del FBI, Erika (Lily Rabe) retrocede después de que Martin Jarvis la amenaza; la policía solo ve a una mujer inestable y peligrosa.
Gordon explica que el final tenía que sentirse como una derrota inevitable. No una derrota moral, sino narrativa: “Se trataba de poner al espectador en la piel de Aggie, haciéndole creer que no había manera de que ella saliera victoriosa.” El gesto es coherente con el arco de la serie. Desde el principio, Aggie avanza con información parcial, sin aliados y con la sospecha constante de que lo que recuerda puede no ser del todo cierto. El final de La Bestia En Mí empuja esa idea hasta el límite.
El episodio final reconstruye el día del accidente de Cooper. No fue descuido absoluto ni alcohol ni imprudencia criminal. Fue algo más reconocible: una distracción, una discusión, un niño en el asiento de atrás reclamando atención. Aggie no es inocente, pero Fenig tampoco era el monstruo que ella necesitaba que sea. Y sin embargo, está sola. Su último recurso es intentar convencer a Nina.

Nile Jarvis: La final de un asesino
Si el final de La Bestia En Mí tiene una lógica precisa es porque Nile actúa siempre con la misma convicción: mientras controle la historia, está a salvo. Su estrategia incluye la manipulación emocional, la intimidación, la violencia y la producción de un discurso donde él aparece como el esposo que no pudo salvar a una mujer trastornada.
Cuando Aggie se acerca demasiado, Nile se adelanta. La acusa. La incrimina. Reconstruye una versión de los hechos donde ella es la responsable de todo. Y cuando su plan parece cerrarse, aparece el punto débil que nunca vio venir: Nina, su nueva esposa.
Para el showrunner, Nile encarna la pulsión de externalizar la culpa: proyecta sus crímenes sobre otros, se explica a sí mismo como alguien gobernado por un “depredador interior”, y se convence de que los demás también son así. Esa arrogancia es lo que lo pierde.
Nina y Madison: Dos mujeres rebeladas
En la arquitectura de La Bestia En Mí, Nina (Brittany Snow) fue un personaje lateral hasta el final. Su función parecía ser la de un contrapunto: la esposa joven, la que todavía cree que puede tener una vida con Nile, la que quiere un hijo y piensa que el secreto del pasado ya fue enterrado. Sin embargo, La Bestia en Mí convierte ese rol periférico en el detonante de la caída del asesino.
Cuando Aggie la confronta, Nina ya tiene dudas: sabe que Madison no habría escrito una carta de suicidio amorosa en el estado en que se encontraba. Nile sabía que su esposa era informante del FBI. Siente que algo no encaja. Aggie solo le pone palabras a lo que ella ya intuía.
Gordon admite que el final estuvo a punto de ser muy distinto. “Por un segundo, pensé: ¿y si simplemente doblamos la apuesta del horror y dejamos que Nile salga impune? Pero no se sentía bien.” La opción fue otra: que Nina escuche, dude, somatice, y finalmente active la grabación que lo entrega todo.
La solución funciona porque está presentada como consecuencia directa de la única pregunta que Nina necesitaba hacerse: qué fue realmente lo que pasó con Madison.
La confesión de Nile, capturada en penumbra por el director Antonio Campos, cierra todas las capas narrativas. Él admite el asesinato, explica su lógica depredadora –una mezcla de narcisismo, violencia heredada y autopercepción torcida– y revela lo que La Bestia En Mí sugiere desde el principio: Nile cree que todos llevan una bestia dentro y que lo suyo es ayudarla a dejarla salir.
Esa grabación es el punto de inflexión. Nina lo entrega frente a la prensa, lo expulsa de su vida. El desenlace judicial sigue un camino claro: Nile es arrestado, enfrenta cargos por múltiples asesinatos y recibe tres cadenas perpetuas. Lo que sigue es la desintegración de su sistema familiar.

Rick y Martin Jarvis: La familia que se derrumba
Martin (Jonathan Banks), el padre de Nile, recibe la confirmación de que su hijo es un asesino serial y sufre una hemorragia cerebral que lo deja en coma. Rick (Tim Guinee), el tío de Nile, tiene la función de cerrar el círculo familiar. Primero mata a Martin en su cama de hospital para “evitarle el sufrimiento” de ver su legado destruido. Luego negocia una reducción de pena entregando evidencia sobre su sobrino. Finalmente, decide que Nile tampoco debe seguir vivo.
En la escena final entre Aggie y Nile en prisión, él intenta manipularla como siempre, busca que ella crea que son iguales, insiste en que “mataron juntos” a Teddy. Pero Aggie ya no necesita vindicación externa: hizo su duelo, escribió su historia, asumió su responsabilidad.
Cuando ella le pregunta qué se siente ser la bestia, la serie deja claro que Nile ya no tiene control sobre el relato. Su muerte –apuñalado en prisión por orden de Rick– no es un acto de justicia poética, sino la culminación lógica de un sistema de lealtades rotas. Es un cierre tan brutal como inevitable: la familia que encubrió a Nile durante años termina destruyéndose a sí misma.
El final de La Bestia En Mí: El mundo después de Nile Jarvis
El último movimiento narrativo se concentra en Aggie. Publica su libro, La Bestia En Mí, donde admite que su relación con la verdad fue imperfecta. No es un triunfo ruidoso, pero sí una forma de reparación. Shelley está allí, con su nueva pareja, lo cual sugiere que la relación recuperó algo de humanidad.
La serie no romantiza la idea de “cerrar heridas”. Más bien plantea que hay historias que no se cierran sino que se ordenan. Y en ese ordenamiento, Aggie entiende que su deseo de venganza fue real, que su culpa es compleja, que su vida no vuelve a cero porque Nile esté muerto. Pero también que puede trabajar para dejar de habitar el rol de víctima.
Para Gordon, ese desenlace no busca redención, sino honestidad: “Es una confrontación con el relato que ella se contó y el precio de ese relato. La Bestia En Mí es una serie sobre las narrativas que nos contamos. ¿Cuál es la verdad? ¿Cuál es nuestro interés en ella? ¿Qué hacemos con las mentiras que nos decimos?”
Nina, por su parte, termina con su bebé en brazos. La última escena sugiere otra inquietud: ¿qué herencia dejó Nile? ¿Se puede criar a un hijo de alguien así sin el miedo a repetir la historia? La preocupación de Nina no es solo el trauma, sino lo que “le da” a su hijo, qué transmite –temores, inseguridades, sombras– mientras intenta protegerlo.

La Bestia En Mí temporada 2: Los planes del showrunner para continuar la historia
Aunque La Bestia En Mí llegó como una miniserie, el final deja algunos hilos abiertos: el lugar de Rick en el nuevo mapa del escándalo, el futuro del hijo de Nile, el impacto del libro de Aggie en la opinión pública, la posibilidad de que todo el caso se convierta en material para otra investigación.
Gordon no descarta volver al universo de la serie. “Hasta el punto en que Aggie es una escritora que llegó a esta nueva etapa de su vida, si hay una historia, podría haber más. Estoy tentado por el personaje de su padre estafador. Veremos cómo le va a la serie y si aparece una idea.”
No promete nada, pero desliza dos pistas claras: Si hay temporada 2 de La Bestia En Mí, no será sobre Nile. Su arco está cerrado, su historia contada y su muerte confirmada; el eje pasará por Aggie como personaje –una mujer cuya relación con la verdad, el trauma y la escritura quedó transformada– y por su padre, una figura apenas sugerida pero potencialmente poderosa para una nueva trama.
En otras palabras: La Bestia en Mí no necesita otra temporada para cerrar lo que planteó. Pero sí tiene espacio para expandirse con Aggie explorada desde otro ángulo: cómo escribe, cómo vive después de exponer su propia culpa, qué relación tiene ahora con la verdad.
De qué trata La Bestia En Mí
La Bestia en Mí no cierra con una victoria ni con una absolución moral. Cierra con un ordenamiento: cada personaje queda donde sus decisiones lo llevaron. Nile muere porque su familia decide hacerlo desaparecer. Rick va a prisión por el mismo sistema que intentó manipular. Nina enfrenta un futuro incierto con un hijo inocente y una sombra heredada. Aggie asume que su dolor tuvo un punto ciego y que desde ese reconocimiento puede empezar otra vida.
La serie no trata de monstruos externos, sino de las historias que contamos para sobrevivir. En el final, Aggie deja de perseguir la versión que la protegía del dolor y se obliga a mirar la real. Ahí está el verdadero cierre.
Lo demás es un capítulo que todavía puede escribirse, pero que no cambia lo esencial: en La Bestia en Mí, la verdad no libera ni salva. Solo ordena. Y si llega una temporada 2, será desde ese punto. Desde la pregunta por quién puede ser Aggie ahora que dejó de luchar con fantasmas prestados y empezó, por fin, a mirar los propios.
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