La temporada 2 de Fallout avanza por Wasteland con una lógica clara: ampliar el mapa, endurecer los conflictos y poner a prueba el recorrido moral de sus personajes. La serie ya no necesita presentar su mundo: lo pone en funcionamiento. En ese marco se inscribe la llegada de Macaulay Culkin, que interpreta a Lacerta Legate, uno de los generales de la Legión de César. Su personaje introduce una variación concreta en el uso del poder, la violencia organizada y la construcción del miedo.
El debut de Culkin en el episodio 3 ocurre cuando Lucy y The Ghoul atraviesan el camino hacia New Vegas y se cruzan con distintas facciones hostiles. Entre ellas, la más extrema es la Legión de César, una burocracia militar que adopta formas del Imperio romano y utiliza la esclavitud como método de control territorial. La Legión aparece como una de las facciones más organizadas y violentas del territorio, con una jerarquía clara y una lógica que combina ritual, castigo y obediencia. Culkin entra en escena como ejecutor: no decide la ley, la aplica.
No hay discurso de presentación ni explicación de antecedentes. Lacerta Legate se define por lo que hace y por cómo ocupa el espacio. Su presencia ordena el campamento, fija límites y traduce la ideología abstracta de la Legión en actos concretos. En Fallout, el poder no siempre habla desde la cúspide: muchas veces se manifiesta en quienes lo ejercen.

Fallout: Quién es Lacerta Legate, el personaje de Macaulay Culkin en la serie
Lacerta Legate no proviene del canon de Fallout: New Vegas, sino que es una creación original de la serie. El rango de legate sí forma parte de la estructura histórica de la Legión, pero el personaje que interpreta Culkin no adapta a una figura específica del juego. Esa decisión le permite a Fallout moverse dentro del lore sin quedar atada a un nombre conocido, y usar al general como pieza funcional del sistema antes que como referencia reconocible para el fandom.
Como general, la función de Lacerta Legate es sostener el orden interno y proyectar autoridad hacia afuera. La violencia que despliega no tiene rasgos personales ni estallidos emocionales: es metódica, pública y ejemplificadora. La crucifixión de Lucy responde a esa lógica. No es un acto privado sino un mensaje al resto de Wasteland.
Ese lugar intermedio resulta central para entender el personaje. Macaulay Culkin no interpreta a un líder carismático ni a un burócrata distante. Su general está en contacto directo con el terreno y con los cuerpos que el sistema administra. En Fallout, ese contacto es una forma de pedagogía: la Legión se explica a sí misma a través de sus castigos.
La serie aprovecha el peso cultural del actor. Para buena parte del público, su rostro está ligado a una infancia televisada. Fallout no construye el personaje en oposición explícita a esa memoria, pero la deja operar como fondo. El contraste no produce ironía, sino una tensión silenciosa que acompaña cada escena.
La efectividad de Lacerta Legate está en su contención. Culkin no exagera gestos ni eleva el tono. Su general no necesita convencer: ejecuta. Esa economía expresiva refuerza la idea de que la Legión funciona incluso sin la presencia constante de su líder máximo. El poder circula, se delega y se reproduce en figuras como esta.

Macaulay Culkin, Fallout y el conocimiento del lore
La llegada de Culkin a Fallout no fue ajena al material original. “Yo era fan de los juegos”, explicó el actor en una entrevista reciente con Inverse. “Estaba más familiarizado con eso que con cualquier otra cosa. Después me hice fan de la serie”. Esa relación previa se nota en la forma en que se mueve dentro del universo narrativo, sin necesidad de explicaciones externas.
Culkin identifica el lugar que ocupa su personaje dentro de la estructura. “Sabía que iba a ser parte de la Legión, y eso me parecía muy interesante”, señala. El conocimiento del lore también aparece en detalles mínimos. “Cuando vi el nombre César repetido en los diálogos, les pregunté si lo querían pronunciado como ‘káiser’. Ahí se dieron cuenta de que yo sabía de qué estábamos hablando”.
Ese reconocimiento mutuo permitió un margen de libertad mayor. El actor describe a Fallout como una producción extremadamente cuidada en lo material. “Todo es muy meticuloso. Desde los maniquíes del fondo hasta los zapatos o el peinado. A veces es un poco agotador en el set, pero también habla del tipo de trabajo que están haciendo”. Ese nivel de detalle sostiene la verosimilitud del mundo y condiciona las actuaciones.
El proceso de incorporación de Macaulay Culkin fue breve y directo. “Venía de una gira. Llegué, hice la prueba de vestuario ese mismo día y al siguiente ya estaba filmando”, cuenta. No hubo entrenamiento específico ni un largo período de preparación. El personaje se construyó en escena, a partir del intercambio con los otros actores y del espacio.
Esa dinámica se refleja en una actuación abierta. “Cuando estaba leyendo, vi que había un espectro para este tipo de personaje”, explica. “Entonces les di distintas versiones. Cuando llegué al set les pregunté cuál querían y nunca me dieron una respuesta”. La indefinición funcionó como método: cada toma probaba un matiz distinto.
Culkin describe el rodaje como un trabajo de ajuste constante. “A veces buscaba una reacción, y en la siguiente quería algo diferente. Depende mucho de lo que te devuelve el otro actor. Es una danza”. En Fallout, esa flexibilidad se integra a una narrativa que evita fijar identidades cerradas demasiado pronto.

Fallout: Proyección del personaje en la temporada 2
En términos de proyección, Lacerta Legate no se agota en su primera aparición. El propio actor adelanta que la Legión tendrá más desarrollo. “Todavía hay bastante más de esto”, señala, sin entrar en detalles. La mención a tensiones internas abre la posibilidad de disputas que no pasan solo por el enfrentamiento con Lucy o el Ghoul, sino por la propia lógica del grupo.
Fallout construye así una figura que encarna el funcionamiento del poder delegado. Culkin no interpreta al arquitecto del sistema, sino a uno de sus operadores más eficaces. Su general muestra cómo una ideología se vuelve práctica cotidiana, cómo la violencia se normaliza y cómo el orden se sostiene a través de quienes lo ejecutan sin cuestionarlo.
La serie continúa ampliando su mundo a partir de estas incorporaciones. Lacerta Legate no redefine Fallout, pero lo precisa. En un territorio donde casi todo parece improvisado, la Legión demuestra que el control también puede ser organizado, repetitivo y eficiente, siempre que haya alguien dispuesto a llevarlo a cabo.
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