Seymour Hersh pasó gran parte de su vida profesional preguntando. Cover Up: Un Periodista en las Trincheras invierte esa lógica y coloca al periodista en el centro del encuadre. El documental de Netflix reconstruye su recorrido por algunas de las investigaciones más incómodas del siglo XX, desde Vietnam hasta Irak, y lo hace sin convertirlo en una figura celebratoria ni en un monumento narrativo.
Cover Up no funciona como una biografía convencional ni como una cronología exhaustiva. Su punto de partida es el trabajo mismo: archivos, métodos, decisiones, silencios. La película se detiene en los mecanismos del oficio y en la tensión constante entre la necesidad de publicar y la obligación de proteger a quienes hablan. Desde los primeros minutos queda claro que la historia que se cuenta no es la de un individuo aislado, sino la de una forma de ejercer el periodismo.
El documental de Netflix aparece en un momento en el que la credibilidad del periodismo está en disputa permanente. En ese contexto, Cover Up recupera una práctica basada en el tiempo, la verificación y la incomodidad del poder.

Cover Up: Un Periodista en las Trincheras | Seymour Hersh y el periodismo bajo fuego
El eje central de Cover Up es el trabajo de Hersh como reportero de investigación en medios como Associated Press, The New York Times y The New Yorker. El documental revisa las historias que lo convirtieron en una figura clave del periodismo estadounidense, pero evita presentarlas como episodios cerrados. Cada investigación aparece como parte de una continuidad: una forma de mirar al Estado desde sus zonas menos visibles.
La masacre de My Lai ocupa un lugar central. En 1969, Hersh expuso el asesinato de cientos de civiles vietnamitas por parte del ejército estadounidense, un hecho que había sido deliberadamente ocultado. El documental no se limita a recordar el impacto político del caso. Se concentra en cómo se construyó la historia, en el contacto con los soldados, en las resistencias internas del sistema militar y en el costo personal de publicar.
Otro momento clave es la investigación de 1974 sobre las operaciones ilegales de la CIA dentro de Estados Unidos. A partir de ese trabajo, se abrieron comisiones oficiales que revelaron prácticas sistemáticas de espionaje sobre ciudadanos y organizaciones civiles. Cover Up conecta ese episodio con Watergate, no para competir con la narrativa dominante, sino para mostrar que el escándalo fue más amplio de lo que suele recordarse.
El documental también aborda el caso de Abu Ghraib, cuando Hersh publicó las fotografías que mostraban torturas cometidas por fuerzas estadounidenses en Irak. Aquí Cover Up introduce por primera vez el testimonio directo de una de sus fuentes, Camille Lo Sapio, y expone con precisión el dilema central del periodismo de filtraciones: sin pruebas materiales, no hay historia; sin protección, no hay fuente.
Seymour Hersh: Método, fuentes y obsesión por los hechos
Uno de los aspectos más sólidos de Cover Up es su atención al método. Hersh no aparece como un reportero guiado por intuiciones abstractas, sino como alguien que construye confianza de manera sistemática. El documental muestra cómo recorría pasillos, hacía llamadas en frío, hablaba de temas triviales para generar cercanía y escuchaba durante horas antes de hacer una sola pregunta relevante.
Su paso por la cobertura policial en Chicago funciona como un punto de aprendizaje. Allí entendió cómo operan las versiones oficiales y cómo se protegen entre sí las estructuras de poder. Esa experiencia, según él mismo señala, fue decisiva para detectar inconsistencias y silencios en el discurso militar durante la guerra de Vietnam.
Cover Up insiste en un elemento que suele quedar fuera de los relatos épicos: el trabajo colectivo. Editores, verificadores y colegas aparecen como parte del proceso. La investigación no es presentada como una hazaña individual, sino como una construcción compartida, sostenida en discusiones, correcciones y frenos constantes.
La relación con las fuentes ocupa un lugar central. La película muestra la incomodidad de Hersh frente a la cámara cuando siente que se acerca demasiado a documentos sensibles. Esa reacción no está puesta para dramatizar, sino para subrayar una ética: la información no vale más que la seguridad de quien la entrega.
Cover Up de Netflix: Contexto político y vigencia del documental
Cover Up no se limita a mirar el pasado. Su estructura establece un diálogo directo con el presente del periodismo. En un escenario marcado por acusaciones de noticias falsas y por la fragmentación del consumo informativo, el documental propone una pregunta implícita: qué tipo de periodismo es posible cuando el tiempo y los recursos son cada vez más escasos.
Hersh, con 88 años, sigue publicando en plataformas independientes, trabajando con editores y verificadores. Esa elección no aparece como una nostalgia por el pasado, sino como una adaptación a un ecosistema mediático distinto. El film muestra que la forma cambia, pero el criterio permanece.
Los directores, Mark Obenhaus y Laura Poitras, confían en los materiales: documentos, testimonios, archivos personales. No hay recreaciones ni música enfática. El peso recae en los hechos y en las palabras de quienes participaron en ellos.
En su tramo final, Cover Up plantea una idea que atraviesa toda la obra de Hersh: una democracia no puede sostenerse si acepta sin revisión la versión oficial del poder. El documental no propone un modelo a imitar ni una épica del pasado. Muestra cómo se sostiene una práctica cuando la información oficial se impone como relato cerrado y el margen para discutirla se reduce. Porque el periodismo, tal como lo ejerce Hersh, funciona a base de fricción, desgaste y una desconfianza que nunca se resuelve del todo.
DISPONIBLE EN NETFLIX.




