Furia: la serie de Disney+ convierte el thriller policial en un ensayo sobre la violencia de género

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Protagonizada por Emmy Rossum y Lola Petticrew, Furia desplaza el interés del asesino serial hacia las consecuencias del abuso, la impunidad institucional y los límites de la justicia.

Los thrillers televisivos suelen construirse alrededor de una pregunta: quién mata y cómo atraparlo. Furia (Furious), la nueva serie de Disney+ creada por Elizabeth Meriwether, toma ese mecanismo como punto de partida para después prenderlo fuego. La investigación existe, los giros también, pero el conflicto se desarrolla en la distancia que separa la violencia sufrida por las mujeres de la violencia ejercida por ellas. La serie utiliza el policial para observar el modo en que el abuso altera la percepción del mundo, modifica los vínculos y produce formas distintas de entender la justicia.

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Emmy Rossum como Alice Black en Furia de Disney+

Furia: Una detective frente a su propio reflejo

La detective Alice Black (Emmy Rossum) dejó la policía de Nueva York después de denunciar por violencia doméstica a su pareja y colega, Marshall. Casi nadie le creyó, o casi nadie quiso creerle. La echaron sin echarla: la trasladaron a un puesto de oficina en el FBI, la forma más elegante que tiene una institución de decirle a alguien que sobra. Cada vez que vuelve a una escena del crimen encuentra un ambiente que todavía la considera una intrusa, alguien cuya palabra continúa bajo sospecha. La investigación se convierte así en una disputa permanente por recuperar autoridad dentro de un sistema que castiga con mayor rapidez a quien denuncia que a quien ejerce la violencia.

El cuerpo de Alice guarda la denuncia que nadie escuchó. Por las noches invita hombres a su casa para que la traten con violencia, y después los echa y se masturba. Es una forma de recuperar el control de algo que le fue arrebatado, un modo de decidir cuánto dolor entra y cuándo termina, después de haber vivido un tiempo en el que esa decisión no era suya.

Furia muestra las consecuencias íntimas del trauma femenino. El deseo, el miedo y la culpa aparecen mezclados de una manera difícil de ordenar. Alice busca situaciones que de alguna manera reproducen aquello que intenta dejar atrás, como si la repetición ofreciera una ilusión de control. Son conductas contradictorias porque la experiencia del abuso rara vez produce respuestas lineales.

La asesina serial como respuesta a la impunidad

Frente a ella aparece Catherine (Lola Petticrew, la actriz revelación de la serie revelación No Digas Nada), una chica que elige un camino distinto para la misma herida. Víctima de la trata de personas, mata a hombres protegidos durante años por su plata, su apellido o su cargo. Cada crimen posee una dimensión punitiva, aunque en Furia esa lógica nunca alcanza la comodidad de una fantasía de venganza. La violencia deja de ser solamente un acto físico para convertirse en una forma desesperada de recuperar una identidad destruida.

Furia arma así una galería de impunidad reconocible. La cámara no se detiene en el placer de la venganza; se detiene en la ceremonia que Catherine arma alrededor de cada muerte, como si el ritual –máscara, las palabras que les dedica mientras agonizan– fuera lo único que le permite dosificar tanto tiempo de rabia acumulada. La serie pregunta qué se supone que tiene que pasar con alguien a quien le robaron la adolescencia y después la devolvieron a una calle que no la quiere ver ni recordar.

La detective y la asesina serial son la misma mujer en dos historias distintas. Ambas fueron paridas por el mismo mundo, uno que les enseñó, de maneras distintas, que su dolor no es asunto de nadie más.

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Lola Petticrew como Catherine en Furia de Disney+

Nora, la mujer que vio demadiaso

Furia tiene uno de sus personajes más sólidos en Nora (Quincy Tyler Bernstine), la jefa de Alice en el FBI que trabaja hace demasiado tiempo en un sótano revisando material de abuso sexual. Toma mucho, sabe que toma mucho, y no finge que va a dejar de hacerlo: apenas encontró la manera de seguir yendo a trabajar todos los días después de ver lo que vio.

Su cinismo no nace del cansancio profesional sino de una acumulación interminable de casos donde las víctimas desaparecen del interés público mucho antes de obtener reparación. Nora representa la memoria que las instituciones prefieren esconder. Conoce demasiado bien los límites del sistema como saber que el verdadero poder nunca paga, pero no acepta el discurso resignado de que nada puede cambiar.

Para Nora, las víctimas de violencia terminan siendo, muchas veces, las más violentas, y lo dice no para acusarlas sino para nombrar el mecanismo completo: el sistema legal, la policía, la familia, el barrio entero fabrican, entre todos, a la persona que después va a hacer daño. Esa frase es la tesis silenciosa de Furia: no existe una única explicación sino una cadena de fracasos que se hereda.

Furia: Poder, credibilidad e impunidad

Durante la última década proliferaron las ficciones criminales centradas en asesinos seriales, detectives traumatizados y conspiraciones policiales. Muchas terminaron reciclando las mismas estructuras mientras incorporaban un vocabulario contemporáneo sobre violencia de género. Furia desplaza el interés desde el crimen hacia la experiencia de quienes sobreviven a la violencia y las decisiones contradictorias que toman después.

En ese sentido, la serie observa la relación entre poder y credibilidad. Los agresores ocupan posiciones desde donde desacreditar cualquier denuncia. Las mujeres, en cambio, necesitan demostrar una y otra vez que aquello que cuentan ocurrió. Ese desequilibrio atraviesa todos los niveles del relato, desde la policía hasta los tribunales y los medios de comunicación. La investigación criminal funciona como una prolongación de ese conflicto porque cada evidencia termina disputando el lugar que antes ocupó una mujer silenciada. Lo esencial pasa por observar cómo una vida continúa después de que el daño ya ocurrió y qué formas adopta la búsqueda de justicia cuando las instituciones parecen incapaces de ofrecerla.

Es registro permite que Furia encuentre una identidad propia dentro del género. El interés pasa menos por descubrir culpables que en comprender las condiciones que hicieron posible su existencia. La serie utiliza el policial para pensar la persistencia del abuso, la fragilidad de las instituciones y la dificultad de reconstruir una vida cuando la confianza ha sido destruida.

DISPONIBLE EN DISNEY+.

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Apolina Bangs

Apolina Bangs es Licenciada en Periodismo Cultural y crítica de cine con base en Barcelona. Con una trayectoria consolidada en el análisis de tendencias globales de cine y streaming, colabora habitualmente en diversas publicaciones de cultura y artes visuales en Europa y Latinoamérica. Cuando no está consumiendo cantidades excesivas de cultura pop, Apolina lee: desde Bukowski a Cortázar, pasando por su amado Lester Bangs. Es crítica residente de Plano Americano y una incansable defensora del cine independiente. Contacto: apolinabangs@planoamericano.com

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