El Robo (Steal), la nueva serie de Prime Video creada por Sotiris Nikias, arranca como un thriller impecable: Zara (Sophie Turner) está en el baño de la oficina con una hemorragia nasal. Es lunes, tiene resaca, lleva trabajando en Lochmill Capital el tiempo suficiente para saber que su vida no va a ningún lado. Entonces entran los ladrones: máscaras protésicas, armas automáticas, inhibidores de señal, la coreografía completa del atraco cinematográfico. La obligan a ella y a su compañero Luke (Archie Madekwe) a procesar una serie de transacciones que vacían £4 mil millones en pensiones de trabajadores británicos.
Cuando todo termina, Zara y Luke son sospechosos de haber colaborado con el robo. Zara tiene dos opciones: callarse y sobrevivir, o investigar por su cuenta y probablemente morir en el intento.
Seis episodios, ritmo acelerado, Turner entregando una actuación desordenada y brillante: El Robo es una serie sobre dinero, resentimiento y hasta dónde estás dispuesto a llegar cuando el sistema te mantiene en la superficie pero no te deja respirar.

El Robo (Steal): Sophie Turner y el descontento de una generación
Lo mejor de El Robo es Sophie Turner. Su Zara no es la heroína pulida de los thrillers convencionales sino una veinteañera arruinada que bebe demasiado, tiene un empleo sin futuro, vive en un departamento que apenas puede pagar y tiene una relación tóxica con su madre alcohólica (Anastasia Hille). Zara es astuta y vulnerable, determinada y autodestructiva. Turner no embellece al personaje: entiende que el descontento se actúa con pequeñas derrotas acumuladas.
El Robo funciona cuando se enfoca en esa frustración, cuando Zara se mueve con la rabia de alguien que sabe que el mundo no le debe nada pero tampoco ofrece una salida. La serie muestra su amistad con Luke, sus roles en Lochmill, el resentimiento que sienten hacia los colegas que ganan más por menos trabajo. Es un retrato generacional: jóvenes que estudiaron, trabajaron, que aprendieron a ser responsables y descubrieron que la vida pasa pero nunca para ellos. Porque el capitalismo tardío exige otra cosa para salir de su zona gris: ser depredador o seguir pagando intereses en la tarjeta.
La serie habla de eso: de la clase trabajadora que dejó de existir en el discurso pero sigue existiendo en la realidad. El problema es que no confía en que eso sea suficiente. Necesita agregar capas: una conspiración que llega hasta MI5, un detective (Jacob Fortune-Lloyd) con adicción al juego, un multimillonario corrupto, cuentas offshore, billeteras frías, traiciones arbitrarias que complican la trama. La serie se enreda en su propia mitología financiera que pierde de vista lo que realmente importa: el descontento burbujeando bajo la superficie de la sociedad y las cosas extremas que la gente está dispuesta a hacer para tener una vida que sienten merecer.

El Robo: La serie de Prime Video y el dinero como lenguaje
Lo interesante de El Robo es cómo trata al dinero como lenguaje. Los personajes no hablan de sus emociones, hablan de sus deudas. No expresan amor o miedo, expresan cuánto necesitan, cuánto les falta, cuánto les deben. Los millonarios (Peter Mullan) tratan a la policía con desprecio porque el dinero les compró el derecho de hacerlo. En su mundo, la ley es una molestia que se resuelve con abogados caros y cuentas en paraísos fiscales. Para Zara y Luke, la ley es lo único que los separa de la cárcel o la muerte.
Nikias estructura El Robo como un laberinto de conspiraciones. Por momentos funciona porque replica cómo se siente vivir en el capitalismo tardío: todo está conectado de maneras que no entendés, todo es más complicado de lo que parece, y cuando finalmente encontrás una respuesta, descubrís que era solo otra capa de un problema más grande.
La serie invoca ideas sobre desigualdad, sobre un mundo donde “millones mueren de hambre mientras los responsables vuelan en jets privados sobre incendios forestales”. El Robo no pretende descubrir la injusticia del sistema, pretende mostrar cómo se vive dentro de esa injusticia, cómo el dinero se convierte en la única métrica que importa, cómo incluso los que se rebelan contra el sistema terminan hablando su idioma.
El Robo podría haber sido más audaz, podría haber quemado más puentes, pero también entiende que la gente como Zara tiene que seguir viviendo en el mundo que ayudaron a robar. Lo que queda es Sophie Turner brillando en medio de un thriller que no sabe qué hacer con su propia rabia, una serie que empieza preguntando cuánto estás dispuesto a arriesgar por una vida mejor y termina respondiendo: no lo suficiente.




