Ryan Murphy no inventó The Beauty (Belleza Perfecta). Lo encontró en Image Comics, donde Jeremy Haun y Jason A. Hurley publicaron 30 números entre 2015 y 2021 sobre una enfermedad de transmisión sexual que convierte a la gente en versiones perfectas de sí mismos. El cómic se desarrolla como un relato policial, político y social sobre la belleza como virus, sobre el deseo convertido en pandemia.
En 2015, cuando se lanzó el cómic, la idea sonaba a ciencia ficción oscura. En 2026, con Ozempic en todas partes y la cultura del cuerpo convertida en obsesión global, The Beauty se lee como profecía. La serie de Murphy parte de este material, pero el cómic ofrece un marco más amplio y menos espectacular en lo visual, apoyado en una lógica narrativa que privilegia la progresión del conflicto antes que el impacto inmediato.
Para entender qué propone la serie, conviene volver al origen y revisar cómo funciona The Beauty en su versión impresa.

The Beauty: De qué trata el cómic original
El cómic abre dos años después de que The Beauty se volviera pandemia. Quienes la contraen experimentan una transformación física completa: pérdida de peso, piel sin marcas, cabello rejuvenecido, rasgos faciales más armónicos. Doscientos millones de estadounidenses están infectados, la mitad del mundo tiene la enfermedad. Hay grupos activistas a favor y en contra, crímenes de odio, homicidios, atentados. La división entre los que tienen The Beauty y los que no se volvió la nueva frontera de la discriminación. Para algunos es el símbolo definitivo de estatus, para otros la traición definitiva a la humanidad.
Jeremy Haun y Jason A. Hurley construyen un mundo donde la belleza dejó de ser aspiración para convertirse en epidemia, donde la gente se contagia a propósito o se despierta transformada sin saber que cogió con alguien infectado. El cómic no erotiza la enfermedad ni la condena: simplemente la muestra como una fuerza que cambió las reglas del juego social y sexual para siempre.
Lo interesante es cómo el cómic maneja la ambigüedad moral. The Beauty no te hace imposiblemente atractivo, solo crea una versión mejorada de vos mismo. Uno de los arcos de el cómic es el de un hombre que lucha para conseguir una cita porque es naturalmente tan atractivo que todos asumen que tiene la enfermedad, y nadie quiere contagiarse por accidente. La belleza se volvió sospechosa, el deseo se volvió peligroso, y el sexo casual se convirtió en ruleta rusa estética.
La trama central sigue a dos detectives tratando de conectar los puntos detrás de una serie de muertes explosivas. Todos los que combustionan espontáneamente tienen The Beauty. La investigación revela que cualquiera infectado muere aproximadamente dos años después del contagio. El cuerpo no soporta la transformación permanente: la belleza tiene fecha de vencimiento, y esa fecha es una sentencia de muerte.
Los detectives descubren una posible cura, pero un sicario enmascarado –Mr. Calaveras– está decidido a detenerlos. Protege los intereses de quienes crearon la enfermedad y la esparcieron globalmente, y una cura amenaza con exponer su participación. El cómic se mueve entre thriller policial y horror corporal, entre la investigación metódica y la violencia extrema.
Después de un enfrentamiento brutal, Mr. Calaveras es derrotado y los sobrevivientes comienzan a distribuir la cura. El último número, publicado en 2021, muestra un mundo donde The Beauty fue erradicada. Los que quedan vivos procesan sus nuevos cuerpos –la cura permite sobrevivir pero deja cicatrices severas por toda la piel– mientras consideran el costo de haber perseguido la belleza. Es un final amargo: sobrevivís, pero marcado para siempre, cargando en el cuerpo la evidencia de tu vanidad.

Belleza Perfecta: Diferencias entre el cómic y la serie de Ryan Murphy
La serie Belleza Perfecta de Ryan Murphy mantiene la premisa pero modifica la ejecución. En el cómic, The Beauty es solo una enfermedad de transmisión sexual. En la serie, hay dos versiones: la ETS que se esparce sin control y una versión inyectable creada por un multimillonario llamado Byron Forst (Ashton Kutcher). Esta segunda versión no solo transforma físicamente sino que parece tener efectos estables a largo plazo. Es belleza como producto, no solo como contagio.
Murphy convierte The Beauty en crítica al capitalismo farmacéutico, a la cultura Ozempic, a los billonarios que venden soluciones mágicas. Forst está dispuesto a destruir lo que sea para proteger sus márgenes de ganancia, y la versión sexualmente transmitida amenaza con arruinar su negocio. Es un giro inteligente: el cómic hablaba de vanidad individual, la serie habla de vanidad sistémica.
La transformación física también es más extrema en la serie. En el cómic, te despertás con fiebre y sos una versión mejorada de vos mismo. En la serie, el cuerpo se contorsiona, segrega fluidos, termina encapsulado en un capullo de mucosidad antes de emerger como una persona completamente diferente. Murphy usa el efecto televisivo del cambio de actor post-transformación, lo cual eleva las apuestas: no solo cambiás, dejás de ser vos. Es body horror puro, Cronenberg filtrado por estética de videoclip.

Dos detectives, once episodios y la pregunta que nadie quiere responder
La serie arranca donde el cómic terminaría: con The Beauty todavía en secreto, antes de volverse pandemia. El primer episodio muestra a una modelo (Bella Hadid) causando estragos en París antes de combustionar. Dos agentes del FBI –Cooper Madsen (Evan Peters) y Jordan Bennett (Rebecca Hall)– investigan y descubren un patrón: modelos muriendo de manera similar en toda Europa, todas irreconocibles comparadas con fotos de años anteriores.
Murphy dedica los primeros episodios a Jeremy (Jaquel Spivey), un incel furioso y solitario que odia su cuerpo. Encuentra un cirujano plástico en un foro online, la cirugía falla, ataca la oficina del médico, y antes de matarlo recibe una oferta: una mujer con The Beauty que se acuesta con él y lo transforma en otra persona (Jeremy Pope post-transformación). Es el origen de la epidemia contado desde la perspectiva masculina, desde el resentimiento y la desesperación.
El cómic corría 30 números en seis años. Murphy tiene 11 episodios para contar una historia que apenas empieza. Solo tres episodios han salido al aire, lo cual significa que hay ocho más de misterio, conspiración, cuerpos mutando y preguntas sobre cuánto estarías dispuesto a pagar por ser bello.

La belleza como sistema y como amenaza
Lo que hace interesante a The Beauty –tanto en cómic como en serie– es que no moraliza. No te dice que la belleza es mala o que la vanidad es pecado. Te muestra un mundo donde la belleza se volvió accesible y te pregunta: ¿la aceptarías? ¿Incluso sabiendo que te mata en dos años? ¿Incluso sabiendo que dejarías de ser vos?
El cómic de Haun y Hurley es una fábula sobre cómo la sociedad trata el cuerpo como problema a resolver, sobre cómo la industria de la belleza convirtió la inseguridad en commodity. La serie de Murphy amplifica eso y lo conecta con ansiedades contemporáneas: Ozempic, cirugías estéticas, filtros de Instagram, la presión constante de verse perfecto en un mundo que solo valora la superficie.
The Beauty funciona porque entiende que el horror no está en la transformación sino en el deseo que la hace posible. La enfermedad no te obliga a cambiar: vos elegís contagiarte, vos elegís el riesgo. Y esa elección dice más sobre la sociedad que creó The Beauty que sobre la enfermedad misma.
En el cómic, la cura llega pero deja cicatrices permanentes. En la serie, todavía no sabemos si habrá cura o si Murphy va a dejar que la epidemia se expanda sin freno. Lo que sí sabemos es que tanto Haun y Hurley como Murphy entienden algo fundamental: que la belleza siempre fue una trampa, que el cuerpo siempre fue campo de batalla, y que en un mundo obsesionado con la perfección, la única pregunta que importa no es si podés ser bello sino cuánto estás dispuesto a perder para conseguirlo.
DISPONIBLE EN DISNEY+.




