Lionsgate estrenó el primer tráiler de Michael, la película que Antoine Fuqua dirige sobre la vida de Michael Jackson. El avance muestra a Jaafar Jackson –sobrino del cantante– ensayando en un estudio con Quincy Jones, mientras suena Wanna Be Startin’ Somethin. A simple vista, parece una reconstrucción de los años de gloria: el ascenso de un niño prodigio a la condición de ícono global. Pero Michael no es solo una biografía musical. Es el intento más ambicioso del cine por controlar la memoria de un artista cuya figura está dividida entre el artista descomunal y la sospecha.
Con estreno previsto para el 23 de abril de 2026, Michael llega después de un proceso prolongado y accidentado. El rodaje terminó en mayo de 2024, pero las versiones sobre cortes, regrabaciones y disputas legales marcaron su producción. Lo que debía ser un lanzamiento en 2025 se transformó en un proyecto que buscó rehacerse a sí mismo. En el centro, como siempre, está Michael Jackson: un nombre que todavía divide al público y a la industria.

Michael y la construcción del mito Jackson
El guion de Michael, escrito por John Logan, cubre el recorrido completo del artista: desde los días del joven líder de los Jackson Five hasta los años de éxito en solitario y su consagración definitiva con Thriller. Pero la película no parece dispuesta a revisar la dimensión más oscura de esa historia. En el tráiler, los fragmentos de infancia, los ensayos con Quincy Jones y las escenas de conciertos componen una visión controlada del personaje: un retrato de la perfección y la entrega.
Antoine Fuqua, un director acostumbrado al relato del esfuerzo masculino y la redención (Training Day, Emancipación), parece asumir que la mejor forma de entender a Jackson es a través del trabajo. Michael lo muestra como un profesional que busca una pureza inalcanzable, y en ese gesto se filtra algo esencial: el sistema que lo convirtió en leyenda también lo moldeó hasta la extenuación.
El hecho de que Jaafar Jackson interprete a su propio tío refuerza esa idea de continuidad. Es una elección cargada de intención, una manera de mantener el control familiar sobre la imagen del artista. Michael se presenta, así, como un relato autorizado, un espejo pulido donde las zonas conflictivas –el aislamiento, los juicios, las acusaciones– apenas se insinúan.

Michael: Una película marcada por la corrección
Lionsgate y el productor Graham King –responsable de Bohemian Rhapsody, el biopic de rock más taquillero de la historia– apuestan por el mismo modelo: un espectáculo visual que celebra la música y atenúa los bordes incómodos. Pero la historia de Jackson no puede contarse solo desde la fascinación. Los retrasos en el rodaje y los rumores sobre la imposibilidad legal de representar a Jordan Chandler, uno de los menores que acusó a Jackson de abuso en los 90s, revelan las tensiones detrás del proyecto. El estudio lo niega, pero la película parece diseñada para esquivar el escándalo más que para entenderlo.
En definitiva, Michael es un catálogo de gestos reconocibles: la coreografía, el brillo del escenario, la voz aguda que busca la nota imposible. Fuqua y Logan apuestan a que el recuerdo del talento supere cualquier incomodidad. En ese sentido, Michael es tanto una biografía como una operación de restauración: una forma de devolver a Jackson al su lugar de artista incomparable.
El biopic como forma de legado
La decisión de centrar la narración en la relación entre Jackson y Quincy Jones sugiere un intento de explicar el genio a través de su disciplina. Pero el verdadero tema de Michael es la forma en que el entretenimiento absorbe incluso a sus mártires. Jackson fue el producto más exitoso de la cultura pop industrial, y su caída fue la consecuencia natural de esa exposición perpetua. Convertirlo ahora en personaje de una superproducción significa repetir, con otro lenguaje, el mismo mecanismo que lo destruyó.
El adelanto termina con una frase de Jackson: “Honra tu pasado y abraza el futuro.” No es solo una línea de guion, sino el manifiesto del proyecto. Michael se propone honrar el pasado sin discutirlo, abrazar el futuro sin preguntarse qué costo tuvo. Fuqua filma la superficie de un mito mientras evita el fondo del abismo. El resultado puede ser brillante o inútil, pero su gesto es claro: el cine, como la industria que Jackson ayudó a definir, siempre termina volviendo al escenario.
Mirá el tráiler a continuación:



