Meryl Streep: Marvel hizo del cine algo “tan aburrido”

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Meryl Streep habló sobre la complejidad moral de Miranda Priestly en El Diablo Viste a la Moda 2 y aprovechó para cuestionar la narrativa del cine de superhéroes.

Meryl Streep tiene 75 años, acaba de negociar el doble de su caché original para volver a ponerse la peluca plateada de Miranda Priestly, y en una entrevista de promoción para El Diablo Viste a la Moda 2 dijo lo que piensa sobre Marvel con la misma elegancia con que su personaje despacha a sus asistentes: sin levantar la voz. “Ahora tendemos a marvelizar las películas. Tenemos a los villanos y tenemos a los buenos, y es tan aburrido.”

Pero lo interesante no es que Meryl Streep haya dicho algo así. Lo interesante es que lo dijo mientras promocionaba una secuela producida por Disney, que es la empresa que compró Marvel, que es la empresa que compró Fox, el estudio que hizo la película original.

La declaración salió en el programa Hits Radio Breakfast Show, donde Meryl Streep apareció junto a Anne Hathaway y Emily Blunt. La entrevistadora Fleur East le preguntó sobre el lado más humano de Miranda en El Diablo Viste a la Moda 2, y Streep aprovechó para elaborar una tesis breve pero contundente sobre Marvel y el cine contemporáneo:

“Lo que realmente es interesante de la vida es que algunos héroes son imperfectos y algunos villanos son humanos e interesantes y tienen sus propias fortalezas. Eso es lo que me gusta de El Diablo Viste a la Moda 2. Es más desordenada.” La palabra que eligió –messier– dice más que cualquier análisis académico sobre la diferencia entre el cine de personajes y el cine de franquicias.

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Meryl Streep como Miranda Priestly en El Diablo Viste a la Moda 2

Meryl Streep y la “marvelización” del cine

Meryl Streep tiene razón, por supuesto. El problema con Marvel no es solo la simplificación moral sino la estandarización emocional: cada película está calibrada para producir exactamente la misma respuesta en exactamente el mismo momento. El chiste a los veinte minutos, la revelación a los sesenta, el sacrificio a los cien. Es una arquitectura narrativa tan eficiente que ya no necesita personajes, solo funciones.

Lo que Streep llama aburrimiento es en realidad la ausencia de riesgo. Y el riesgo –el de un personaje que no se puede reducir a héroe ni a villano, el de una escena que no se sabe cómo va a terminar– es exactamente lo que hace que valga la pena sentarse en la oscuridad durante dos horas.

Ahora bien: hay algo cómodo en el gesto de Streep. Criticar Marvel desde la plataforma de una secuela tardía de Disney es una posición que requiere cierta flexibilidad ideológica. El Diablo Viste a la Moda 2 no es cine de autor ni cine de riesgo: es una comedia de estudio, con cameos de diseñadores y una resolución que deja a casi todos los personajes más o menos a salvo. Que dentro de ese formato Streep construya una Miranda Priestly con capas y contradicciones es mérito suyo, no del sistema que la produce. Streep lo sabe. Por eso no critica al sistema: critica al género. Es una distinción conveniente.

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Meryl Streep en El Diablo Viste a la Moda 2

El Diablo Viste a la Moda 2: Miranda Priestly como antídoto a los superhéroes

Lo que resulta revelador de la entrevista es la anécdota que contó Anne Hathaway sobre la inteligencia artificial. Estaba seleccionando candidatos para un puesto y recibió cartas de agradecimiento idénticas de todos los postulantes, claramente generadas por ChatGPT. “Llegó la primera y pensé: ‘Qué profesional.’ Llegó la segunda y pensé: ‘No, no puede ser.'” Streep, horrorizada, remató: “¿Hay tantas Anne Hathaways a las que vas a postularte que no podés escribirlo vos misma? Eso sería un eliminador absoluto. No dejen que lo humano se escape, chicas. El futuro es femenino, así que más les vale aferrarse a él.”

La frase conecta directamente con lo que El Diablo Viste a la Moda 2 está diciendo sobre el periodismo y la moda: que en un mundo donde todo se puede generar automáticamente, lo que tiene valor es exactamente lo que no se puede automatizar. La voz propia. El criterio. El gusto cultivado durante décadas.

Todo lo que Miranda Priestly representa –con sus crueldades y sus miserias y su negativa a rendirse ante el algoritmo– es, en el fondo, una defensa de lo artesanal contra lo escalable. Que Meryl Streep lo articule en una entrevista de radio mientras promociona una película de Disney no lo hace menos cierto. Solo lo hace más irónico. Y la ironía, como sabe cualquier buen personaje de cine, es la forma más sofisticada de la verdad.

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