Josh D’Amaro es el nuevo CEO de Disney

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Disney define su sucesión: Josh D’Amaro asume como CEO tras Bob Iger, con foco en parques, negocio global y un nuevo esquema creativo liderado por Dana Walden.

Disney resolvió una de las transiciones más observadas de su historia reciente. Josh D’Amaro fue confirmado como nuevo CEO de la compañía y reemplazará a Bob Iger a partir de marzo, luego de un proceso largo, expuesto y condicionado por la experiencia fallida de la última sucesión. El anuncio cierra una etapa marcada por la excepcionalidad: el regreso de Iger, la presión del mercado y la necesidad de ordenar el poder interno sin improvisaciones.

La decisión no es solo un cambio de nombres. Define qué área de Disney pasa a ocupar el centro del negocio y cómo se organiza la relación entre gestión, creatividad y expansión global. D’Amaro llega desde el área de parques, experiencias y productos de consumo, hoy la principal fuente de ingresos y rentabilidad de la empresa. En paralelo, Dana Walden fue designada presidenta y directora creativa, un rol nuevo que reorganiza el mapa interno sin desplazarla del núcleo de decisiones.

La sucesión, esta vez, no busca continuidad simbólica sino estabilidad operativa.

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Disney y la era post Bob Iger

Disney ordena su sucesión tras la era de Bob Iger

Bob Iger dejará el cargo con un calendario claro y sin ambigüedades. Permanecerá como asesor senior y miembro del directorio hasta fines de 2026, pero el mando ejecutivo pasará de forma efectiva a D’Amaro. El directorio necesitaba cerrar ese proceso con anticipación para evitar repetir el esquema anterior, cuando Iger delegó el puesto pero retuvo influencia informal, un equilibrio que terminó en conflicto abierto.

La salida de Bob Chapek en 2022 dejó una marca profunda. No solo por las decisiones erráticas de su gestión, sino porque expuso un problema estructural: Disney no podía permitirse un CEO sin conocimiento integral del negocio ni margen político interno. La prioridad de la junta directiva fue, desde entonces, reducir el riesgo.

D’Amaro encaja en ese diagnóstico. Ingresó a la compañía en 1998 y recorrió áreas financieras, de licencias, marketing y operación. Fue presidente de Disneyland Resort y de Walt Disney World antes de asumir la conducción global de parques, cruceros, productos y Walt Disney Imagineering. Su perfil es el de un ejecutivo formado dentro del sistema, con experiencia directa en la escala y complejidad de la empresa.

El mensaje del directorio es explícito: la sucesión no se resolvió por carisma ni por narrativa creativa, sino por control del negocio.

Josh D’Amaro: Disney apuesta al peso de parques y experiencias

El ascenso de Josh D’Amaro confirma un dato que viene repitiéndose en los balances. Mientras el cine y la televisión atravesaron un ciclo irregular –marcado por la pandemia, la reconfiguración del streaming y el impacto de las huelgas–, el área de parques y experiencias se consolidó como el motor financiero de Disney.

Bajo su gestión, esa división alcanzó cifras récord y se convirtió en el principal sostén de la compañía. El plan de inversión de 60 mil millones de dólares para la próxima década, destinado a expansión de parques, nuevos destinos, hoteles y cruceros, tiene en D’Amaro a su arquitecto principal. El nuevo parque en Abu Dhabi y la ampliación de la flota de Disney Cruise Line no son proyectos periféricos: son el centro de la estrategia.

La elección del CEO refleja esa realidad. Disney privilegia hoy un liderazgo orientado a la ejecución, al crecimiento físico y a la experiencia directa del consumidor. El relato, en este esquema, no desaparece, pero pasa a cumplir una función instrumental: alimentar marcas, sostener franquicias y justificar inversiones de gran escala.

Esa lógica explica también por qué el directorio descartó la opción de un CEO externo. El volumen de operaciones y la diversidad de negocios hacen inviable una adaptación rápida desde afuera. La sucesión debía resolverse puertas adentro.

Dana Walden y el nuevo equilibrio creativo

La designación de Dana Walden como presidenta y directora creativa introduce una novedad relevante. No se trata de un ascenso simbólico ni de un premio consuelo. El rol fue creado para reorganizar el poder creativo y evitar que esa área pierda peso frente al dominio operativo de parques y experiencias.

Walden concentra bajo su órbita televisión, streaming y desarrollo de contenidos, con una trayectoria que incluye Fox, ABC, Hulu y Disney+. Su permanencia en la compañía era un factor clave para el directorio, no solo por su experiencia sino por el riesgo político que implicaba perderla tras quedar fuera de la carrera por el CEO.

El nuevo esquema separa funciones con mayor claridad: D’Amaro conduce la compañía, Walden administra el núcleo creativo y reporta directamente al CEO. No hay una división simétrica del poder, pero sí un intento de evitar fricciones públicas y superposiciones.

La estructura también funciona como señal interna. Disney reconoce que su valor de marca sigue dependiendo del contenido, incluso cuando la rentabilidad inmediata proviene de parques, productos y licencias. El desafío será sostener ese equilibrio en un contexto donde las prioridades financieras son cada vez más visibles.

D’Amaro hereda una empresa más ordenada que en 2022, pero no exenta de tensiones. El negocio del streaming sigue en ajuste, el cine busca recuperar previsibilidad y la relación entre creatividad y escala industrial continúa siendo frágil. Su gestión comenzará con un mandato claro: hacer crecer lo que ya funciona y no desestabilizar el sistema.

El cambio de CEO marca una decisión de gobierno corporativo: reducir el margen de error y apostar por un liderazgo formado en la parte más sólida del negocio.

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