Catherine O’Hara murió hoy en su residencia de Los Ángeles. Tenía 71 años. Su agencia CAA confirmó que la actriz canadiense falleció tras una breve enfermedad, cerrando una carrera de cinco décadas que la llevó desde la televisión sketch hasta convertirse en una de las figuras más reconocibles de la comedia norteamericana.
O’Hara construyó su trayectoria sobre una capacidad única para moverse entre registros. Podía ser la madre histérica de Mi Pobre Angelito, la excéntrica Moira Rose de Schitt’s Creek o dar voz a personajes animados con la misma convicción. Su trabajo nunca dependió de un solo formato ni de un solo tipo de personaje. Esa versatilidad le permitió mantenerse vigente durante décadas en una industria que tiende a descartar a las mujeres a medida que envejecen.
Nacida en Toronto, Catherine O’Hara comenzó su carrera en el Second City Theatre antes de cofundar Second City Television (SCTV) junto a Eugene Levy. La serie, que se emitió entre 1976 y 1983, fue un laboratorio de personajes que definió el humor televisivo de la época. O’Hara creó figuras como Lola Heatherton, una cantante de lounge al borde del colapso cuya frase “¡Te amo! ¡Quiero tener tus hijos!” se convirtió en un sello de su trabajo, y Lorna Minnelli, una parodia que fusionaba a las hijas de Judy Garland. Por ese trabajo ganó su primer Emmy y recibió cuatro nominaciones como guionista.

Catherine O’Hara y el renacimiento tardío en Schitt’s Creek
Después de SCTV, O’Hara se movió al cine. Trabajó con Tim Burton en Beetlejuice, interpretó a la madre de Kevin McCallister en las dos primeras entregas de Mi Pobre Angelito y colaboró repetidamente con Christopher Guest en Waiting for Guffman, Best in Show, A Mighty Wind y For Your Consideration. Esas películas, construidas sobre improvisación y personajes excéntricos, le dieron espacio para desarrollar un estilo propio: comedias de observación social en las que lo ridículo convive con lo humano.
Pero fue Schitt’s Creek la que redefinió su carrera. La serie de CBC, creada por Eugene y Dan Levy, la puso en el centro de una comedia sobre una familia rica que lo pierde todo y debe reconstruirse en un pueblo olvidado. Moira Rose, su personaje, era una actriz venida a menos que hablaba con acento indefinido y usaba pelucas extravagantes. El papel le valió su segundo Emmy, un Globo de Oro, un premio SAG y múltiples galardones canadienses. Schitt’s Creek se convirtió en un fenómeno global durante la pandemia y consolidó a O’Hara como una actriz capaz de sostener una serie en un momento en que la televisión se fragmentaba en plataformas.
Ese éxito abrió otras puertas. Participó en The Last of Us de HBO y en El Estudio de Apple TV+, donde interpretó a una ejecutiva de Hollywood marginada por su propio estudio. Ambos papeles le dieron nuevas nominaciones al Emmy. También regresó al cine en Beetlejuice Beetlejuice, retomando el personaje de Delia Deetz más de tres décadas después.
El legado de una actriz que nunca dejó de trabajar
Catherine O’Hara mantuvo una ética de trabajo constante. No desapareció entre proyectos ni se refugió en un solo tipo de papel. Hizo voces para El Extraño Mundo de Jack (The Nightmare Before Christmas) y Chicken Little, apareció en episodios de Six Feet Under y Curb Your Enthusiasm, y protagonizó Temple Grandin en HBO, que le dio nominaciones al Emmy, al SAG y al Satellite. Su carrera no fue la de una estrella que explotó de golpe, sino la de alguien que construyó una presencia sostenida en múltiples formatos.
En una entrevista con Variety sobre El Estudio en 2025, O’Hara reflexionó sobre los cambios en la industria. Dijo que el negocio debía ser “mucho más nervioso ahora que en el pasado” y que internet y el streaming habían abierto “un mundo de posibilidades buenas y horribles”. A pesar de la sátira mordaz de El Estudio sobre la cultura ejecutiva de Hollywood, O’Hara insistió en que “la mayoría de la gente intenta hacer buen trabajo y quiere hacer buen trabajo. Y la mayoría quiere entretenerse”.
Esa visión pragmática y sin cinismo resume buena parte de su enfoque. Catherine O’Hara no fue una actriz de manifiestos ni de declaraciones grandilocuentes. Trabajó, aportó, colaboró. Hizo películas esenciales y películas mediocres. Su química con Eugene Levy atravesó décadas y proyectos, desde SCTV hasta Schitt’s Creek. Esa continuidad es rara en Hollywood y habla de una profesional que entendía el valor de las alianzas creativas a largo plazo.
Fue nombrada alcaldesa honoraria de Brentwood en 2021, un gesto que reconocía su arraigo en Los Ángeles pese a sus orígenes canadienses. Mantuvo una amistad cercana con Macaulay Culkin, a quien homenajeó en su ceremonia en el Paseo de la Fama en 2023. Esos vínculos personales, que trascendieron lo laboral, hablan de alguien que generó respeto y afecto en la industria.
Le sobreviven su esposo, el diseñador de producción Bo Welch, sus hijos Matthew y Luke, y sus hermanos Michael, Mary Margaret, Maureen, Marcus, Tom y Patricia. La familia anunció que se realizará una celebración privada.




