Crítica Send Help (¡Ayuda!): El apocalipsis tiene nombre de mujer

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Pesadilla física, comedia negra y guerra de clases: Send Help es una fantasía salvaje de emancipación laboral donde Sam Raimi observa cómo se reorganiza el mundo cuando desparecen las jerarquías.

Rachel McAdams vomita sangre en una playa mientras Dylan O’Brien la mira desde el suelo con la pierna doblada en un ángulo que la naturaleza no diseñó. Están solos, lejos de todo, y lo que acaba de pasar entre ellos no tiene nada que ver con la supervivencia y todo que ver con el poder. Send Help (¡Ayuda!) es la película que Sam Raimi lleva décadas queriendo hacer: un horror-comedia sobre jefes y empleados donde el monstruo tiene traje y la heroína décadas de ira acumulada esperando el momento exacto para explotar.

Send Help comienza en el infierno blanco de las corporaciones, ese espacio donde la violencia es burocrática y el abuso tiene buenos modales. Linda Liddle (Rachel McAdams) es competente hasta la invisibilidad, eficiente hasta la explotación. Lleva años haciendo el trabajo que otros se atribuyen, esperando la promoción que le prometieron. Entonces llega Bradley Preston (Dylan O’Brien), un nepo baby con instintos de American Psycho, y su primer acto como nuevo CEO es entregarle el puesto de Linda a su amigo de fraternidad. Lealtad tribal, la única métrica que los hombres como Bradley conocen.

Cuando el avión privado de la empresa se estrella camino a Bangkok y solo sobreviven Linda y Bradley varados en una isla del Golfo de Tailandia, la película muta. Lo que sigue es una redistribución violenta del poder: sobre qué pasa cuando el jefe y la empleada quedan solos en el paraíso y el paraíso resulta ser el mejor escenario posible para ajustar cuentas.

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Dylan O’Brien como Bradley Preston en Send Help de Sam Raimi

Send Help (¡Ayuda!): Rachel McAdams, o cuando la jerarquía corporativa se estrella en el paraíso

Linda llega a la isla como víctima designada: encorvada, gris, pidiendo perdón por respirar. Pero la supervivencia le queda bien. Hace fuego y grita de felicidad como si acabara de descubrir el orgasmo. Mata un jabalí y se queda mirándolo con una mezcla de orgullo y lujuria que resulta perturbadora. Se broncea, se fortalece, se vuelve hermosamente peligrosa. McAdams actúa como si no supiera si está en una película o en un sueño húmedo: es pura fisicalidad, puro cuerpo que recupera su soberanía.

Bradley, mientras tanto, colapsa en ausencia del capitalismo. Se niega a comer, se queja del sol, rechaza la realidad. Sus instinto de supervivencia es tan básico que parece un intento de suicidio. Dylan O’Brien entiende el gesto exacto que le pide la película: no exagerar. Bradley es un hombre banalmente cruel, convencido de su encanto porque nunca tuvo que enfrentarse a un límite. Su degradación física –el hambre, la herida, la suciedad– no lo vuelve sabio ni humilde. Solo lo vuelve más desesperado.

Send Help es sátira laboral disfrazada de horror tropical. Linda no pelea contra la naturaleza: pelea contra años de ser tratada como recurso renovable. Ahí, lejos de las reglas que protegen a los Bradley del mundo, Linda finalmente puede ser lo que siempre fue: más fuerte, más inteligente, más capaz. Raimi filma su empoderamiento como western: solitaria, letal, moralmente ambigua. La empleada que muta en forajida para imponer ley en tierra sin ley.

El director de 66 años dirige con la energía de alguien que lleva años esperando la excusa perfecta para volver al gore artesanal. Raimi siempre entendió que el cine no ocurre en las ideas sino en los cuerpos, y Send Help camina la línea peligrosa entre crueldad y catarsis. La fotografía de Michael Burgess alterna entre postal turística y registro forense: la cámara persigue el dolor físico con entusiasmo casi erótico: huesos que crujen, piel que se desgarra, fluidos que salpican. Porque a veces, la venganza no es dulce ni edificante: es necesaria. Y ciertas injusticias no se reparan con terapia sino con retribución física.

Al final, Send Help deja una pregunta flotando: ¿qué hacemos cuando el sistema que nos oprime colapsa? Linda ya sabe la respuesta. Y promete sangre.

Tráiler de la película:

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