Crítica I Want Your Sex: Gregg Araki quiere que vuelvas a coger

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En I Want Your Sex, Gregg Araki examina una generación cuya relación con el sexo está atravesada por el consentimiento, la exposición y el miedo.

El sexo envejece peor que el rock. I Want Your Sex es la película de un director que en los 90s hizo del deseo una forma de vandalismo y ahora se pregunta qué pasó con una generación que aprendió a desconfiar de él. Gregg Araki regresa al cine después de doce años con una comedia negra que recupera su fascinación por los jóvenes perdidos, las drogas, la perversión, el absurdo y los cuerpos fuera de lugar, pero encuentra algo nuevo: una época donde el sexo viene acompañado por advertencias, capturas de pantalla, consentimiento y la sospecha de que alguien siempre está haciendo algo mal.

Una juventud criada bajo vigilancia que no se acuerda cómo coger. Araki quiere tu sexo, pero se pregunta si todavía existe alguien dispuesto a darlo.

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Olivia Wilde como Erika Tracy en I Want Your Sex

I Want Your Sex: Por qué el sexo se volvió un problema generacional

Gregg Araki construyó su cine alrededor de jóvenes que parecían haber nacido después del apocalipsis, aunque nadie hubiera tenido la delicadeza de avisarles. Debutó con películas de guerrilla y se consagró con The Living End en 1992, uno de los textos fundacionales del New Queer Cinema. En su trilogía Teenage ApocalypseTotally F**ed Up*, The Doom Generation, Nowhere– hizo un refugio para los excluidos del sueño americano: quemados, raros, expulsados del colegio y de la heteronorma, donde el deseo aparecía mezclado con drogas, violencia, enfermedad, soledad y una pulsión de muerte que convertía la marginalidad en supervivencia.

I Want Your Sex recupera algunos de esos elementos, pero cambia el ecosistema. Elliot (Cooper Hoffman) ya no es un adolescente perdido. Es un zillennial desempleado, hipersexualizado, mantenido. Tiene novia (Charli XCX), pero ella está más interesada en su tesis de neurofarmacología que en el sexo. Tiene departamento, pero su amiga Apple (Chase Sui Wonders) paga el alquiler. Tiene tiempo libre, pero ninguna idea de qué hacer con él.

La salida aparece cuando consigue trabajo como asistente de Erika Tracy (Olivia Wilde, con sonrisa de depredadora), una artista contemporánea famosa por convertir su sexualidad en obra y su personalidad en escándalo. Erika contrata a Elliot como asistente y luego lo transforma en otra cosa: subordinado, amante, material artístico.

La relación BDSM avanza mientras el trabajo y el sexo dejan de tener fronteras reconocibles. Elliot descubre el placer de someterse. Erika juega con los límites porque para ella los límites son parte del juego. Ella manipula. Él participa. I Want Your Sex recorre ese territorio inestable donde consentimiento, fascinación, poder y explotación son lo mismo con distinto nombre.

Olivia Wilde y Cooper Hoffman: poder, deseo y consentimiento

Erika es la criatura perfecta para ese experimento. Olivia Wilde la interpreta como una artista que convirtió la provocación en profesión y la provocación terminó convirtiéndose en una jaula. Sus vestidos parecen diseñados para una denuncia de recursos humanos. Sus conversaciones tienen la libido de una conferencia sobre arte contemporáneo dada por Sasha Grey. Todo en Erika tiene algo de exceso deliberado, como si cada objeto, cada palabra y cada centímetro de piel debiera demostrar que todavía existe una frontera que el arte puede cruzar.

Pero Erika llega tarde a su propia revolución. En los 90s, Araki podía poner sexo, drogas, homosexualidad, violencia y nihilismo en pantalla y convertirlos en una bomba cultural. En I Want Your Sex, esas provocaciones entran en una cultura que ya vio todo en internet. El escándalo perdió exclusividad. La desnudez dejó de ser transgresora.

La Gen Z creció en un paisaje donde cualquier conducta puede quedar registrada, juzgada y convertida en prueba. El sexo circula por las pantallas como contenido permanente pero parecen tener cada vez más dificultades para tenerlo fuera de ellas. Las discusiones sobre consentimiento y objetivación son necesarias, pero la película detecta otra clase de consecuencia: cuando toda experiencia erótica es examinada antes de ser vivida, el sexo empieza a parecer una actividad de riesgo.

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Cooper Hoffman como Elliot en I Want Your Sex

I Want: Your Sex: Gregg Araki contra la nueva moral sexual

En I Want Your Sex hay un ménage à trois fallido, BDSM, cuerpos desnudos, juguetes sexuales y chistes obscenos, pero la transgresión está en otra parte: un hombre de 62 años intentando defender el derecho de una generación más joven a equivocarse sexualmente.

Araki, veterano de una época que entendía el sexo como forma de rebeldía política, no vuelve para decir que antes todo era mejor: intenta tender un puente hacia una generación que aprendió a hablar de sexualidad en términos de trauma, consentimiento y vigilancia mutua.

I Want Your Sex es una película sobre el deseo, pero también sobre la nostalgia de una época en la que desear todavía podía sentirse peligroso. Entre Erika y Elliot el sexo sigue vivo, convertido en mercancía, amenaza, juego, trabajo y problema moral. Y la rebeldía cotiza mejor cuando está muerta.

Tráiler de la película:

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Sebastián Valle

Sebastián Valle es Licenciado en Periodismo (TEA y Universidad CAECE). Vive en Buenos Aires. Trabaja en el área cultural desde 2007. Publicó en medios nacionales como Página/12 y en medios independientes como Mutis x el Foro, Zona 11, Pulp Fiction Cine y Revista Hush. Es crítico de cine y televisión y director editorial de Plano Americano. Alumno de toda la vida de Tom Wolfe, Martín Caparrós y J. Hoberman. Tiene la sospechosa capacidad de citar a Borges aunque esté escribiendo un artículo sobre Emily en París. Contacto: sebastianvalle@planoamericano.com

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