Crítica ¿Está Funcionando Esto?: Separarse para existir

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En ¿Está Funcionando Esto?, Bradley Cooper convierte el divorcio en autoconocimiento y retrata a una pareja que descubre que separarse puede ser una forma de volver a existir.

En ¿Está Funcionando Esto? (Is This Thing On?), Bradley Cooper filma un divorcio como si separarse no fuera perder algo sino recuperarlo. Alex y Tess Novak llevan veinte años en los que convirtieron en la versión de sí mismos que el otro necesitaba. Y veinte años de rutina no se borran con una decisión: se arrastran como un fantasma que todavía no sabe que está muerto. La película comienza con dos personas que saben que el divorcio es menos la ruptura de un vínculo que el colapso de una ficción compartida.

Durante años, Alex y Tess actuaron el papel de “matrimonio funcional”. Y la pareja, cuando funciona bien, borra. Borra individualidades, borra pasados, borra futuros que no incluyen al otro. Alex y Tess se adaptaron tanto al rol que el otro les dio que olvidaron que alguna vez fueron otra cosa. El divorcio no los separa: los devuelve a sí mismos. Alex (Will Arnett), profesional acomodado, deriva hacia el stand-up casi por accidente; Tess (Laura Dern), ex atleta de alto rendimiento, empieza a interrogar la renuncia silenciosa que convirtió su vocación en un recuerdo.

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Will Arnett como Alex Novak en ¿Está Funcionando Esto?

¿Está Funcionando Esto?: Divorcio civilizado, identidad y reinvención

¿Está Funcionando Esto? es una comedia-drama sobre un divorcio entre dos personas que descubren que separarse es básicamente un proyecto de autoconocimiento. ¿Qué funciona? ¿El deseo? ¿El matrimonio? ¿La identidad que uno ensayó durante veinte años y ahora ya no sirve? La película no se organiza alrededor de una separación sino alrededor de esa interferencia: el instante en que la vida que parecía estable empieza a emitir una estática que nadie puede seguir ignorando.

¿Qué significa que un hombre en crisis encuentre su voz justo cuando deja de ser esposo? ¿Hay en ese despertar una liberación o una forma sofisticada de narcisismo? Will Arnett construye a Alex desde el vacío hacia la sustancia. Al principio es un hombre que existe solo en relación a otros: padre de sus hijos, ex marido de Tess, hijo de sus padres. Cuando sube al escenario del Comedy Cellar por segunda, tercera, cuarta vez, algo empieza a formarse: una voz , un ritmo, una forma de estar en el mundo. Alex no se transforma: se recuerda.

Tess, por su parte, encarna otra forma de silencio. Si Alex habla para existir, ella ha existido demasiado tiempo sin hablar. Ella lidia con su propia cuenta pendiente. Dejó el voleibol olímpico para criar a sus hijos y esa renuncia la persigue. Laura Dern la interpreta como alguien que pasó dos décadas siendo útil y olvidó cómo desear. La película sugiere que ciertas decisiones no se toman: se sedimentan. Y cuando uno intenta removerlas, descubre que han moldeado el carácter.

Cuando vuelve al voleibol como entrenadora, es el reconocimiento de que hubo una versión de ella que no necesitaba justificar su existencia siendo necesaria para otros. Tess no solo dejó el deporte por amor sino porque el amor le dio una excusa para no seguir compitiendo consigo misma.

El elenco secundario existe para decorar el paisaje emocional de los protagonistas. Bradley Cooper se da a sí mismo el papel de Balls, el amigo actor fracasado, y lo interpreta como un looser profesional: siempre drogado, siempre diciendo la cosa correcta con el timing equivocado, siempre incapaz de reconocer su fracaso. Christine Ebersole y Ciarán Hinds como los padres de Alex tienen dos escenas donde demuestran que llevan décadas casados y sobrevivieron porque aprendieron a tolerar más de lo que no soportan.

El grupo de amigos, los padres, las conversaciones aparentemente triviales funcionan como coro social. Todos hablan el idioma de la terapia, de la empatía, del “darse espacio”. Pero bajo esa superficie civilizada late una ansiedad más primitiva: el miedo a que cualquier pareja sea provisional. Cada divorcio ajeno es una grieta en la propia estabilidad.

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Bradley Cooper como Balls en ¿Está Funcionando Esto?

¿Está Funcionando Esto?: Bradley Cooper y el escenario como laboratorio del yo

La película tiene una idea clara sobre qué es el divorcio para cierta clase media alta norteamericana: una transición administrada con cuidado, sin drama público, con espacio para que cada uno encuentre su nuevo yo mientras los hijos van y vienen en horarios coordinados. Alex y Tess no se gritan, no se traicionan, no compiten por los niños. Se agotan educadamente. Cooper filma esa educación como si documentara un ritual de una tribu urbana específica: la de los matrimonios que no mueren en confrontaciones directas sino en la acumulación de pequeñas distancias.

¿Está Funcionando Esto? es contemporánea en su forma de pensar la adultez. No como culminación sino como ensayo permanente. Nadie termina de convertirse en lo que prometía ser. La identidad es un borrador que se corrige sobre la marcha. En ese sentido, la película dialoga con una tradición de relatos sobre la reinvención tardía, pero evita la épica. Aquí no hay genios ocultos ni talentos deslumbrantes esperando su momento; hay pequeñas mejoras, avances mínimos, fracasos asumidos.

Si en otras películas de Cooper el espectáculo era el centro gravitacional –la música, la celebridad, el escenario–, aquí el espectáculo es íntimo. No tiene la ambición técnica de Maestro ni el poder mítico de A Star is Born pero tiene algo que las otras dos no: la convicción de que las personas pueden cambiar sin romperse, y que a veces el final de algo es el principio de otra cosa que estaba esperando del otro lado.

Al final, la pregunta del título ya no suena técnica sino existencial. A veces amar es saber retirarse. A veces hablar en voz alta es el único modo de escuchar lo que uno llevaba años callando.

Tráiler de la película:

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