Wicked 2: El cameo de Dorothy, el final explicado y lo que cambia del musical

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Wicked 2 reconstruye el final del musical y presenta una versión más amplia del desenlace, con eventos que conectan el relato de Elphaba con la llegada de Dorothy.

El final de Wicked 2 (Wicked: For Good) funciona como una corrección silenciosa: la película avanza sobre el segundo acto del musical, pero lo abre, lo acomoda, lo despliega como si reescribiera las mismas escenas desde otro punto del mapa. Todo empieza antes del cameo de Dorothy –siempre de espaldas–, cuando Glinda (Ariana Grande) y Elphaba (Cynthia Erivo) ya saben que lo que viene no es la reconciliación sino la forma en que van a sostener una relación que nunca termina de romperse.

La llegada de Dorothy no altera el centro del relato. Es una presencia que activa lo inevitable: la caída de su casa de Kansas, la muerte de Nessarose, el conflicto que arrastra a Elphaba hacia un punto donde ya no puede elegir. Wicked 2 decide no mostrarle la cara porque está ahí para que el conflicto suceda, no para reclamar un lugar que no le corresponde. Es el puente entre los dos relatos: el que termina el musical y el que empieza en El Mago de Oz. La película la mantiene como figura lateral para proteger el eje central, que sigue siendo la relación entre la Bruja Buena y la Malvada Bruja del Oeste.

El cambio real aparece más adelante, cuando Wicked 2 se anima a mover una pieza del musical de Broadway: después de la supuesta muerte de Elphaba, la obra dejaba a Glinda sola, creyendo que había perdido todo. El cierre que propone Wicked 2 agrega una señal mínima: las páginas del Libro de Hechizos que se agitan como si respondieran a algo que todavía existe aunque no lo podamos ver.

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Cynthia Erivo como Elphaba en Wicked: For Good

Wicked 2 y la reescritura del final del musical

Wicked 2 arranca donde terminó la primera parte: Elphaba es la Bruja Malvada del Oeste, fugitiva perseguida por el régimen del Mago. Glinda es Glinda la Buena, la cara bonita del sistema, la que sonríe para las cámaras mientras el Mago de Oz (Jeff Goldblum) miente sobre todo. Pero las dos siguen siendo amigas en secreto. Hasta que Glinda descubre que Fiyero, su prometido, el Capitán de la Guardia del Mago, está enamorado de Elphaba. Y Elphaba de él.

El musical de Broadway, con Kristin Chenoweth e Idina Menzel en los roles originales, contaba esta historia en un segundo acto de aproximadamente una hora. Chu la estira, la expande, le agrega dos canciones nuevas, una escena de boda dramática, flashbacks. Pero sobre todo le agrega violencia: la violencia de ver cómo Nessarose (Marissa Bode), la hermana menor de Elphaba, muere aplastada por la casa de Dorothy. No es un accidente: es un asesinato planificado.

Glinda le sugiere a Madame Morrible (Michelle Yeoh) que usen el amor de Elphaba por su hermana para tenderle una trampa. Pero Morrible va más allá: convoca un tornado con su magia meteorológica y hace caer la casa de Dorothy contra Nessarose. Así comienzan a cruzarse las dos líneas temporales: la de Wicked 2 y la de El Mago de Oz. El musical siempre jugó con esa superposición, pero la película la hace explícita, literal, visual.

Elphaba cae en la trampa, va a Munchkinland a buscar los zapatos encantados de su hermana, pero Glinda ya se los regaló a Dorothy. Pelean. Llegan los guardias del Mago. Fiyero (Jonathan Bailey) las salva, permite que Elphaba escape, lo capturan. Elphaba sabe que lo van a torturar, entonces le lanza un hechizo para hacerlo impermeable al dolor. Pero algo sale mal y Fiyero se convierte en el Espantapájaros.

Boq (Ethan Slater), el chico enamorado de Glinda que termina con Nessarose, sufre peor: un hechizo de amor encoge su corazón, Elphaba intenta salvarlo y lo transforma en el Hombre de Hojalata.

Glinda empieza a entender. Madame Morrible mató a Nessarose. El Mago es un fraude. Toda su vida pública es mentira. Corre al castillo de Kiamo Ko, la fortaleza de la familia de Fiyero donde Elphaba se esconde. Llega antes que la turba enfurecida. Se reconcilian. Lloran. Elphaba le dice que se oculte mientras se entrega. Entonces Dorothy arroja el agua. Elphaba se derrite. O eso parece.

Acá viene el momento clave, el que Wicked 2 reproduce la puesta en escena del musical: Glinda observa desde detrás de un armario mientras la silueta de Dorothy lanza el balde. Solo queda el sombrero de Elphaba y una botella de elixir verde que perteneció a su madre.

Glinda vuelve a la Ciudad Esmeralda convertida en otra. Le muestra la botella al Mago, le revela que es el padre de Elphaba –el elixir lo prueba– y lo echa de Oz antes de exponer sus mentiras. Hace arrestar a Madame Morrible. Se convierte en la líder de facto de Oz. Libera a los animales perseguidos. Promete honrar el legado de Elphaba.

Pero Elphaba no está muerta. Había una trampa en el piso. Se escondió. Esperó. Escapó con Fiyero a las tierras más allá de Oz. En el musical de Broadway, la historia termina con Glinda convencida de que perdió a las dos personas más importantes de su vida, cargando con la culpa de su complicidad. Es un final amargo, adulto, donde el bien que hace Glinda no borra el daño que causó.

Wicked 2 toma esa misma escena –el agua, la trampa en el piso, el sombrero en el piso–, pero la desplaza hacia otro lugar. Glinda está en el balcón más alto del Palacio Real, donde decidió guardar el Grimorio, el libro de hechizos que solo Elphaba podía leer. De pronto, las páginas del libro se agitan. Una onda de magia llega desde las tierras lejanas. Glinda entiende: Elphaba vive. O tal vez el libro responde a Glinda, que finalmente decidió hacer el bien de verdad y ahora puede acceder a la magia.

Es el giro final de la película, el que no está en Broadway. Un momento agridulce agregado. Chu decidió darle a Glinda algo de consuelo, una señal, una esperanza. Decidió que el castigo completo era demasiado.

Antes de los créditos finales de Wicked 2 hay un montaje de la amistad entre las brujas. Una imagen revisita una escena de la primera película, pero desde otro ángulo: Glinda le susurra algo a Elphaba, que responde con una sonrisa. Es la recreación del póster original de Wicked en Broadway, el que todavía cuelga fuera del Teatro Gershwin, el que aparece en los programas de la obra.

Qué le dice Glinda nunca se sabrá. Pero la imagen captura todo: la amistad no contada de las Brujas de Oz, el secreto que sostiene toda la historia, el vínculo que sobrevive a la traición, a la muerte fingida, a los hechizos y las mentiras y los zapatos plateados de una chica de Kansas que solo quería volver a casa.

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EL Hombre de Hojalata, Dorothy, El Espantapájaros y el León en el final de Wicked 2

El cameo de Dorothy en Wicked 2

Jon M. Chu tenía un problema: cómo mostrar a Dorothy en Wicked 2 sin que se comiera la película. Porque Dorothy es Dorothy, la del vestido de cuadritos y los zapatos rojos, la que todos conocen, la que Judy Garland convirtió en icono en 1939. El dilema era real: si la mostrás, el público va a compararla con Garland. Si la hacés muy presente, se convierte en protagonista. Si la ignorás, traicionás la historia.

Entonces Chu eligió una solución intermedia, casi fantasmal: Dorothy nunca muestra su cara. La cámara la sigue desde atrás durante toda la película. Cuando camina por el sendero amarillo, cuando llega al castillo, cuando arroja el agua sobre Elphaba: siempre de espaldas, siempre en ángulos que ocultan su rostro. La interpretan Bethany Weaver, actriz británica de treinta años, pero podría ser cualquiera. Es Dorothy y no es Dorothy. Es la idea de Dorothy.

La decisión convierte a Dorothy en un dispositivo narrativo más que en un personaje. Está más presente en Wicked 2 que en el musical de Broadway –donde apenas se menciona– pero sin tomar protagonismo. El foco sigue siendo Elphaba y Glinda. Dorothy es el peón en medio de la partida, la pieza que mueven otros: el Mago, Madame Morrible, el sistema entero de Oz que la usa para eliminar a la disidente más peligrosa del reino.

La película muestra su llegada exactamente como en El Mago de Oz de 1939: la casa de Kansas aterriza sobre Nessarose, la Bruja Malvada del Este, hermana de Elphaba. Solo que acá sabemos lo que Dorothy no sabe: que ese tornado no fue un accidente meteorológico, sino un asesinato planificado por Madame Morrible. Dorothy sale de la casa, solo se ven sus piernas y sus zapatos, y pisa el camino amarillo sin idea de que es el arma involuntaria de un régimen totalitario.

El detalle de los zapatos es revelador: Dorothy no usa los rojos icónicos de la película de 1939, sino plateados. Es un guiño a la novela original de L. Frank Baum de 1900, donde eran “unas botitas plateadas raras”. Paul Tazewell, el diseñador de vestuario de Wicked 2, recupera ese detalle literario y de paso conecta con toda una tradición de zapatos mágicos: Cenicienta y su zapatilla de cristal, el fetiche del calzado como puerta de entrada a otros mundos. Los zapatos rojos fueron invención de Hollywood para lucirse en Technicolor. Acá vuelven a su origen.

Dorothy viaja con el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León Cobarde hacia la Ciudad Esmeralda. Chu aprovecha para mostrar el origen de esos personajes desde la perspectiva de Wicked 2: son víctimas de los hechizos de Elphaba, transformaciones accidentales o desesperadas. Fiyero se convierte en el Espantapájaros cuando Elphaba intenta salvarlo de la tortura. Boq termina como el Hombre de Hojalata después de que Nessarose lance un hechizo de amor que sale mal. Son daños colaterales de una guerra que Dorothy no entiende. Ella solo quiere el cerebro, el corazón, el coraje y volver a casa. No sabe que está en medio de una tragedia política.

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Cynthia Erivo y Ariana Grande en el final de Wicked 2

Lo que cambia Wicked 2 respecto al musical

Las diferencias con el musical son varias, pero no funcionan como correcciones ni como añadidos destinados a “actualizar” la historia. Funcionan como movimientos que reordenan la escena sin cambiar su estructura.

La transformación de Boq

La película muestra el hechizo fallido de Nessarose, la intervención de Elphaba y el origen del Hombre de Hojalata con una claridad más directa que la obra. En el musical, esa secuencia está más comprimida. Wicked 2 le da espacio para que el error, la intervención y el resultado final se vean en continuidad.

Fiyero y el espantapájaros

Elphaba intenta salvar a Fiyero (Jonathan Bailey) antes de que los guardias lo torturen. Usa un hechizo para que no sienta dolor. El conjuro falla. En lugar de volverlo resistente, transforma su cuerpo y lo convierte en el Espantapájaros.

Glinda y el poder

El musical dejaba su ascenso como un hecho. La película lo convierte en una acción. Ella expulsa al Mago, encarcela a Morrible y toma el control del estado. No como consagración moral, sino como efecto. Ese enfoque más administrativo define el tono: no es triunfo, es trabajo.

La señal final del Libro de Hechizos

Es el único cambio que sí altera la lectura. No cambia la trama, pero sí lo que queda después. Glinda sigue sin ver a Elphaba. Pero la película le permite intuir que no todo terminó. Es un gesto pequeño, que no promete nada. Pero abre un margen que el musical mantenía cerrado.

La posición de Dorothy

El musical nunca necesitó esconder su rostro. Wicked 2 lo hace para preservar la centralidad del vínculo entre Glinda y Elphaba. Ese movimiento evita que la historia se convierta en una competencia entre mitologías. Dorothy está donde tiene que estar: cerca y lejos al mismo tiempo.

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