The Bride!: La Novia de Frankenstein y la historia detrás de la película de Maggie Hyllenhal

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Noventa años después de su primera aparición, The Bride! trae de regreso a la Novia de Frankenstein. De Elsa Lanchester a Jessie Buckley, esta es la historia del personaje más colonizado del cine de terror.

La historia de The Bride! y la Novia de Frankenstein es la historia de un malentendido secular. En la novela de Mary Shelley de 1818, el monstruo le exige a su creador una compañera. Debe ser mujer porque necesita que sea sumisa. Debe ser desdichada para que no pueda escapar hacia una vida mejor. Debe ser “deforme y horrible” como él para que no pueda rechazarlo.

Victor, por lucidez o cobardía, destruye ese segundo proyecto antes de terminarlo. Teme que ella tenga voluntad propia, que no quiera a la criatura, que prefiera la soledad o, peor aún, que decida reproducirse y crear una prole de monstruos. Esa interrupción fue, durante décadas, la única definición de la Novia de Frankenstein: una potencia anulada, una idea que quedó suspendida en el aire de la novela.

Y entonces, The Bride! (La Novia!), la película con la que Maggie Gyllenhaal responde a una pregunta que la cultura llevaba más de doscientos años sin responder: ¿qué pensaba la Novia de Frankenstein? En el Chicago de los años 30, un cadáver se levanta para descubrir que no es la musa de nadie ni el accesorio emocional de un monstruo cansado. Es una mujer en blanco que, al no tener memoria, se vuelve peligrosa porque no tiene prejuicios. Gyllenhaal filma la biología de la rebelión: ese instante preciso en que la criatura entiende que su cuerpo es lo único que le queda.

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Elsa Lanchester en La Novia de Frankenstein de James Whale

La Novia de Frankenstein en el cine: El mapa de una ausencia

La Novia de Frankenstein (1935): El icono mudo

Pero antes de llegar a The Bride!, Hollywood se encargó de completar la historia de la Novia de Frankenstein con iconografía y silencio. En la película de James Whale de 1935 era un diseño perfecto, una silueta de peluquería eléctrica que con un grito rechazaba al ser para el que había sido creada, antes de que la criatura anunciara que ambos pertenecían a la muerte y destruyera el laboratorio con ellos adentro.

Y sin embargo, ese fantasma breve y mudo generó 90 años de reinterpretaciones, homenajes, parodias y versiones de clase B donde la mujer reanimada era una Frankenhooker o una esposa doméstica con el peinado de rayo. En todas ellas, la mirada era externa. El deseo era el del creador o el del monstruo; ella era apenas la mercancía inorgánica de un proyecto masculino.

Y Frankenstein Creó a la Mujer (1967): La Novia transgénero

En los años 60s, la productora británica Hammer tomó el personaje de Frankenstein y lo convirtió en un protagonista amoral. En Y Frankenstein Creó a la Mujer (1967), Victor trasplanta el cerebro de un hombre ejecutado injustamente al cuerpo de su amante, que se había suicidado de desesperación. Un alma masculina en un cuerpo femenino, una simbiosis de dolor donde la resurrección no traía paz sino una amnesia cargada de violencia personal.

Carne Para Frankenstein (1973): Fascismo sádico

El extremo opuesto lo representa Carne Para Frankenstein de Andy Warhol –escrita y dirigida por Paul Morrissey–, donde la criatura femenina es un instrumento de la eugenesia fascista del Barón y un objeto de mutilación para su gratificación. La política está ahí, explícita y brutal, pero la Novia sigue siendo pasiva, sigue siendo un medio para los fines de otro. La provocación no alcanza para devolverle la voz.

Penny Dreadful (2014-2016): La Novia inmigrante

En Penny Dreadful, la serie de Showtime, la Novia es Brónagh Croft, una inmigrante irlandesa y trabajadora sexual que muere de tuberculosis y es resucitada como “Lily” Frankenstein, decide que ya ha servido a suficientes hombres y que su inmortalidad le pertenece solo a ella. Es quizás la versión televisiva más consciente del problema estructural del personaje: una mujer que toma el control no de su historia –que le fue robada– sino de su futuro. La Novia de Frankenstein moderna ya no huye de su fealdad; huye de la lógica de propiedad que la trajo al mundo.

Pobres Criaturas (2023): El diablo en el cuerpo

Luego llegó Bella Baxter. En Pobres Criaturas, Yorgos Lanthimos y Emma Stone prendieron fuego el canon victoriano para mostrar la versión más radical de los últimos años. Bella, una embarazada suicida que revive con el cerebro de su hijo, no tiene tabúes porque no tiene pasado. No es violenta ni vengativa: aprende el lenguaje, el sexo y la política con el entusiasmo de quien no conoce la culpa ni el decoro. Su arco termina en en una especie de paraíso improbable donde ni su pasado ni su condición de mujer victoriana dictan cómo va a vivir.

Pobres Criaturas funcionó porque Lanthimos eligió una sola cosa y la llevó hasta el hueso: el hambre. Bella Baxter no es una metáfora del patriarcado ni un manifiesto sobre la autonomía corporal. Es una mujer que quiere. Quiere saber, quiere tocar, quiere entender dónde termina ella y dónde empieza el mundo. Eso es suficiente. Eso es todo. La Novia más libre de la historia del género no tiene mensaje. Tiene deseo.

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Jessie Buckley como La Novia en The Bride!

The Bride! (2026): La Novia se rebela

The Bride! de Maggie Gyllenhaal se sitúa en esa misma línea de fuego, pero con una suciedad distinta. Aquí, Mary Shelley no es solo la autora; es un fantasma que toma posesión del relato para decir lo que el siglo XIX no le permitió escribir. Jessie Buckley interpreta a las tres –a la escritora, a la muerta y a la Novia de Frankenstein– porque todas comparten la misma condena.

Gyllenhaal quiso construir una Novia que fuera todo a la vez: amnésica y vengadora, superviviente y posesa, punk y romántica. Porque la trampa de la Novia no es que sea difícil de escribir. Es que es demasiado fácil de llenar. El vacío que dejó Shelley, que amplió Whale, que 90 años de cine no terminaron de resolver, es tan grande que cualquier cosa cabe adentro. Empoderamiento femenino. Comentario sobre el consentimiento. Tragedia gótica. Una historia de amor entre dos inadaptados en el Chicago de los años 30.

La Novia de Frankenstein no tiene texto de origen que defender ni interpretación canónica que respetar. Tiene un peinado, una silueta y diez minutos de miedo sin destino. Cada intento de construirla desde adentro terminó revelando más sobre quien la construye. Eso no es su debilidad. Es su trampa. Y también, todavía, su promesa.

Hoy, la Novia de Frankenstein ya no es una aparición breve en el laboratorio de otro. La historia finalmente se cuenta desde la perspectiva del creado, no del creador, recuperando esa furia que el siglo XIX no podía tolerar. Al final, el ruido y el desorden de The Bride! es la respuesta necesaria a dos siglos de silencio obligatorio.

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