El estreno de la nueva adaptación cinematográfica de Cumbres Borrascosas, dirigida por Emerald Fennell, vuelve a poner en primer plano una pregunta que acompaña a la novela de Emily Brontë desde 1847: ¿es una historia de amor absoluto o el retrato de una devastación moral sin redención? La película, protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, no solo reactiva la vigencia del clásico gótico, sino que reabre sus zonas más incómodas sobre la violencia, el deseo y la clase.
La nueva película de Cumbres Borrascosas transforma una novela narrada a través de voces parciales en una experiencia cinematográfica directa, física y emocional. Allí donde Brontë construía un artefacto literario sobre la memoria, la manipulación y la herencia del resentimiento, Fennell opta por concentrarse en la intensidad romántica entre Catherine y Heathcliff. Y en ese desplazamiento se juegan las diferencias más profundas entre el texto y su relectura contemporánea.

Cumbres Borrascosas: De la novela de Emily Brontë a la película de Emerald Fennell
Cumbres Borrascosas –la única novela de Brontë, publicada bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell– no es simplemente una historia de amor trágico sino una maquinaria narrativa compleja, construida sobre voces superpuestas, prejuicios sociales y una violencia que se hereda como una maldición. La pasión entre Catherine Earnshaw y Heathcliff es el núcleo del relato, pero su sentido se completa recién cuando la segunda generación (los hijos) transforma la venganza en posibilidad de redención.
Brontë estructura la novela a través de narradores poco fiables: el señor Lockwood, visitante externo, y Nelly Dean, criada y testigo privilegiada. Esa mediación vuelve ambigua cualquier certeza moral. Heathcliff puede ser víctima racializada y sujeto humillado, pero también verdugo implacable. Catherine puede ser espíritu ingobernable o agente de su propia destrucción.
La película altera ese dispositivo. Cumbres Borrascosas 2026 simplifica la arquitectura narrativa en favor de una experiencia emocional directa. Lockwood desaparece, Nelly deja de organizar el pasado como relato, y la historia ya no llega filtrada por memorias parciales sino por la inmediatez de los cuerpos y el deseo.
El pasaje de la novela a la película implica entonces un cambio de eje: de la ambigüedad moral al énfasis romántico; de la genealogía del rencor a la intensidad de una relación absoluta. En Cumbres Borrascosas, la violencia es estructural y se transmite como herencia. En la versión de Fennell, en cambio, la tragedia se concentra casi exclusivamente en la pareja central, recortando la dimensión social y temporal que hacía del texto de Brontë algo más que un drama pasional.
El resultado es menos una traición al argumento que una relectura que transforma el sentido. Allí donde la novela construía un sistema cerrado sobre el resentimiento y la clase, la película convierte Cumbres Borrascosas en un relato de amor extremo, físico y contemporáneo.

Heathcliff: Raza, clase y transformación del personaje en la película
En la novela, Heathcliff es descrito como “oscuro”, “gitano”, incluso “lascar”. Su origen es deliberadamente ambiguo, pero su condición de otro es central: su diferencia racial y cultural legitima el desprecio que recibe. Cumbres Borrascosas 2026 elimina esa dimensión. El Heathcliff de Elordi no está marcado por una alteridad racial sino por su origen social: es un huérfano encontrado en Liverpool, analfabeto, intruso de clase.
Al desplazar la cuestión racial hacia la diferencia económica, la película actualiza el conflicto pero también pierde una capa decisiva de ambigüedad histórica. En Brontë, el racismo es parte constitutiva del orden social que produce al monstruo; en Fennell, la marginalidad es más abstracta, menos política.
También hay una reformulación etaria. Catherine, que en la novela muere a los 18 años, aparece en pantalla ya adulta. La decisión atenúa el carácter adolescente, casi infantil, de su capricho trágico y la convierte en una mujer consciente de sus elecciones, aunque igualmente obsesiva.
La segunda generación: Por qué la película elimina la mitad de la novela
La diferencia estructural más radical es la eliminación de la segunda mitad del libro. Fennell detiene la historia en la muerte de Catherine. No hay hijos que encarnen la prolongación del odio, ni matrimonio forzado entre primos, ni posibilidad de redención final.
En la novela, Heathcliff se convierte en un tirano doméstico que reproduce el sufrimiento que padeció. Su crueldad con Hareton, Linton y la joven Catherine revela la dimensión sistémica del rencor. Sin ese tramo, el Heathcliff cinematográfico conserva una aura romántica que el texto original destruye deliberadamente. La película clausura el relato en clave de tragedia amorosa; la novela lo expande hacia una genealogía del resentimiento.

Erotismo explícito vs. pasión verbal
Brontë escribió en un contexto victoriano donde el sexo no podía nombrarse. La intensidad erótica se desplaza entonces al lenguaje: insultos, confesiones, abrazos frenéticos. La escena del reencuentro antes de la muerte de Catherine es devastadora precisamente porque la pasión es verbal, casi mística.
Fennell opta por lo contrario: sexo, encuentros clandestinos, lluvia, cuerpos embarrados. El deseo deja de ser metáfora para volverse imagen. El resultado es coherente con la filmografía previa de la directora, pero altera la naturaleza del vínculo. En la novela, la unión entre Catherine y Heathcliff es ontológica (“yo soy Heathcliff”); en la película, es primordialmente carnal. La espiritualidad enfermiza del texto se transforma en pulsión física.

Nelly y la cuestión del villano
Uno de los movimientos más interesantes de Cumbres Borrascosas 2026 es la reformulación de Nelly. Si en la novela su fiabilidad está en discusión, aquí su intervención es directa y decisiva en los malentendidos que precipitan la tragedia. Al enfatizar su resentimiento y su injerencia, la película desplaza parcialmente la responsabilidad.
El efecto colateral es que Heathcliff queda suavizado. Sin la segunda generación que evidencie su sadismo, y con Isabella presentada como partícipe voluntaria de una dinámica sadomasoquista, su figura se vuelve menos monstruosa. El gran villano de Brontë –el hombre que convierte el dolor en programa de destrucción– es reemplazado por un amante desbordado.

¿Es fiel la película a Cumbres Borrascosas? Claves para entender la adaptación
La discusión en torno a la nueva adaptación de Cumbres Borrascosas confirma algo que la propia novela anticipaba: cada lector (y ahora cada espectador) construye su relato. Fennell no traiciona tanto a Brontë como decide leerla desde un registro contemporáneo, más corporal que narrativo, más emocional que estructural.
El problema no es la libertad sino la consecuencia. Al suprimir la complejidad formal y la dimensión genealógica de la violencia, la película convierte una tragedia social y moral en una historia de amor absoluto. Puede ser una experiencia intensa, incluso fascinante. Pero ya no es la maquinaria gótica y ambigua que Emily Brontë diseñó. Es otra cosa: una apropiación apasionada de un texto que, casi dos siglos después, sigue resistiéndose a cualquier intento de domesticación.




