Catherine O’Hara murió a los 71 años y dejó una carrera que es difícil de encasillar porque nunca fue exactamente una estrella de cine ni exactamente una actriz de televisión ni exactamente una comediante de sketch aunque fue todas esas cosas al mismo tiempo y las hizo mejor que la mayoría de sus contemporáneos.
Vino del SCTV, ese programa de comedia canadiense de los setenta donde se formaron talentos como John Candy, Eugene Levy y Martin Short, y pasó cuatro décadas construyendo personajes memorables en películas de Christopher Guest, en comedias de Tim Burton, en largometrajes olvidables que solo funcionaban cuando ella aparecía en pantalla.
Ganó dos Emmys –uno en 1982 por escribir sketches en SCTV, otro en 2020 por interpretar a Moira Rose en Schitt’s Creek– y fue nominada a un Globo de Oro por su trabajo en El Estudio, la serie de Seth Rogen donde interpretaba a una ejecutiva de Hollywood con ese timing cómico que parecía natural pero que era producto de décadas de oficio.
Lo raro de Catherine O’Hara es que siempre fue mejor que el material con el que trabajaba. Hay películas enteras que solo funcionan porque ella está ahí haciendo su cosa, convirtiendo líneas mediocres en momentos memorables, encontrando capas de humanidad en personajes que en el guion son solo arquetipos.
No fue una actriz vanidosa –aceptó papeles secundarios durante toda su carrera sin quejarse, trabajó en comedias familiares que ganaban fortunas en taquilla pero que la crítica ignoraba, nunca exigió ser el centro de atención– y esa falta de ego tal vez le costó el reconocimiento que merecía durante décadas hasta que Schitt’s Creek la convirtió en estrella a los 60 años.
Lo que sigue no es una lista exhaustiva sino un recorrido por las películas donde Catherine O’Hara demostró que podía hacer comedia física, drama contenido, improvisación brillante, y todo eso sin perder nunca esa cualidad indefinible que tienen los grandes actores de comedia: la capacidad de ser graciosa sin pedir permiso para serlo.

Las mejores películas de Catherine O’Hara
Beetlejuice (1988)
Delia Deetz es una escultora neoyorquina insoportable que se muda con su esposo y su hijastra a una casa de campo en Connecticut y decide redecorarlo todo con una estética posmoderna que destruye cualquier vestigio de encanto. Catherine O’Hara la interpreta como si fuera una performance artística andante, con ese acento afectado que usa la gente que quiere parecer sofisticada y solo logra parecer ridícula, con gestos exagerados que convierten cada escena doméstica en un número de comedia física.
Tim Burton la filmó como si fuera un personaje de dibujos animados –y O’Hara actuó exactamente eso–pero le dio suficiente humanidad para que Delia no fuera solo una caricatura sino una mujer genuinamente convencida de su propio genio artístico. La escena donde Delia y los otros invitados quedan poseídos durante la cena y bailan “Day-O” de Harry Belafonte es puro caos coreografiado, y O’Hara se entrega completamente al absurdo sin romper nunca el tono.
Burton entendió algo que otros directores tardarían años en descubrir: que O’Hara podía hacer comedia amplia sin caer en la bufonada, que su instinto para el timing era tan preciso que podía jugar al borde del ridículo sin cruzar nunca la línea.
Beetlejuice fue un éxito comercial que convirtió a Michael Keaton en estrella y a Winona Ryder en ícono adolescente, pero Catherine O’Hara era la que sostenía la película cada vez que aparecía en pantalla con su energía nerviosa y su capacidad para hacer que líneas ordinarias sonaran hilarantes solo por la forma en que las pronunciaba. Cuando Burton hizo la secuela treinta y seis años después la llamó de nuevo porque sabía que sin Delia Deetz algo esencial faltaría.
Mi Pobre Angelito (1990)
Kate McCallister es una madre que olvida a su hijo de 8 años en casa cuando viaja a París para Navidad y pasa el resto de la película tratando de volver desesperadamente mientras Kevin se defiende de dos ladrones incompetentes. Catherine O’Hara convierte lo que podría haber sido un papel unidimensional –la madre culpable– en algo más complejo: una mujer que se da cuenta de que cometió el peor error posible y que no puede perdonarse a sí misma hasta que recupere a su hijo.
La escena donde se despierta en París y grita “¡Kevin!” es icónica no solo porque Macaulay Culkin se convirtió en la mayor estrella infantil de los noventa sino porque Catherine O’Hara la actúa con una desesperación genuina que hace que todo lo que viene después –las escenas de comedia donde Kevin pone trampas a los ladrones– funcione porque sabemos que hay una madre sufriendo en algún lugar.
Chris Columbus dirigió Mi Pobre Angelito (Home Alone) como una comedia familiar eficiente y la película ganó cientos de millones en taquilla, pero O’Hara es la que le da peso emocional. Su travesía desde París hasta Chicago es una serie de humillaciones y frustraciones filmadas con el ritmo de una comedia screwball de los 40s, y Catherine O’Hara actúa cada escena como si fuera lo más importante del mundo: negociando con agentes de aerolíneas, rogando por un asiento en cualquier vuelo, aceptando viajar en una camioneta con una banda de polka porque es la única opción disponible.
John Candy aparece brevemente como el líder de esa banda y tiene una escena con Catherine O’Hara donde hablan sobre ser padres imperfectos, y en esos cinco minutos hay más honestidad emocional que en toda la película junta. Macaulay Culkin recordaría décadas después que O’Hara todavía lo llama “hijo” cuando se cruzan, y esa anécdota dice todo sobre cómo ella se tomaba en serio incluso los papeles en comedias familiares que otros actores habrían tratado como trabajos alimenticios.
El Extraño Mundo de Jack (1993)
En El Extraño Mundo de Jack (The Nightmare Before Christmas), Catherine O’Hara puso la voz de Sally, la creación de trapo del científico loco que está enamorada de Jack Skellington, el rey de Halloween Town que decide secuestrar la Navidad. Tim Burton produjo y diseñó esta película de stop-motion que Henry Selick dirigió, y O’Hara le dio a Sally una voz que es al mismo tiempo dulce y melancólica, la voz de alguien que está atrapado en una vida que no eligió y que sueña con algo mejor.
Sally canta una canción –Sally’s Song– donde expresa su amor no correspondido por Jack, y O’Hara la interpreta con una fragilidad que convierte un momento que podría haber sido cursi en algo genuinamente emotivo. El trabajo de voz en animación es difícil porque no hay rostro ni cuerpo que ayuden a comunicar la emoción, solo la voz y lo que se puede hacer con ella, y Catherine O’Hara demuestra que entiende ese medio perfectamente.
Sally no es solo la novia pasiva que espera que el héroe la note: es el personaje más inteligente de la película, la que ve venir el desastre antes que nadie y la que finalmente salva el día. Burton trabajaría con Catherine O’Hara en varias ocasiones más –Frankenweenie, las dos Beetlejuice–porque entendía que su capacidad para encontrar humanidad en personajes excéntricos era exactamente lo que sus universos necesitaban.
El Extraño Mundo de Jack se convirtió en película de culto y en fenómeno comercial que sigue vendiendo mercancía treinta años después, y parte de eso se debe a que Sally funciona no como objeto decorativo sino como personaje con agencia propia, y eso se debe enteramente a la forma en que Catherine O’Hara le dio voz.
El Perro Ganador (2000)
Christopher Guest dirigió El Perro Ganador (Best in Show), un falso documental sobre dueños de perros que compiten en un concurso canino, y Catherine O’Hara interpreta a Cookie Fleck, una mujer con un pasado sexual escandaloso que ahora está casada con un tipo bueno que vende cañas de pescar.
Cookie nunca se disculpa por su historia: menciona casualmente que se ha acostado con prácticamente todos los hombres que se cruzan durante el viaje al concurso, y lo hace con una alegría que desarma cualquier juicio moral.
Guest filmó casi toda la película improvisada –había un guion de estructura pero los diálogos los inventaban los actores– y Catherine O’Hara demuestra por qué era una de las mejores improvisadoras que salieron del SCTV. Cada línea suena espontánea pero está perfectamente calibrada para obtener la risa máxima, y su química con Eugene Levy –su compañero desde los días de Second City– funciona porque ambos entienden que la comedia improvisada necesita escucha activa, que los mejores chistes surgen de reaccionar honestamente a lo que el otro dice en lugar de esperar el turno para soltar la línea preparada.
La escena donde Cookie se encuentra con todos sus ex amantes en el hotel y su esposo tiene que soportar la humillación pública es incómoda y graciosa y triste al mismo tiempo, y O’Hara encuentra el tono exacto para que Cookie sea patética sin dejar de ser adorable. Guest la volvió a llamar para Músicos Grandiosos tres años después y para For Your Consideration en 2006 porque sabía que O’Hara entendía su método de trabajo mejor que nadie, que podía confiar en que ella encontraría el personaje incluso cuando el guion apenas daba indicaciones.
Músicos Grandiosos (2003)
En Músicos Grandiosos (A Mighty Wind), tres grupos de música folk de los sesenta se reúnen para un concierto tributo décadas después de sus días de gloria, y Catherine O’Hara interpreta a Mickey Crabbe, una cantante que formaba dúo con su entonces novio interpretado por Eugene Levy y que ahora está casada con otro hombre pero sigue arrastrando los sentimientos no resueltos de esa relación pasada.
Guest construyó la película como un falso documental sobre el folk revival y le dio a O’Hara y Levy el espacio para improvisar una historia de amor fracturado que funciona porque ambos actúan como si estuvieran en un drama de John Cassavetes en lugar de en una comedia. La canción que cantan juntos al final –A Kiss at the End of the Rainbow– fue nominada al Oscar y funciona porque O’Hara y Levy la interpretan sin ironía, con una emoción genuina que convierte un momento que podría haber sido parodia en algo conmovedor.
Catherine O’Hara actúa toda la película en esa cuerda floja entre la comedia y el drama, encontrando la tristeza detrás de cada chiste, demostrando que los mejores comediantes son los que entienden que la risa y el llanto están separados por una línea muy delgada. Mickey es un personaje melancólico que vive en el pasado y O’Hara la interpreta sin juzgarla, con empatía pero también con humor, convirtiendo lo que podría haber sido una caricatura en una mujer real con deseos y arrepentimientos reales.
Cuando Guest dejó de hacer películas después de For Your Consideration fue una pérdida para el cine de comedia, pero sobre todo fue una pérdida para O’Hara, que en esas tres colaboraciones demostró un registro que pocas actrices de comedia tienen: la capacidad de improvisar con precisión, de ser graciosa sin esfuerzo, de encontrar humanidad en personajes absurdos.

Beetlejuice Beetlejuice (2024)
Treinta y seis años después del original, Burton volvió a llamarla para interpretar a Delia en la secuela, y Catherine O’Hara a los 70 años sigue haciendo exactamente lo mismo que hacía a los 34: convertir cada línea en un evento cómico, encontrar el ritmo perfecto para cada chiste, actuar con el cuerpo entero como si estuviera en un escenario de Broadway en lugar de en un set de cine.
En Beetlejuice Beetlejuice, Delia ahora es una artista exitosa que hace instalaciones sobre trauma y muerte, y O’Hara la interpreta con la misma convicción delirante que en la primera película. La escena donde Delia muere –atacada por serpientes venenosas en lo que ella cree que será una performance artística– es absurda y horrible y graciosa al mismo tiempo, y O’Hara la actúa confiando en que el absurdo funciona mejor cuando se toma en serio.
Burton la filma con el mismo afecto que en 1988, sabiendo que O’Hara entiende el tono de sus películas mejor que casi cualquier otro actor con el que haya trabajado. La secuela no alcanza la frescura del original pero O’Hara sigue siendo perfecta en cada escena, demostrando que el timing cómico no se pierde con la edad sino que se perfecciona.




