El final de la temporada 2 de Beef (Bronca) empieza con un hombre que despierta con una soga al cuello y termina con una bestia budista sosteniendo el universo entre sus garras. En el medio: ocho episodios de guerra de clases, extorsión y matrimonios en ruinas que terminan con esa imagen budista de la rueda del tiempo sostenida por un dios indiferente: el ciclo que vuelve a empezar.
Porque Beef 2 termina donde empezó, pero con los cuerpos más gastados y las ilusiones ya sin maquillaje. Lo que parecía una cadena de decisiones extremas era, en realidad, el funcionamiento normal del sistema.

El final de la temporada 2 de Beef: El sistema siempre gana
El final de Beef 2 arranca en oscuridad. Josh (Oscar Isaac) despierta con una soga al cuello. Uno de los sicarios de la Presidenta Park (Youn Yuh-jung) está leyendo una nota de suicidio falsa que planea plantar en su cuerpo para convertirlo en el chivo expiatorio de todo el esquema de lavado de dinero del country club. El andamio colapsa, Josh sobrevive por accidente y se lanza a buscar a Lindsay con el filo de un cuchillo robado y sin ningún plan concreto.
En Seúl, el Dr. Kim (Song Kang-ho) los reúne a todos –Lindsay (Carey Mulligan), Ashley (Cailee Spaeny), Austin (Charles Melton)– en los pasillos de la clínica Trochos para proponerles una alianza. Él sabe que el amor es una variable más del capitalismo, y que la Presidenta Park va a usarlo mientras le sea conveniente, de manera que decidió adelantarse: cooperar con las autoridades, entregarse por la muerte de un paciente. La barrera del idioma convierte la escena en una mezcla de thriller y comedia de enredos: el único término que entienden bien es “cena”, y asumen que los está invitando a comer una especie de gazpacho coreano.
Lo que sigue es una secuencia de acción filmada en plano secuencia que el creador de la serie, Lee Sung Jin, describió como “una pelea al estilo Oldboy con piel volando”. El Dr. Kim muere de un balazo en la cabeza, mientras Lindsay, Ashley y Austin escapan hacia la calle. Josh aparece agitando los brazos y llamando a Lindsay por su nombre, revelando la posición de todos a los hombres de Park.

Josh, Lindsay, Ashley y Austin: Sobrevivir cuando ya no queda margen
Capturados y separados en habitaciones contiguas, los cuatro personajes tienen las conversaciones más honestas de Beef 2. Josh y Lindsay, al borde del divorcio definitivo y sabiendo que probablemente Ashley y Austin van a traicionarlos para sobrevivir, se permiten un momento de calma extraña. Él le dice que escuchó en un podcast que la vida humana promedio dura 960 meses. Ella lo mira y responde: “Bueno, no lo desperdiciemos”. Es, en su registro bajo y cansado, el momento más tierno de toda la temporada: dos personas que se amaron mal y bien, reconociéndolo antes del hundimiento.
Ashley intenta convencer a Austin de quedarse con ella. Le dibuja un futuro –un hijo con su sonrisa, domingos con milanesas, un jardín–, y lo que la escena revela no es el amor de Ashley sino su miedo: lo que en apariencia es un gesto de intimidad es, en el fondo, una negociación. Austin le dice la verdad con una brutalidad que duele: ella no lo quiere a él, solo tiene terror de que la abandonen, como la abandonaron sus padres. “Todos actuamos a partir de algo que pasó antes”, le dice. Finalmente, Ashley le entrega el pendrive que había guardado todo el tiempo. Ella lo tenía. Siempre lo tuvo.
La decisión de Josh
Cuando ya no hay margen para negociar, lo único que queda es elegir a quién proteger. Josh pide ver a la Presidenta Park. Quiere confesar todo –cargar con la culpa de todo el esquema de lavado de dinero– a cambio de que dejen ir a Lindsay. Cuando lo dicen en voz alta, Lindsay grita desde el cuarto de al lado. Una lágrima le cae por la mejilla mientras los hombres de Park se lo llevan.
Es el momento en que Josh, el eterno facilitador, el tipo que pasó años haciendo sentir bien a otros para no tener que preguntarse cómo se sentía él, hace por primera vez algo genuinamente desinteresado. La Presidenta Park cree que nadie es capaz de anteponerse a otro: Josh, de todas las personas, le demuestra que está equivocada.
El pendrive y la sonrisa de Austin
Austin escapa por el techo. En un taxi rumbo a la comisaría, llama a Eunice y le dice que rompió con Ashley. Le dice que la ama. Ella hace una pausa. Después le dice que también. Él sonríe. Y entonces la sonrisa se cae.
Charles Melton hace en ese plano, sin una sola línea de diálogo, lo que la temporada 2 de Beef intenta decir. La pausa de Eunice abre la duda suficiente para que Austin vea lo que ya sospechaba: que eligió a alguien que no lo ama de la misma manera en que él necesita ser amado, de la misma manera en que eligió todo lo demás en su vida –el trabajo, el club, la asimilación cultural– por miedo a quedarse afuera.
Austin le da al taxista otra dirección. Le entrega el pendrive a la Presidenta Park. Elige lo conocido sobre lo verdadero. Lee Sung Jin dijo que cuando encontró esa toma en el montaje se llenó de alegría: era la temporada completa de Beef condensada en el arco de una expresión.

Por qué el final de la temporada 2 de Beef no ofrece salida
Ocho años después: Ashley está al micrófono. Es la nueva gerente general del club, agradece a los sponsors, habla de las abejas. Austin sostiene a su hijo Ashton. Troy y Ava aparecen en el estacionamiento y proponen una doble cita, las mismas palabras que le dijeron a Josh y Lindsay en el primer episodio. Todo migró un casillero a la derecha. En el auto, Ashley le pregunta a Austin qué le pasa. “Nada”, dice él, y arranca el motor.
Josh cumple su condena en prisión con la misma facilidad con que manejaba el club: repartiendo cigarrillos y caramelos, sonriendo, siendo útil para todos. Sabe que Lindsay se volvió a casar y se fue al campo. No pide su dirección. Lindsay lo ve en una entrevista televisiva post-liberación. Él mira a cámara un segundo –sabe que ella está mirando– y dice que está feliz de que todos los que quiere sean felices.
El final de Beef 2: Qué significa la rueda budista
La Presidenta Park, en el final de Beef, habla junto a la tumba de su primer marido sobre el ciclo de la vida. La cámara sube. Aparecen círculos concéntricos sobre el paisaje: cada pareja, cada vida, como cámaras separadas dentro de una arquitectura mayor. Más arriba: una bestia dibujada, con las garras extendidas, sosteniendo todos los círculos. Es una imagen tomada de las representaciones budistas e hinduistas del samsara –el ciclo de muerte y renacimiento– que Lee usó como metáfora final: ninguno de los personajes resuelve nada. La rueda simplemente sigue girando.
El final de la temporada 2 de Beef dice que las vidas de Josh, Lindsay, Ashley y Austin no son tragedias individuales sino posiciones dentro de un ciclo que existía antes de que ellos llegaran y que va a seguir después de que se vayan. El country club, como dice Lee Sung Jin, es el lugar donde “no importa cuánto trabajen los empleados, nunca van a ser miembros”. La bestia que sostiene los círculos no es malévola. Puede que sea, simplemente, la vida misma: lo suficientemente grande como para contener todo esto sin ninguna preferencia.
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