Stranger Things convierte su final en un fenómeno de taquilla

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El episodio final de Stranger Things recaudó más de 25 millones de dólares en cines sin vender entradas y reabrió el debate sobre el futuro de Netflix en salas.

El episodio final de Stranger Things no se limitó a despedir a una de las series más vistas de Netflix. También produjo un resultado inesperado en el terreno de la exhibición cinematográfica. Durante las funciones especiales de Año Nuevo, el evento generó más de 25 millones de dólares para las salas de cine de Estados Unidos, una cifra que, en algunos cálculos, podría acercarse a los 30 millones.

No hubo entradas tradicionales ni recaudación de taquilla en el sentido clásico. El modelo se basó en la venta obligatoria de vouchers de consumo, una solución contractual que permitió monetizar el evento sin activar el sistema habitual de reparto de ingresos. Aun así, el resultado colocó al final de Stranger Things en una conversación que hasta ahora parecía reservada a los grandes estrenos cinematográficos.

La comparación es elocuente. En el mismo período, Avatar 3 (Fuego y Cenizas), la película más taquillera de la temporada, recaudó 23,7 millones de dólares entre la noche de Año Nuevo y el Día de Año Nuevo. El episodio final de una serie de streaming, proyectado de forma excepcional, superó ese número en ingresos directos para las salas.

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Millie Bobby Brown como Eleven en el final de Stranger Things

Stranger Things y la recaudación récord sin venta de entradas

El evento se proyectó en más de 620 cines en todo el país y comenzó a las 17 horas del 31 de diciembre, extendiéndose durante todo el día siguiente. Dos días antes del estreno, los creadores de la serie anunciaron que se habían reservado 1,1 millones de asientos, una cifra que superó ampliamente las expectativas iniciales.

La clave del modelo fue el consumo. En lugar de entradas, los asistentes debían adquirir un crédito obligatorio para comida y bebida. En AMC, el principal circuito del país, ese voucher tuvo un valor de 20 dólares por persona. Otras cadenas, como Regal, optaron por precios más bajos, en algunos casos de 11 dólares, en referencia a Eleven, el personaje interpretado por Millie Bobby Brown.

AMC concentró 231 salas, algo más de un tercio del total, y recibió a 753.000 espectadores. Solo esa cadena generó más de 15 millones de dólares en dos días. Según estimaciones internas, más de la mitad del público que vio el final de Stranger Things en una sala lo hizo en un cine de AMC.

El dato relevante no es solo el volumen, sino la velocidad de respuesta. La demanda fue tan alta que el circuito amplió la cantidad de funciones de manera constante, hasta alcanzar una capacidad nueve veces mayor a la prevista originalmente. La gratuidad del acceso no redujo el ingreso total: lo desplazó hacia un rubro que queda íntegramente en manos de los exhibidores.

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El Abismo en el final de Stranger Things

El final de Stranger Things: Un experimento que desafía la lógica tradicional de taquilla

Desde el punto de vista contable, el caso plantea una anomalía. Netflix –que con Stranger Things ya generó más de 1000 millones de dólares en suscripciones desde 2020– no reporta ingresos de taquilla y las cadenas no compartieron oficialmente sus cifras de consumo. Sin embargo, tanto Variety como Deadline coinciden en una franja que va de los 25 a los 28 millones de dólares, con fuentes que sugieren un techo más alto.

No se trata de taquilla en sentido estricto. No hay reparto de ingresos con un estudio ni porcentaje por copia. Todo lo recaudado quedó en manos de las salas. Para la exhibición, fue un ingreso limpio en un contexto todavía frágil: 2025 cerró con una taquilla doméstica cercana a los 8.900 millones de dólares, lejos de los niveles previos a la pandemia.

El éxito del evento también reconfigura comparaciones recientes. El antecedente inmediato es KPop Demon Hunters, otro título de Netflix proyectado en salas, que generó 19 millones de dólares en un fin de semana y le dio al streamer su primer liderazgo simbólico en la taquilla. El final de Stranger Things superó ese registro, aunque fuera de un fin de semana tradicional.

La diferencia no es menor. Mientras KPop Demon Hunters se acercó más a una lógica de estreno limitado, Stranger Things fue concebido como un evento puntual, ligado a una fecha específica y a una experiencia colectiva que no reemplaza al visionado doméstico, sino que lo complementa.

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Jamie Campbell Bower como Vecna en el final de Stranger Things

Netflix, las salas y un vínculo en revisión

El resultado llega en un momento sensible para la industria. Netflix mantiene una relación tensa con los exhibidores, marcada por la reducción de ventanas teatrales y por la resistencia histórica del streamer a estrenos tradicionales. La situación se volvió más compleja tras el avance de su acuerdo para adquirir Warner Bros., que implicará compromisos contractuales con cineastas y socios industriales.

En ese contexto, el final de Stranger Things funcionó como un gesto. Un experimento que beneficia a las salas sin alterar la prioridad del estreno en streaming. El propio Ted Sarandos, codirector ejecutivo de Netflix, había defendido en el pasado ventanas reducidas, cercanas a los 17 días, una postura que genera inquietud en cadenas como AMC, que reclaman un mínimo de 45 días.

Tras el éxito del evento, el discurso comenzó a matizarse. AMC confirmó que ya existen conversaciones activas para llevar más contenidos de Netflix a sus pantallas. El comunicado de su CEO, Adam Aron, fue explícito: la colaboración fue fluida, rentable y dejó abierta la puerta a nuevos proyectos conjuntos a partir de 2026.

El dato no es menor si se considera que dos tercios de los miembros del programa de fidelidad de AMC también son suscriptores de Netflix. El público, en este caso, no eligió entre una pantalla y otra. Las utilizó de manera complementaria.

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Sadie Sink como Max en la temporada 5 de Stranger Things

El final de Stranger Things reordena el mapa del negocio

El final de Stranger Things no redefine por sí solo el modelo de distribución, pero introduce una variable que ya no puede ignorarse. Un episodio de televisión, proyectado de forma limitada, fue capaz de generar ingresos comparables a los de un estreno cinematográfico de alto perfil en una fecha clave del calendario.

Para las salas, fue un alivio tardío de Navidad. Para Netflix, una prueba controlada de hasta dónde puede estirar su relación con la exhibición sin ceder el control de su estrategia principal. Para la industria, un recordatorio de que la experiencia colectiva sigue teniendo valor económico, incluso cuando el contenido nace pensado para el streaming.

El Upside Down se despidió en una pantalla grande, rodeado de baldes de pochoclo y bebidas, y dejó una cifra que obliga a repensar categorías. No fue taquilla en el sentido clásico, pero sí fue dinero real circulando por las salas en un momento en el que escasea.

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