20 años de V de Venganza: La máscara que el mundo no pudo quitarse

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A veinte años de su estreno, V de Venganza ya no se ve como una distopía sino como una teoría sobre el siglo XXI: Estados que gobiernan a través del miedo, medios que escriben la realidad y la política que adopta la forma del espectáculo.

A 20 años de su estreno, V de Venganza dejó de ser una distopía y se convirtió en un manual de instrucciones que el mundo siguió al pie de la letra. Si en 2006 se leyó como una parábola de la era Bush –un gobierno fascista, medios de comunicación que moldean la verdad, una policía secreta que hace desaparecer disidentes–, dos décadas después parece menos una metáfora de hacia dónde nos dirigimos que una representación de donde ya estamos.

La historia es conocida: un hombre enmascarado, heredero de Guy Fawkes, decide dinamitar el orden político británico para devolverle al pueblo algo parecido a la libertad. Pero lo que la película mostró –y por eso sobrevive– es que el poder moderno no se sostiene solo con policía y armas, sino con relato, con pantallas, con miedo administrado. Porque el fascismo siempre comienza con un burgués asustado.

Pero V de Venganza no fue solo una película: fue un artefacto cultural que terminó de devorar a sus creadores. El director James McTeigue habla hoy con la calma de quien ya no necesita defenderla. Nacido en Australia, llegó a V de Venganza después de haber trabajado como asistente de dirección en la trilogía Matrix y en las precuelas de Star Wars. Las Wachowski le regalaron el cómic por su cumpleaños y le preguntaron: “¿crees que podamos convertir esto en una gran película?”.

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La máscara de la subversión: V de Venganza de Alan Moore

V de Venganza: Alan Moore contra Hollywood

Filmar V de Venganza implicaba, necesariamente, tropezar con el silencio –o el ruido– de Alan Moore. El autor, conocido por su desprecio hacia las adaptaciones de su obra, no hizo una excepción. McTeigue lo buscó y la respuesta fue un muro de hostilidad británica. “No quería tener nada que ver con la película. Fue muy despectivo con nosotros”. Moore, en su papel de anarquista inflexible, dejó una sentencia que McTeigue recuerda con una mezcla de respeto y resignación: “No tengo control sobre esto. No confío en que ustedes hagan nada bueno, pero no puedo detenerlos”.

Mientras el autor original desconfiaba, el gran capital de Warner Bros. dio libertad creativa. En una industria que hoy funciona como departamento de recursos humanos del sistema –ya no hay futuro, pero hay contenidos; ya no hay justicia, pero hay representación; ya no hay distribución de la riqueza, pero hay diversidad–, V de Venganza tuvo una independencia inédita: el éxito previo de las Wachowski permitió Warner permitiera que se filmara una película donde el héroe es, bajo cualquier definición técnica del Estado, un terrorista.

Moore nunca perdonó la adaptación: él concibió la historia como una advertencia contra la Gran Bretaña de Margaret Thatcher y las Wachowski la convirtieron en una distopía pop del autoritarismo norteamericano de los años 2000. Pero ese desplazamiento le dio a la película una plasticidad política que se adapta a cada época, con la máscara de Guy Fawkes convertida en el símbolo de una resistencia anónima y popular.

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Alan Moore

Hugo Weaving y la política de la máscara

El rodaje de V de Venganza fue una batalla técnica y humana. A seis semanas de haber comenzado, McTeigue despidió a su protagonista, James Purefoy. “Simplemente no encajaba bien debajo de la máscara.” explicó el director en una entrevista a The Wrap. “Creo que si vas a estar detrás de una máscara, realmente tienes que aceptarlo. Él estaba luchando con eso: le estaban quitando su cara”.

Entonces apareció Hugo Weaving. Mientras Purefoy sentía la máscara como una celda, Weaving la vio como la posibilidad de ser otro. Weaving le dio al personaje una voz que parecía venir de un sótano olvidado de la historia. “Hugo entró y dijo: ‘Sí, me anoto. Quiero estar detrás de una máscara’. Él la aceptó. Eso cambió las cosas”.

A su lado, una Natalie Portman encarnaba a Evey, la mujer que es rescatada y, a la vez, radicalizada. Donde Moore escribía una larga discusión sobre el anarquismo, los Wachowski y McTeigue construyeron una historia de iniciación: la mujer que aprende a perder el miedo. Porque en el centro de V de Venganza no está V. Está Evey. La película recorre la pedagogía del terror: primero el miedo, después la pérdida, después la libertad, que se alcanza cuando ya no queda nada que perder.

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Hugo Weaving como V en V de Venganza (2005)

20 años de V de Venganza: Distopía británica, pesadilla global

Para Mc Teigue, el mundo empezó a parecerse demasiado a esa Gran Bretaña ultra-conservadora de la película: “Empresas de medios que controlan la narrativa política, un estado de vigilancia donde el pensamiento libre se desalienta o criminaliza… esto es ahora nuestra vida cotidiana”. En el momento de su estreno, el mundo estaba obsesionado con el terrorismo. Hoy el mundo vive bajo vigilancia, desinformación y polarización política.

Pero V de Venganza parece menos interesada en la anarquía que en la escenografía del poder. La película es menos un manifiesto sobre cómo derribar un régimen que sobre cómo sobre desmontar su teatro. Sobre la política como puesta en escena permanente.

Porque el poder y el terrorismo utilizan las mismas herramientas –miedo, espectáculo, propaganda– y la diferencia entre uno y otro depende de quién cuenta la historia. El terrorismo de V, en ese sentido, es un contra espectáculo. Fuegos artificiales, música clásica, discursos barrocos. V no quiere solamente destruir el Parlamento: quiere dirigir la escena final de un país.

V de Venganza anticipó el uso de la iconografía como arma de protesta. La máscara de Guy Fawkes salió del cómic, pasó por la película y terminó en las calles: Occupy Wall Street, Anonymous, la Primavera Árabe. McTeigue lo resume con una frase que parece escrita por el propio V: una vez que una obra sale al mundo, ya no se puede controlar cómo la gente la usa. Lo importante es que la cultura entienda qué significa esa imagen y por qué sigue viva.

20 años de V de Venganza: ¿Qué significa hoy V?

El 5 de noviembre de 2026, en cines de toda Norteamérica, la máscara blanca volverá a las pantallas grandes. Fathom Entertainment lo anunció con una frase que, sin proponérselo, tiene el cinismo de un réquiem post ideológico: para celebrar el espíritu revolucionario y el legado perdurable de uno de los thrillers políticos más poderosos del siglo XXI.

Mientras el Superman de James Gun te pide que te portes bien y dice que la bondad es el nuevo punk, HBO y DC Studios preparan una serie de V de Venganza. Dos visiones incompatibles para una realidad deforme. Gaza, Ucrania, Yemen, Irán, el ICE de Donald Trump: el fascismo ahora se mide en hashtags. McTeigue se mantiene escéptico. Para él, la película tiene una “cualidad atemporal” que la protege. “¿Qué sentido tendría volver a filmar lo que ya estamos viviendo?”.

Como dice Žižek, hoy es más fácil imaginar el fin del mundo que el inicio de una revolución. Por eso, la respuesta no está en un guion de Hollywood, sino en cualquier calle donde alguien, cansado de ser vigilado, empobrecido, discriminado, decida ponerse una máscara y sonreír frente a la cámara de seguridad.

Mirá el tráiler de los 20 años de V de Venganza a continuación:

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