The Six Billion Dollar Man llega para reorganizar la discusión pública sobre Julian Assange. El documental de Eugene Jarecki evita la épica y trabaja sobre un terreno más inestable: qué implica que un Estado dedique recursos extraordinarios para neutralizar a quien expone su conducta. La película, que pasó por Cannes antes de su lanzamiento comercial en Estados Unidos, presenta nuevas evidencias que obligan a revisar los hechos centrales del caso Assange.
En tiempos en los que el acceso a la información se disputa en múltiples frentes, la figura de Julian Assange vuelve a escena sin los contornos distorsionados del juicio mediático. Jarecki se apoya en testimonios directos, documentos y entrevistas que buscan mostrar cómo se construyó un proceso que costó seis mil millones de dólares a los Estados Unidos.
El resultado es The Six Billion Dollar Man, un retrato donde se cruzan decisiones políticas, operaciones de inteligencia, fugas internas y una persecución sostenida durante quince años. El documental aparece mientras Assange recupera la libertad tras un acuerdo con la justicia norteamericana, lo que amplifica el interés por entender ese recorrido.

The Six Billion Dollar Man y las nuevas piezas del caso Assange
Eugene Jarecki arma la narración con un método sencillo: ordenar la información dispersa y ubicarse a distancia de la versión oficial. The Six Billion Dollar Man recupera episodios conocidos –la publicación del video Collateral Murder, la presión diplomática, las acusaciones cruzadas– pero incorpora material que los vuelve a poner en tensión. Entre ellos, un conjunto de documentos que, según el director, revelan el nivel de recursos volcados para desarticular a Wikileaks y a su fundador.
The Six Billion Dollar Man presenta entrevistas que funcionan como contrapeso del relato dominante. Edward Snowden aparece con un testimonio que evita el tono de proclama y se mantiene en el análisis: explica cómo operan los mecanismos que castigan la filtración de información sobre operaciones militares y de inteligencia. Naomi Klein, Pamela Anderson, Daniel Ellsberg y el exmandatario Rafael Correa suman miradas que no siempre coinciden entre sí, pero que permiten reconstruir las capas políticas del conflicto.
El caso de Sigurdur Thordarson ocupa un espacio central. The Six Billion Dollar Man muestra su paso de colaborador adolescente de Wikileaks a una de las principales fuentes de acusaciones contra Assange. Jarecki presenta este cambio sin especulación dramática: se limita a seguir los documentos y los testimonios. Lo mismo ocurre con el seguimiento de las maniobras judiciales en EE.UU. y en el Reino Unido, desde las audiencias de extradición hasta la permanencia de Assange en la prisión de Belmarsh.
El documental evita los atajos. No intenta convertir a Assange en símbolo abstracto de la libertad. Lo coloca en un sistema donde cierta información –la de la real politik, no esa cosa filtrada por los grandes medios que responden a intereses políticos y económicos– es una amenaza para los gobiernos, y donde la respuesta estatal puede alcanzar dimensiones excepcionales. Ese enfoque hace que The Six Billion Dollar Man funcione también como una radiografía del vínculo contemporáneo entre periodismo, seguridad nacional y política exterior.
15 años del caso Assanges: Antecedentes, alianzas y fracturas
El caso Assange no puede entenderse sin volver a los primeros años de Wikileaks. The Six Billion Dollar Man retoma ese punto para mostrar cómo la organización pasó de ser un proyecto marginal de publicación de documentos a un actor incómodo para las potencias occidentales. La difusión del material sobre Irak y Afganistán marcó un cambio inmediato en las relaciones internacionales. No por su impacto en la opinión pública, sino por la forma en que expuso la infraestructura militar norteamericana.
Esa etapa inicial también explica las alianzas y rupturas posteriores. Los vínculos con medios tradicionales, las tensiones internas y la competencia entre filtradores y periodistas condicionaron la ruta de Wikileaks. El documental revisa esa historia sin nostalgia. Prefiere mostrar el modo en que la estructura terminó aislada, enfrentada a gobiernos que buscaron sanciones ejemplares contra Assange.
The Six Billion Dollar Man incorpora otro elemento relevante: el costo humano del encierro prolongado. La estadía en la embajada de Ecuador en Londres, el cambio de postura del gobierno de ese país y la posterior detención en el Reino Unido aparecen reconstruidos desde documentos y entrevistas. La presencia de Stella Assange ofrece la dimensión personal del proceso: el desgaste físico, las restricciones de comunicación y las maniobras diplomáticas que redefinieron el futuro del fundador de Wikileaks.
El acuerdo con Estados Unidos, que implicó admitir un cargo bajo la Ley de Espionaje a cambio de su liberación, funciona como una escena final dentro de una trama más larga. No se presenta como solución, sino como un episodio que muestra la asimetría del proceso: diecisiete cargos se descartaron, pero el mensaje político quedó intacto. Para los gobiernos involucrados, la filtración de información clasificada sigue siendo un delito ejemplar; para Jarecki, un síntoma del deterioro en el acceso público a datos sobre la acción estatal.
The Six Billion Dollar Man: Producción, enfoque y el lugar del documental en la discusión pública
La construcción de The Six Billion Dollar Man puede leerse también como una intervención en el debate sobre los límites de la información pública. Jarecki, conocido por documentales sobre el sistema penal y la intervención militar estadounidense, sostiene aquí una línea similar: examina el poder desde sus mecanismos menos visibles. No recurre al montaje frenético ni a la retórica solemne. Prefiere un ritmo sostenido, basado en archivos y entrevistas extensas.
La elección de testimonios busca mostrar la complejidad del conflicto. Daniel Ellsberg, una figura clave en la historia de las filtraciones –responsable de los Papeles del Pentágono–, incorpora experiencia histórica. Snowden aporta el marco técnico de la vigilancia estatal. Naomi Klein ofrece un análisis político sin estridencias. Cada uno aparece con un rol definido, sin la búsqueda de unanimidad.
La producción, encabezada por Kathleen Fournier y el propio Jarecki, avanza sobre un terreno minado: documentos que comprometen a instituciones, testimonios de diplomáticos y la participación de actores con posiciones contrapuestas. Esa diversidad refuerza el carácter investigativo del film. No intenta ordenar el caso en un relato único, sino exponer cómo se construyó la persecución y cuáles fueron sus consecuencias.
The Six Billion Dollar Man también destaca por su reconstrucción del gasto estatal. Los “seis mil millones” mencionados por Jarecki no funcionan como cifra espectacular, sino como síntoma del tipo de respuesta que generó Wikileaks. Esa información no es menor: muestra el nivel de recursos que un Estado puede movilizar para controlar la circulación de archivos que comprometen su actuación.
En ese sentido, The Six Billion Dollar Man se inscribe en una tradición de cine político que examina decisiones institucionales a lo largo del tiempo. Evita la acumulación de adjetivos y la épica de resistencia. Se concentra en cómo se arma un caso judicial, cómo se reescribe un expediente y cómo se usa la estructura del Estado para marcar los límites de la divulgación.
The Six Billion Dollar Man llega, además, en un contexto particular: la liberación de Assange reabre discusiones sobre privacidad, transparencia y seguridad nacional. Jarecki no ofrece respuestas cerradas. Propone una lectura donde los hechos recuperan su complejidad y donde el espectador debe evaluar las decisiones de los gobiernos involucrados. Esa apertura es uno de los rasgos más sólidos del documental.
Mirá el tráiler a continuación:



