Las canciones de The Rolling Stones en el cine: La banda sonora del apocalipsis

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Adrenalina, culpa y excesos a veinticuatro cuadros por segundo. Un repaso por las películas que utilizaron las canciones de The Rolling Stones como la la banda sonora del fin del mundo.

El cine utiliza las canciones de The Rolling Stones como un pacto de peligro. Cuando es parte de un soundtrack, la banda altera el ADN de las películas con un sonido que invoca una mitología violenta, hedonista y profundamente amoral. Si The Beatles construyeron el marco teórico del pop como una utopía colectiva, los Stones se encargaron de musicalizar el subsuelo: la paranoia del adicto, la arrogancia del gángster, el sudor frío del soldado que sabe que no va a volver a casa.

Con el cine, The Rolling Stones terminaron generando una de las biografías paralelas más fascinantes de la cultura rock. Documentales salvajes, conciertos filmados, biopics laterales, experimentos contraculturales, películas protagonizadas por Mick Jagger, apariciones de Keith Richards convertidas en reliquias culturales y canciones absorbidas por el cine moderno construyeron, con el tiempo, un archivo audiovisual completo alrededor de la banda.

Analizar la relación entre The Rolling Stones y el cine es hacer un inventario de las obsesiones de seis décadas de canciones escritas desde el borde, con una mezcla de blues, amenaza y elegancia que se convirtieron en un vocabulario visual propio. De las junglas psicodélicas de Vietnam a los pasillos de la mafia neoyorquina, la música de la banda es el cronómetro de una bomba de tiempo que activa la sospecha de que alguien va a terminar la noche en la comisaría o en una morgue.

Mick Jagger y Keith Richards son los grandes compositores invisibles de la historia del cine. A lo largo de más de medio siglo, distintos directores utilizaron a The Rolling Stones para representar la euforia, la paranoia, el deseo, la decadencia y la libertad. Y en ese intercambio permanente entre música e imágenes, la banda terminó construyendo una segunda vida: no solo como uno de los grupos más importantes de la historia del rock, sino como una de las presencias sonoras más influyentes de la historia del séptimo arte.

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Robert De Niro como Johnny Boy en Mean Street de Martin Scorsese

Las canciones de The Rolling Stones en películas

Jumpin’ Jack Flash en Calles Salvajes (1973)

La entrada de Johnny Boy (Robert De Niro) al bar iluminado por un rojo infernal es el momento donde el cine criminal moderno descubrió su sistema nervioso. Acompañado por dos mujeres, con una sonrisa de demente que anticipa su propia destrucción, De Niro avanza al ritmo de Jumpin’ Jack Flash. Nací en un huracán de fuego cruzado. En Calles Salvajes (Mean Streets), la primera gran película de Martin Scorsese sobre el submundo mafioso de Nueva York, The Rolling Stones son la banda sonora de un hombre que va a arrastrar a todos a su alrededor.

Tell Me en Calles Salvajes (1973)

El humo de los cigarrillos flota pesado, casi sólido, entre los los vasos de whisky barato. En el escenario, una bailarina negra se mueve bajo los focos y Charlie (Harvey Keitel) la mira con una mezcla de deseo y culpa católica que lo quema por dentro.

De fondo empieza a sonar Tell Me, una de las baladas más tempranas y melancólicas de The Rolling Stones. El rasgueo acústico tiene una urgencia adolescente, un ruego de amor que en ese antro lleno de hombres peligrosos se siente tierno y desesperado. Scorsese filma el cuerpo y el pecado con la fascinación de quien sabe que el infierno se parece mucho a ese sótano de Nueva York, mientras Jagger canta sobre la distancia y el dolor de no poder tocar lo que uno quiere salvar.

(I Can’t Get No) Satisfaction en Apocalypse Now (1979)

Francis Ford Coppola usa el mayor éxito de The Rolling Stones para filmar el absurdo de la guerra. En una lancha que avanza por el río en medio de la jungla camboyana, jóvenes soldados bailan, hacen esquí acuático y fuman marihuana mientras la radio militar transmite (I Can’t Get No) Satisfaction.

Si Apocalypse Now es una experiencia sensorial cercana al delirio –con The End de The Doors marcando el tono y Ride of the Valkyries acompañando el ataque en helicóptero más famoso del cine bélico–, el hit de 1965 de The Rolling Stones funciona como un fragmento de normalidad pop trasplantado a la selva, que amplifica la desconexión total entre los adolescentes enviados a matar y los delirios geopolíticos de la Guerra Fría.

You Can’t Always Get What You Want en The Big Chill (1983)

En The Big Chill, Lawrence Kasdan utiliza el clásico del álbum Let It Bleed en la escena del funeral. Un grupo de ex militantes universitarios de los 70s se reúne para enterrar a un amigo que se suicidó. Mientras el órgano de la iglesia empieza a tocar los acordes, la frustración por los ideales juveniles perdidos y la resignación de la vida burguesa adulta se materializan en la pantalla. La canción de The Rolling Stones se convierte en el réquiem oficial de la generación del baby boom.

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The Rolling Stones: más de cien bandas sonoras de películas

Wild Horses en The Breakfast Club (1985)

Wild Horses es la canción de desamor más grande que escribieron The Rolling Stones. Dicen que fue Keith para Anita Pallenberg. Dicen que fue Jagger para Marianne Faithfull. Dicen que ambas cosas son ciertas. En The Breakfast Club, John Hughes la usa –en una versión de Sundays– para el momento en que los cinco estudiantes detenidos empiezan a entender que tienen más en común de lo que creían.

Jumpin’ Jack Flash en Jumpin’ Jack Flash (1986)

Whoopi Goldberg interpreta a una empleada bancaria que recibe un mensaje de auxilio en código de un espía británico atrapado en Europa. Jumpin’ Jack Flash se convierte en la clave para descifrar la comunicación y genera una escena donde la protagonista canta el tema frente al televisor, demostrando que la energía de The Rolling Stones también sirve para la comedia ligera y el carisma pop de la época.

Paint It, Black en Full Metal Jacket (1987)

Stanley Kubrick cierra su retrato desalmado de la Guerra de Vietnam con The Rolling Stones. Después de ver a los soldados marchar entre las ruinas en llamas de Hué cantando la canción de Mickey Mouse, el nihilismo de Paint It, Black retrata un mundo que perdió todo color, todo sentido.

El riff con el sitar de Brian Jones y la letra sobre el deseo de tapar el mundo de negro se vuelven la dedicatoria perfecta para una generación de jóvenes cuya humanidad fue prolijamente asesinada por la maquinaria militar. Paint It Black en Full Metal Jacket es más que una canción: es el ruido que hace un país cuando se destruye a sí mismo.

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Ray Liotta como Henry Hill en Buenos Muchachos de Martin Scorsese

Gimme Shelter en Buenos Muchachos (1990)

Gimme Shelter es el himno definitivo del desastre inminente. Scorsese utilizó la canción de The Rolling Stones para marcar el momento en que Henry Hill (Ray Liotta) deja de manejar su propia vida y empieza a ser manejado por la cocaína. La canción funciona como un aviso meteorológico, una tormenta que ya empezó y no se puede frenar: así suena el paraíso mafioso cinco minutos antes de transformarse en un infierno irreversible.

La voz de Merry Clayton gritando sobre la muerte a un disparo de distancia anuncia la caída libre hacia la traición y la paranoia. Helicópteros, cocaína, armas, salsa de tomate, llamadas telefónicas, negocios que salen mal. La película acelera hasta convertirse en una crisis de nervios y la canción acompaña como si fuera la banda sonora de un apocalipsis que ya comenzó.

Monkey Man en Buenos Muchachos (1990)

Además de Gimme Shelter, Buenos Muchachos incluye otro tema de The Rolling Stones que cumple una función casi idéntica: acompañar el delirio de un hombre que ya perdió el control. El ritmo quebrado de Monkey Man, publicada originalmente en Let It Bleed en 1969, aparece durante la larga secuencia final en la que Henry Hill maneja drogado, paranoico, tratando de esquivar helicópteros reales o ficticios.

El piano desquiciado de Nicky Hopkins, la voz primal de Mick Jagger y esa guitarra que entra y sale como si perdiera el equilibrio, replica el estado mental del personaje: el ritmo de un cerebro a punto de quebrarse por el consumo y el miedo a la cárcel.

Memo from Turner en Buenos Muchachos (1990)

La tercera canción vinculada a The Rolling Stones que aparece en Buenos Muchachos no es, técnicamente, una canción de la banda, sino un tema solista de Mick Jagger escrito para la película Performance (1970). Memo from Turner funciona en Buenos Muchachos como un eco dentro del eco: una canción sobre identidades que se disuelven, incrustada en una película sobre un hombre que empieza a perder la suya.

Es un tema sucio, denso y cínico que refuerza la atmósfera de encierro de un hombre que sabe que sus propios amigos están listos para matarlo.

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Keith Richards y las bandas sonoras de The Rolling Stones en el cine

Gimme Shelter en Casino (1995)

Cinco años después de Buenos Muchachos, Scorsese volvió a usar Gimme Shelter, esta vez para acompañar el desmoronamiento del imperio de Sam “Ace” Rothstein (Robert De Niro) en Casino.

En Las Vegas, la canción musicaliza una serie de ejecuciones mafiosas destinadas a borrar cabos sueltos. Mientras los cuerpos caen en agujeros en el desierto o reciben disparos a quemarropa en callejones, The Rolling Stones aportan una épica trágica. El tema convierte una limpieza interna de la mafia en el final de una era sangrienta. La misma canción que sirvió para retratar la locura individual de un adicto, esta vez funciona como el funeral colectivo de un imperio del juego.

Can’t You Hear Me Knockin’ en Casino (1995)

Dentro del catálogo de canciones de The Rolling Stones que atraviesan CasinoGimme Shelter, Sweet Virginia, Heart of Stone, Long Long While y hasta una versión de (I Can’t Get No) Satisfaction grabada por DevoCan’t You Hear Me Knockin’ es música como puro impulso rítmico para organizar imágenes.

La guitarra de Mick Taylor le da a Scorsese un tramo instrumental para trabajar el montaje de la escena donde Nicky Santoro (Joe Pesci) presenta su plantel de estafadores y conscriptos para crear sus negocios paralelos fuera del radar de Rothstein. Can’t You Hear Me Knockin’ retrata la fase en la que todo todavía funciona, cuando el dinero y el poder fluyen sin fricciones, antes de que la maquinaria empiece a fallar. El tema es una advertencia: el peligro golpea la puerta y no piensa esperar a que le abras.

Sympathy for the Devil en Entrevista con el Vampiro (1994)

Neil Jordan cerró su elegía gótica sobre la culpa y la inmortalidad con una provocación vudú. El cover de Sympathy for the Devil grabado por Guns N’ Roses electrifica el veneno del tema original para adaptarlo al cinismo del fin de siglo.

Mientras Lestat (Tom Cruise) cruza el puente de San Francisco, la canción opera como un manifiesto existencial. El mal dejó de ser una criatura con cuernos: ahora es un aristócrata seductor que toma el volante de la modernidad.

2000 Man en Bottle Rocket (1996)

Wes Anderson empezó su carrera con dos chicos que tenían la cabeza llena de planes inútiles y el corazón demasiado blando para el crimen. En su debut, la canción más extraña del disco psicodélico de The Rolling Stones acompaña la fuga torpe de un robo fallido. 2000 Man suena mientras el sol de Texas pega fuerte sobre el asfalto y Dignan corre de vuelta a la fábrica para rescatar a un viejo empleado, entregándose a la policía.

La guitarra acústica y el cambio de ritmo del tema revelan la melancolía detrás de un juego de niños. Estos delincuentes amateurs no quieren dinero; quieren que alguien los mire, quieren pertenecer a una época que los esquiva. El tema suena como una promesa rota del futuro cantada por hombres que ya sabían que el mañana iba a ser más áspero de lo que esperaban.

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MicK Jagger y las canciones de The Rolling Stones en películas

Start Me Up en The Fan (1996)

Tony Scott dirige este thriller sobre la obsesión enferma de un fanático de los deportes (Robert De Niro) con un jugador de béisbol (Wesley Snipes). El riff enérgico de Start Me Up –el tema que abre Tattoo You, el disco de dascartes de The Rolling Stones de 1981– suena para abrir la temporada en el estadio, explotando la adrenalina masiva del evento deportivo. Sin embargo, bajo la mirada del director, la euforia de la canción adquiere un pulso violento que anticipa el acoso y la locura criminal que vendrán después.

Time Is on My Side y Sympathy for the Devil en Poseídos (1998)

En este thriller policial fantástico, Denzel Washington persigue a un demonio que cambia de cuerpo con solo tocar a las personas. Azazel canta Time Is on My Side durante su propia ejecución, y esa misma melodía reaparece cada vez que el demonio salta de un cuerpo a otro, como una firma sonora de su inmortalidad.

Sympathy for the Devil cierra la película sobre los créditos finales, después de que Azazel escape una vez más poseyendo a un gato. La combinación de ambos temas de The Rolling Stones –uno sobre la persistencia en el tiempo, el otro sobre la seducción del mal– funciona casi como un resumen crítico del argumento completo de la película.

Wild Horses en El Ladrón de Orquídeas (2002)

En medio de la noche pantanosa de Florida, rodeados de mosquitos, plantas que crecen con la velocidad de una plaga y el olor a tierra podrida, dos hermanos gemelos comparten un momento de una fragilidad insoportable. Donald (Nicolas Cage), el hermano feliz e ingenuo, le habla a Charlie (Nicolas Cage) sobre el amor no correspondido, desnudando una verdad que duele: amar a alguien es una decisión propia, un calor que te pertenece y que nadie te puede quitar, aunque no te devuelvan nada.

Wild Horses aparece entonces en una versión despojada, acústica, que se mete debajo de la piel como el frío de la madrugada. La canción se vuelve un susurro en la oscuridad del pantano. Acompaña el sudor del miedo y la aceptación de la propia debilidad. En El Ladrón de Orquídeas (Adaptation) –la película de Spike Jones obsesionada con la dificultad de adaptar la realidad a una narrativa coherente–, The Rolling Stones anticipan la dificultad de conectar con otra persona en un mundo absurdo.

Miss You en Austin Powers: Goldmember (2002)

No todo en la relación entre The Rolling Stones y el cine es tragedia o violencia. Miss You, el single disco que abre Some Girls de 1978, musicaliza el viaje temporal del agente secreto interpretado por Mike Myers hacia los años 70.

Aunque la película se disfrace de comedia tonta y colores estridentes, la entrada al club Studio 69 nos devuelve el fantasma de los 70 en su versión más carnal. Miss You arranca con esa línea de bajo obscena, un latido diseñado para mover los cuerpos en una pista llena de gente desesperada por no volver sola a casa. Debajo de las plataformas y los trajes de terciopelo, el falsete de Jagger arrastra la mística del sudor, los baños llenos de cocaína y las luces giratorias que encandilan los ojos cansados.

Es el sonido de una década que se estaba despidiendo entre la fiebre de sábado por la noche y el vacío de la mañana siguiente, donde el sexo era la única forma de olvidar que afuera el mundo se estaba cayendo a pedazos.

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Jack Nicholson como Frank Costello en Los Infiltrados de Martin Scorsese

Gimme Shelter en Los Infiltrados (2006)

Gimme Shelter se convirtió en el idioma con el que el cine habla cuando quiere decir que el mundo está por terminar. Para cuando Scorsese la utilizó por tercera vez, en Los Infiltrados, la elección ya era casi firma. Suena sobre las imágenes de archivo de los disturbios raciales en Boston y los monólogos cínicos de Frank Costello (Jack Nicholson). Aquí, el tema evoca la inmoralidad del sistema y el nacimiento de un monstruo criminal. La tormenta que anunciaba la canción en los 60s se concreta en el asfalto de una ciudad a punto de prenderse fuego.

Let It Loose en Los Infiltrados (2006)

Billy Costigan (Leonardo DiCaprio) está sentado en la barra de un bar irlandés mugriento, con los nudillos lastimados y los ojos inyectados en sangre. El peso de llevar una doble vida lo está consumiendo vivo, convirtiéndolo en un animal acorralado que desconfía de su propia sombra.

De fondo suena Let It Loose, esa gema sucia grabada en el sótano húmedo de una mansión en Francia mientras The Rolling Stones se intoxicaban para sobrevivir al verano. El piano de iglesia y los vientos gastados acompañan el trago de alcohol que le quema la garganta a DiCaprio.

En medio de una película construida sobre la violencia entre policías infiltrados y mafiosos, The Rolling Stones introducen un momento de suspensión casi religiosa. La canción tiene una pesadez espiritual, un llanto de gospel arrastrado por el barro que retrata con la desesperación de un hombre que sabe que, tarde o temprano, la mentira se siempre llega a cobrar sus deudas con sangre.

Play With Fire en Viaje a Darjeeling (2007)

Tres hermanos viajan en un tren que huele a incienso, sudor y sedantes, tratando de escapar del fantasma de un padre muerto y de una madre que los abandonó en un convento de la India. Play With Fire entra con su clavecín frío, aristocrático y venenoso, flotando en el compartimento estrecho mientras ellos comparten un cigarrillo y se miran con la desconfianza de quienes comparten la misma sangre.

La voz de Mick Jagger suena casi distante, como un recuerdo que aparece cuando ya resulta imposible cambiar el pasado. The Rolling Stones hablan de diferencias sociales, deseo y desencanto, pero Anderson aprovecha su tono fantasmal y la advertencia de la letra –esa crueldad elegante dedicada a una chica rica que juega a los suburbios– se convierte en la pantalla en el retrato de tres huérfanos ricos y rotos.

Juegan con fuego porque es lo único que los mantiene calientes en medio de su propio desierto emocional. La música suena baja, casi como un susurro maligno que les recuerda que la riqueza material no los va a salvar de la locura hereditaria.

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Leonardo DiCaprio como Rick Dalton en Érase una Vez en Hollywood de Quentin Tarantino

Out of Time en Érase una vez en Hollywood (2019)

Quentin Tarantino llevaba décadas usando canciones como si estuviera reescribiendo el canon musical del cine. Out of Time, un tema relativamente secundario de The Rolling Stones, acompaña a Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) cuando aterriza de regreso de su exilio europeo, bajando del avión con Francesca en el brazo, mientras Cliff Booth (Brad Pitt) camina unos pasos por detrás cargando el equipaje como un fantasma fiel.

Es el regreso de un hombre que se siente derrotado antes de tiempo, un actor que vuelve con una esposa italiana y la certeza de que el Hollywood que conocía ya no tiene un lugar para él. La marimba fúnebre del tema funciona como una despedida prematura: la banda le canta a un mundo, a una juventud y a una época a la que se le está por acabar el tiempo esa misma noche.

Sweet Virginia en Knives Out (2019)

Sweet Virginia llega después de que Knives Out resolvió el misterio. La investigación terminó, las máscaras cayeron y la casa Thrombey quedó reducida a un campo de ruinas morales. El final de la película tiene el sabor dulce de una revancha silenciosa: Marta (Ana de Armas), la enfermera inmigrante, se para en el balcón con una taza de café caliente en las manos mientras abajo, los familiares desheredados la miran todo el resentimiento que cabe en una mirada.

En ese instante explota el saxofón de Bobby Keys en una canción que apesta a vino barato y mañanas de resaca en el sur profundo. Con Sweet Virginia, con su coro desprolijo y su ritmo de taberna borracha, The Rolling Stones festejan la derrota de la hipocresía burguesa.

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Sebastián Valle

Sebastián Valle es Licenciado en Periodismo (TEA y Universidad CAECE). Vive en Buenos Aires. Trabaja en el área cultural desde 2007. Publicó en medios nacionales como Página/12 y en medios independientes como Mutis x el Foro, Zona 11, Pulp Fiction Cine y Revista Hush. Es crítico de cine y televisión y director editorial de Plano Americano. Alumno de toda la vida de Tom Wolfe, Martín Caparrós y J. Hoberman. Tiene la sospechosa capacidad de citar a Borges aunque esté escribiendo un artículo sobre Emily en París. Contacto: sebastianvalle@planoamericano.com

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